¿Qué tratamos de realizar? Cambiar la organización social sobre la que reposa la prodigiosa estructura de la civilización, construida en el curso de siglos de conflictos en el seno de sistemas avejentados o moribundos, conflictos cuya salida fue la victoria de la civilización moderna sobre las condiciones naturales de vida.”

William Morris, ¿Dónde estamos?

Walter Benjamín, en su articulo Teorías del fascismo alemán, recuerda la frase aparentemente extemporánea de León Daudet, “el automóvil es la guerra”, para ilustrar el hecho de que los instrumentos técnicos, no encontrando en la vida de las gentes un hueco que justifique su necesidad, fuerzan esa justificación entrando a saco en ella. Si la realidad social no está madura para los avances técnicos que llaman a la puerta tanto peor para la realidad, porque será devastada por ellos. El resultado es que la sociedad entera queda transformada por la técnica como tras una güerra. Realmente, con sólo citar la gran cantidad de desplazamientos de la población, la enormidad de datos almacenados y procesados por la moderna tecnología de la información y el gran número de bajas por accidentes, suicidios o patologías contemporáneas, parece que una guerra, en absoluto fría, sucede a diario en los escenarios de la economía, de la política, o de la vida cotidiana. Una guerra en la que siempre se busca vencer gracias a la superioridad técnica en automóviles, en ordenadores, en biotecnologías… Por la propia naturaleza de la sociedad capitalista, los cada vez más poderosos medios técnicos no contribuyen de ningún modo a la cohesión social y al desarrollo personal, ya que la técnica sólo sirve para armar al bando ganador. Para Benjamin pues, y para nosotros, “toda guerra venidera será a la vez una rebelión de esclavos de la técnica”.

Los adelantos técnicos, son todo menos neutrales, en todo desarrollo de las fuerzas productivas debido a la innovación técnica siempre hay ganadores y perdedores. La técnica es instrumento y arma, por lo que beneficia a quienes mejor saben servirse de ella y mejor la sirven. Un espíritu critico heredero de Defoe y Swift, Samuel Butler, denunciaba el hecho en una utopía satírica. “…en esto consiste la astucia de las máquinas: sirven para poder dominar(…); hoy mismo las máquinas sólo sirven a condición de que las sirvan, e imponiendo ellas sus condiciones(…) ¿No queda manifiesto que las máquinas están ganando terreno cuando consideramos el creciente número de los que están sujetos a ellas como esclavos y de los que se dedican con toda el alma al progreso del reino mecánico?” (Erewhon o allende las montanas). La burguesia utilizó las máquinas y la organización “científica” del trabajo contra el proletariado. Las contradicciones de un sistema basado en la explotación del trabajo que, por un lado expulsaba a los trabajadores del proceso productivo y, por el otro, alejaba de la dirección de dicho proceso a los propietarios de los medios de producción, se superaron con la transformación de las clases sobre las que se asentaba, burgueses y proletarios. La técnica ha hecho posible un marco histórico nuevo, nuevas condiciones sociales ­las de un capitalismo sin capitalistas ni clase obrera­ que se presentan como condiciones de una organización social técnicamente necesaria. Como dijo Munford, “Nada de lo producido por la técuica es más definitivo que las necesidades y los intereses mismos que ha creado la técnica” (Técnica y civilización). La sociedad, una vez que ha aceptado la dinámica tecnológica se encuentra atrapada por ella. La técnica se ha apoderado del mundo y lo ha puesto a su servicio. En la técnica se revelan los nuevos intereses dominantes.

Cuando “la dominación de la naturaleza queda vinculada con la dominación de los hombres” (Herbert Marcuse, El Hombre Unidimensional), el discurso de la dominación ya no es político, es el discurso de la técnica. Busca legitimarse con el aumento de las fuerzas productivas que comporta el progreso tecnológico una vez que ha puesto a su servicio el conocimiento científico. El progreso cientificotécnico proporciona a los individuos una vida que se supone tranquila y cómoda y por eso es necesario y deseable. La técnica, que ahora se ha convertido en la ideología de la dominación, proporciona una explicación suficiente para la no libertad, para la incapacidad de los individuos de decidir sobre sus vidas: la ausencia de libertad implícita en el sometimiento a los imperativos técnicos es el precio necesario de la productividad y el confort, de la salud y el empleo. La idea del progreso era el núcleo del pensamiento dominante en el periodo de ascenso y desarrollo de la burguesía, progreso que pronto perdió su antiguo contenido moral y humanitario y fue identificado con el avance arrollador de la economía y con el desarrollo técnico que lo hacía posible. Efectivamente, los inventos técnicos y los descubrimientos científicos en el siglo XIX fueron tantos y provocaron tantos cambios económicos que generaron en los países industrializados, y no sólo entre su clase dirigente, una religión de la economía, una creencia en ella como la panacea de todas las dificultades. El progreso de la cultura, de la educación, de la razón, de la persona, etc, derivaría necesariamente del progreso económico. Bastaría un correcto flincionamiento de la economía para que la cuestión social cesara dc dar disgustos. El mismo proceso se repetirá más tarde con la técnica, ante el fracaso definitivo de las soluciones económicas. Porque vueltos a la sociedad civil tras dos grandes guerras, se impone el pensamiento militar ­un pensamiento eminentemente técnico­ y los propios problemas económicos se creerán resolver con procedimientos y adelantos técnicos. La economía pasó a segundo plano y la técnica se emancipó. La propia economía ya no es más que una técnica.

“La emergencia de la tecnología occidental como fuerza histórica y la emergencia de la religión de la tecnología son dos aspectos del mismo fenómeno” (David F. Noble, La Religión de la Tecnología). Según este autor, el deslumbramiento ante el poder de la técnica tiene raíces en antiguas fantasías religiosas que perviven en el inconsciente colectivo de los hombres: la Creación, el Paraíso, el virtuosismo divino, la perfectibilidad infinita, etc. Eso significa que la técnica posee un fuerte contenido ideológico desde los comienzos, que ha llegado a ser dominante en la época de los totalitarismos, en la época de la disolución de los individuos y las clases en masas. Desde entonces redefine en función de sí misma los viejos conceptos de “naturaleza”, “libertad”, “memoria”, “cultura”, “hechos”, etc., en fin, inventa de nuevo la manera de pensar y de hablar. La técnica cuantifica la realidad y, bautizándola con su lenguaje ­con tecnicismos­, impone una visión instrumental de las cosas y de las personas. Neil Postman recuerda en Tecnópolis el adagio de que “a un hombre con un martillo todo le parece un clavo”. El mundo habla el idioma de los “expertos”. Un divulgador de las maravillas de la ciencia moderna como Julio Verne describe en una de sus primeras novelas de anticipación a ese producto natural de la era tecnológica un tanto someramente, pero no olvidemos que lo hace en 1876: “Este hombre, educado en la mecánica, explicaba la vida por los engranajes o las transmisiones; se movía regularmente con la menor fricción posible, como un pitón en un cilindro perfectamente calibrado; Transmitía su movimiento uniforme a su mujer, a su hijo, a sus empleados, a sus criados, verdaderas máquinas-instrumentos, de las que él, el gran motor, sacaba el mejor provecho del mundo (París en el siglo XX). Por vez primera en la historia, la técnica representa al espíritu de la época, es decir, corresponde al vacío espiritual de la época. Las relaciones entre las personas pueden considerarse como relaciones entre máquinas. Toda una gama de las ciencias ha nacido con esos planteamientos: cibernética, teoría general de sistemas, etc. Los problemas reales entonces se convierten en cuestiones técnicas susceptibles de soluciones técnicas, que serán aportadas por expertos ­aquí decimos “profesionales”­ y adoptadas por dirigentes, ”técnicos” en tomar decisiones. La dominación desde luego no desaparece; gracias a la técnica ha adoptado las apariencias de una racionalización y se ha vuelto también técnica.

La técnica ha vaciado a la época de contenido: todo lo que no es directamente cuantificable, y por lo tanto medible, y por lo tanto manipulable, automatizable, no existe para la técnica. El poder de la técnica no sólo ha comportado la atomización y amputación de los individuos, sino la muerte del arte y de la cultura en general; la nada espiritual es el mal del siglo. La filosofia existencial, la vanguardia artística, la proliferación de sectas y la aparición de masas hostiles al gusto y a la cultura, son fenómenos que representan la sensación vivida del proceso de aniquilación de la individualidad, de supresión de lo humano, en el que la acción, inconsciente y absurda, es puro movimiento. Esta fatalidad histórica se intuye desde el principio de la era tecnológica, y nos la cuenta Meyrink en su relato Los Cuatro Hermanos de la Luna: “Por lo tanto las máquinas han llegado a ser los cuerpos visibles de titanes producidos por las mentes de héroes empobrecidos. Y como concebir o crear algo quiere decir que el alma recibe la forma de lo que se ve o se crea y se confunda con ella; así los hombres están ya encaminados sin salvación en el sendero que, gradual y mágicamente, los llevará a transformarse en maquinas, hasta que un día, despojados de todo, se encoiltrarán siendo mecanismos de relojería chirriantes, en perpetua agitación febril, como lo que siempre han tratado de inventar: un infeliz movimiento perpetuo”. La técnica se opone a los individuos como algo exterior, que poco a poco va desposeyéndoles del control de sus vidas y determinando sus acciones. En un mundo técnico, la máquina es más real que el individuo, que no es más que una prótesis suya. La fe en la técnica, que aun podíamos considerar burguesa, se ve acompañada entonces de un nihilismo cada vez más conformista y apologético, sobretodo en la fase postburguesa de la era tecnológica, fruto del desencantamiento del mundo y de la destrucción del individuo. El pensamiento tecnocrático se complementa con una ideología de la nada, un verdadero mal francés que proclama la supremacía del modelo y la fascinación del objeto, que habla de la independencia del pensamiento respecto a la acción, del derrumbe de la historia y del sujeto, de las máquinas deseantes y del grado cero de la escritura, de la deconstrucción del lenguaje y de la realidad, etc. Desde el existencialismo y el estructuralismo hasta el postmodernismo, los pensadores de la nada constatan una serie de demoliciones de todo lo humano y se congratulan por ello; no pretenden contradecir la religión de la técnica, sino desbrozarle el camino. No son originales, ni siquiera son pensadores: plagian las aportaciones criticas de la sociología moderna o del psicoanálisis y fabrican un verborrea ininteligible con préstamos crípticos ­como no­ del lenguaje científico. En la objetivación completa de la acción social que efectúa la técnica, aplauden la abolición del individuo social en tanto que sujeto histórico. El sistema, la organización, la técnica, ha evacuado al hombre de la vida y estos ideólogos anuncian con alegría, como una gran revelación, el advenimiento del hombre aniquilado, del ser vacío y superficial cuya existencia frívola y mecánica consideran la expresión misma de la creatividad y la libertad.

El dominio, el poder, en la política y en la calle, en la paz y en la guerra, pertenece al mejor equipado tecnológicamente. La burguesía ha sido substituida por una clase tecnocrática no nacida de una revolución antiburguesa sino de la creciente complejidad social forzada por la lucha de clases y la intervención estatal. En el camino hacia una nueva sociedad basada en la alta productividad proporcionada por la automación y en la economía de servicios, la burguesía se ha metamorfoseado en una nueva clase dominante. Esta no se define por la propiedad privada o el dinero sino por la competencia y la capacidad de gestión; la propiedad y el dinero son necesarios pero no son determinantes. La fuerza de la clase dominante no proviene exclusivamente de la economía, ni de la política, ni siquiera de la técnica, sino de la fusión de las tres en un complejo tecnológico de poder que Munford denominó “megamáquina”. Si la técnica, al convertirse en la única fuerza productiva, facilitó el triunfo de la economía, ahora la economía, al crear el mercado mundial, le ha allanado el camino a la técnica, y ésta impone la dinámica expansiva de la producción en masa al mundo entero. A su modo ha ridiculizado la figura del Estado, difuminando su historia y su papel después de que la economia lo convirtiese en el mayor patrón y la técnica lo transformase en una maquinaria de gobierno y de control de masas. Desde finales del XIX la estabilidad del sistema capitalista se consiguió gracias a la intervención del Estado, que desplegó una política económica y social correctora. El Estado dejó de ser una superestructura autónoma para fusionarse con la economía y presentarse como un escenario neutral donde podía resolverse el enfrentamiento entre clases. El Estado pasaba a ser el garante de las mejoras sociales, de la seguridad y de las oportunidades. El Estado “del bienestar” fue una invención que aseguraba a la vez la revalorización del capital y la aquiescencia de las masas. En su seno la política se convertía paulatinamente en administración, se profesionalizaba, se orientaba hacia la resolución de cuestiones técnicas. Aunque el régimen político fuera una democracia formal, la política no podía ser objeto de discusión pública: en tanto que planteamiento y resolución de problemas técnicos requería por un lado un saber especializado ­era una tecnopolítica­ en manos de una burocracia profesional, y por el otro, un alejamiento ­una despolitización­ de las masas. El progreso técnico conseguirá esta despolitización. Tenía la propiedad de aislar al individuo en la sociedad, al rodearlo de artilugios domésticos y sumergirlo en la vida privada. Por otra parte, cada etapa de dicho progreso anula la precedente, desarrollando un dinamismo compulsivo en el que la novedad es aceptada simplemente por ser novedad y el pasado es relegado a la arqueología. De esta forma crea un continuo presente, en el que nunca pasa nada puesto que nada tiene importancia y donde los hombres son indiferentes. ¿Fin de la historia? En una de las mejores sátiras escritas contra la explotación del hombre gracias a la ciencia y la técnica, Karel Capek, ironiza sobre esta banalización de los hechos: en una sociedad con tantas posibilidades técnicas “no se podían medir los acontecimientos históricos por siglos ni por décadas, como se había hecho hasta entonces en la historia del niundo, sino por trimestres (…) Podríamos decir que la historia se producía al por mayor y que, por ello, el tiempo histórico se multiplicaba rápidameute (según cálculos, cinco veces más)” (La Guerra de las Salamandras).

Gracias al Estado, que fomentó la investigación a gran escala en el campo de las armas bélicas, desde donde pasó a la producción industrial de bienes, el progreso científico y técnico dio un gran salto, convirtiendo a la tecnociencia en la principal fuerza productiva. La evolución del sistema social, y por lo tanto, de la Economía y del Estado, estaba determinada a partir de entonces por el progreso técnico. Ello no solamente implicaba la decadencia del mundo del trabajo y anunciaba la obsolescencia de la clase obrera, que dejaba de ser la principal fuerza productiva, sino que significaba el fin del Estado protector. En las sociedades tecníficadas el control de los individuos se logra con estímulos exteriores mejor que con reglas que fijen sus conductas y los regimenten. Lo que domina entre los individuos no es el carácter autoritario ­y su complemento, el carácter sumiso­ sino la personalidad desestructurada y narcisista. El fin del Estado era antes que nada, el fin del carácter “social” del Estado. Ahora ha de limitarse a ser una organización ­y cuanto más compleja, más técnica, y cuanto más técnica, con menos personal­ de servicios públicos baratos, una red de oficinas eficazmente conectadas, policiales, administrativas, jurídicas o asistenciales. Las condiciones sociales que impone la técnica autonomizada no son en absoluto favorables a una centralización política, no promueven ni el estatismo ni el desarrollo de una burocracia disciplinada, más conformes con un Welfare state, o con un modo de producción colectivista autoritario, o con un Estado totalitario, correspondientes a una fase social precedente de la técnica, que con el despotismo tecnológico contemporáneo. Todos los sectores de la burocracia estatal o paraestatal están siendo reciclados, es decir, reorganizados según estrictos criterios de rendimiento que priman sobre los intereses de grupo. Como reza un antiguo proverbio bancario, todo es cuestión de números. Conviene recordar que quienes mandan no son los propietarios de los medios de producción ­los empresarios, la vieja burguesía­, o los administradores del Estado ­la burocracia­ sino de las élites ligadas a la alta tecnología y a la “ingeniería financiera”. Esas élites son apátridas y se sirven de los Estados como se sirven de los medios de producción y de las finanzas, combatiendo todo desarrollo autónomo de los mismos y exigiendo eficacia. Tampoco hay que olvidar que todo proceso técnico ­productivo, financiero, político­ tiende a eliminar a las personas y hacerse automático. Las masas no son necesarias más que en tanto que no existan máquinas para substituirlas. El Estado totalitario era una técnica de gobierno donde todos los movimientos de las masas eran simplificados y reducidos a acciones predecibles, como en un mecanismo. Para él el pensar era una actitud subversiva y la obediencia la mayor de las virtudes públicas. Por eso necesitaba un enorme aparato policial. Pero la misma lógica de la técnica conduce al automatismo de las conductas, con cada vez menos necesidad de control, y por lo tanto, sin necesidad de líderes ni de grandes burocracias. Ni de grandes aparatos policiales; es mejor videovigilancia,unidades especiales de intervención rápida y servicios de protección privados. El individuo no existe, la clase obrera no existe, el Estado puede reducirse a una pantalla, es decir, puede virtualizarse. En ese momento histórico estamos.

La mecanización del mundo es la tendencia dominante de un proceso acabado en líneas generales. Pero todavía se dan contradicciones entre sectores más avanzados y menos avanzados, entre tradiciones burguesas y estatistas e impulsos desmesurados hacia la tecnificación, entre clases en proceso de disolución que ya no son sino grupos particulares con intereses privados y la nueva clase emergente, unificada y estable, extremadamente jerarquizada, en la que la posición de poder depende del elemento técnico. La técnica es un factor estratégico decisivo que se guarda como si fuera un secreto: es el secreto de la dominación. Pero eso no significa que los técnicos, por el mero hecho de serlo, gocen de una situación privilegiada. Evidentemente la oferta de empleos a profesionales y técnicos es la única que ha crecido, aunque en modo alguno ha aparecido una clase nueva de “mánagers”, de directivos, dispuesta a hacerse con el poder. Lo único que ha variado es la composición de los asalariados. Los expertos no mandan, solamente sirven. Los cuadros, la intelligentsia técnica, es sólo el espejismo de una clase provocado por los cambios ocurridos en los primeros momentos de la aparición de la alta tecnología, de la tecnociencia, cuando realmente esos asalariados desempeñaron un papel: el de facilitar su institucionalización. Con la especialización y la fragmentación crecientes del conocimiento y con el desarrollo del sistema educativo en la dirección más favorable a la tendencia dominante y su extensión a toda la población, todo el mundo está preparado para obedecer a las máquinas. Técnicos lo somos todos. La formación técnica no es ninguna bicoca: es la característica mas común de todos los mortales. Es la marca de su desposesión.

La transformación del proletariado en una gran masa de asalariados sin ningún lazo ni solidaridad de clase no ha eliminado las luchas sociales, pero sí la lucha de clases. Cuando resultan perjudicados intereses surgen conflictos que pueden llegar a ser de gran intensidad y violencia pero que no tocan lo esencial ­la técnica y la organización social basada en ella­ y por consiguiente, no amenazan al sistema. No podemos interpretar las luchas de los flincionarios, de los excluidos, de los empleados, de los pequeños agricultores, de los cuadros, etc., en términos de lucha de clases. Son respuestas al capital que en su proceso de revalorización daña intereses sectoriales propios de determinados grupos sociales que no encarnan ni pueden encarnar el interés general, por lo que no ponen en peligro al sistema de dominación. El momento clave de la lucha es siempre la negociación, y esa la efectúan especialistas. Ningún grupo oprimido específico puede por su situación objetiva llegar a ser embrión de una clase social, un sujeto histórico cuyas luchas lleven consigo las esperanzas emancipatorias de la mayoría de la población. Todas las luchas ocurren ya en la periferia del sistema. El sistema no necesita a nadie, no depende de ningún grupo en concreto. Si éste se segregara, el sistema funcionaría igual sin él. Su lucha, por tanto, sólo será marginal y testimonial. Carece de las perspectivas revolucionarias de la vieja y desaparecida lucha de clases. Los grupos sociales oprimidos ya no se enfrentan a la dominación como clase contra clase. Por otra parte, ningún grupo aspira a la liquidación del sistema, porque ningún grupo, a pesar de la acumulación de efectos nocivos, ha contestado la supremacía de la técnica, que proporciona cohesión y solidez a la dominación. El consenso respecto a la técnica ­todo el mundo cree que no se puede vivir sin ella­ justifica el dominio de la oligarquía tecnocrática y diluye las necesidades de emancipación de la sociedad.

Toda revuelta contra la dominación no representará el interés general si no se convierte en una rebelión contra la técnica, una rebelión luddita. La diferencia entre los obreros ludditas y los modernos esclavos de la técnica reside en que aquellos tenían un modo de vida que salvar, amenazado por las fábricas, y constituían una comunidad, que sabía defenderse y protegerse. Por eso fue tan difícil acabar con ellos. La represión dio lugar al nacimiento de la policía inglesa moderna y al desarrollo del sistema fabril y del sindicalismo británico, tolerado y alentado a causa del luddismo. La andadura del proletariado comienza con una importante renuncia, es más, los primeros periódicos obreros ­cito a L ´Artisan, de 1830­ elogiarán las máquinas con el argumento de que alivian el trabajo y que el remedio no está en suprimirlas sino en explotarlas ellos mismos. Contrariamente a lo que afirmaban Marx y Engels, el movimiento obrero se condenó a la inmadurez política y social cuando renunció al socialismo utópico y escogió la ciencia, el progreso (la ciencia burguesa, el progreso burgués), en lugar de la comunidad y el desarrollo individual. Desde entonces la idea de que la emancipación social no es “progresista” ha circulado por la sociología y la literatura más que por el movimiento obrero, con la excepción de algunos anarquistas y seguidores de Morris o Thoreau. Así por ejemplo, tendríamos que abrir la novela Metrópolis, de Thea Von Harbou, para leer arengas como ésta: “De la mañana a la noche, a mediodía, por la tarde, la máquna ruge pidiendo alimento, alimento, alimento. ¡Vosotros sois el alimento! ¡Sois el alimento vivo! ¡La máquina os devora y luego, exhastos, os arroja! ¿Por qué engordáis a las máquinas con vuestros cuerpos? ¿Por qué aceptáis sus articulaciones con vuestro cerebro? ¿Por qué no dejáis que las máquinas mueran de hambre, idiotas? ¿Por qué no las dejáis perecer, estúpidos? ¿Por qué las alimentáis? Cuanto más lo hagáis, más hambre tendrán de vuestra carne, de vuestros huesos, de vuestro cerebro. Vosotros sois diez mil. ¡Vosotros sois cien mil! ¿Por qué no os lanzáis, cien mil puños asesinos, contra las máquinas?”. Evidentemente, la destrucción de las máquinas es una simplificación, una metáfora de la destrucción del mundo de la técnica, del orden técnico del mundo, y esa es la inmensa tarea histórica de la única revolución verdadera. Es una vuelta al principio, al saber hacer de los comienzos que la técnica había proscrito.

No se trata de un retorno a la Naturaleza, aunque las relaciones de los hombres con la Naturaleza habrán de modificarse radicalmente y basarse menos en la explotación que en la reciprocidad, pues al destruir la Naturaleza se destruye inevitablemente naturaleza humana. Ya no es cuestión de dominarla sino de estar en armonía con ella. La existencia de los seres humanos no habrá de concebirse como pura actividad de apropiación de las fuerzas naturales, movimiento, trabajo. Una sociedad no capitalista, es decir, librada de la técnica, no será una sociedad industrial pero tampoco una especie de sociedad paleolítica; habrá de conformarse con la cantidad de técnica que se pueda permitir sin desequilibrarse. Debe eliminar toda la técnica que sea fuente de poder, la que destruya las ciudades, la que aísle al individuo, la que despueble los campos, la que impida la aparición de comunidades, etc., en fin, la que amenace el modo de vida libre. Todas la civilizaciones anteriores fundadas en la agricultura, la artesanía y el comercio, han sabido controlar y contener las innovaciones técnicas. La sociedad capitalista ha sido una excepción histórica, una extravagancia, un desvío.

Si quienes se hallan comprometidos en la lucha contra la técnica miran a su alrededor, constatarán que los estragos tecnológicos despiertan todavía una débil oposición, parasitada por el ecologismo político o directamente recuperada por gente al servicio del Estado Por otra parte, ningún movimiento de una cierta amplitud, partiendo de conflictos precisos, ha tratado de organizarse claramente contra el mundo de la técnica. Apenas se redescubren las grandes aportaciones de la sociología critica americana, o las de la escuela de Frankfúrt, o la obra de Ellul, no obstante tener muchos años de existencia. La tarea de actualizar esa crítica y ponerla en relación con la de transformar radicalmente las bases sobre las que se asienta la sociedad moderna es algo que todavía no comprenden más que pocos. Los más, tratan de combatir al sistema desde terrenos con cada vez menos peso: el de las reivindicaciones obreras, el de los derechos de las minorías, el de los centros juveniles, el de la exclusión social, el del sindicalismo agrario, etc. Sin menospreciar el compromiso social de nadie, estas luchas tienen un horizonte limitado, no sea más que porque evitan la cuestión clave, cuando no comparten con el sistema su tecnofilia. De todas formas, merecen apoyo aquellas que reconstruyen la sociabilidad entre sus participantes e impiden la creación de jerarquías. La acción de quienes se oponen al mundo de la técnica todavía no ha llevado a grandes cosas, ya que tal oposición es sólo una causa y no un movimiento. Pero al menos ha servido para incrementar la insatisfacción que la técnica viene sembrando y para apuntar en la buena dirección La apología de la técnica pone en mala posición a sus partidarios cuando deviene demasiado visiblemente apología del horror. El sistema admite no ser ningún paraíso y se justifica como el único posible, tanto que no haya nadie que pueda mandarlo al basurero de la historia. Ahí estamos. El sistema tecnocrático produce ruinas, lo que favorece la difusión de la crítica y posibilita la acción contra él. La cuestión principal son los principios más que los métodos. Cualquier proceder es bueno si es necesario y sirve para popularizar las ideas, sin que ello sea óbice para ninguna capitulación: se participa en las luchas para hacerlas mejores, no para degenerar con ellas. En ausencia de un movimiento social organizado, las ideas son lo primero, el combate por las ideas es lo importante, pues ninguna perspectiva puede nacer de una organización donde reine la confusión respecto a lo que se quiere. Pero la lucha por las ideas no es una lucha por la ideología, por una satisfecha buena conciencia. Hay que abandonar el lastre de las consignas revolucionarias que han envejecido y se han vuelto frases hechas: resulta incongruente cuando no existe proletariado hablar del poder absoluto de los Consejos Obreros, o de la autogestión generalizada cuando sería cuestión de desmantelar la producción. El final del trabajo asalariado no puede significar la abolición del trabajo, puesto que la tecnología que suprime y automatiza el trabajo necesario sólo es posible en el reino de la Economía. Las teorías de Fourier sobre la “atracción apasionada” serían más realistas. Tampoco una acción voluntarista sirve de mucho, si las masas que consiga agrupar no sepan qué hacer una vez hayan decidido hacerse cargo, sin intermediarios, de sus propios asuntos. En esa situación, incluso los éxitos parciales, al abrir perspectivas que no podrán afrontarse con coherencia y determinación, acabarán con el movimiento mejor aún que las derrotas. La tarea más elemental consistiría en reunir alrededor de la convicción de que el sistema debe ser destruido y edificado de nuevo sobre otras bases al mayor número de gente posible, y discutir el tipo de acción que más conviene a la práctica de las ideas derivadas de dicha convicción. Dicha práctica ha de aspirar a la toma de conciencia por lo menos de una parte notable de la población, porque mientras no exista una conciencia revolucionaria suficientemente extendida no podrá reconstituirse la clase explotada y ninguna acción de envergadura histórica, ningún retorno de la lucha de clases, será posible.

Miguel Amorós

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Todas las grandes ciudades europeas experimentan un crecimiento en mancha de aceite, derramándose en los municipios vecinos, mientras que sus centros se descomponen y vacían. Adoptan la forma de “donut”. La ciudad histórica se desteje socialmente, degradándose y encareciéndose a la vez. Las fábricas y talleres se trasladan a las áreas más alejadas de sus coronas metropolitanas y aún más allá, al tiempo que la población desfavorecida, principalmente jóvenes obreros y viejos jubilados, se ve forzada a instalarse en ghettos exteriores. El territorio urbano adquiere por todos lados la apariencia de un mosaico de parcelas yuxtapuestas de naves y almacenes, centros comerciales, adosados y bloques de vivienda barata, formando conjuntos inviables conectados por autopistas radiales y vías de circunvalación. La diseminación de los lugares de trabajo y habitación dispersa la población e incrementa la movilidad, y con ésta el derroche de suelo y energía, la demanda de infraestructuras viarias y la venta de automóviles. La organización del espacio sufre un cambio radical por el uso extensivo del territorio, fruto del paso a una economía productora de bienes industriales a una economía productora de servicios. Lo que en términos laborales significa el paso del trabajo estable y el salario pactado al trabajo precario y mal pagado.

Vivimos bajo el imperio del capital financiero, lo que significa que todas las actividades han de someterse a las urgencias de las finanzas internacionales. En estas nuevas coordenadas de la economía, es cuestión de que los productos industriales salgan cada vez más baratos para que se puedan pagar los servicios. Los bajos precios industriales financian las actividades terciarias, como antes los alimentos baratos financiaban la producción industrial. La industria no es rentable sin los salarios depreciados de una mano de obra tercermundista; lo verdaderamente productivo ahora son los servicios y sus actividades asociadas, a saber, el software, el turismo y el negocio inmobiliario. Toda la actividad económica se orienta en esa dirección, con la colaboración involuntaria de los trabajadores: el ahorro originado en las rentas del trabajo es una fuente primordial de financiación. Los dirigentes de las grandes ciudades no las presentan ya como eficientes centros productores, sino como nudos bien comunicados de redes mundiales, con una gran oferta de espacio, ocio y servicios, sobre todo financieros. Eso hace que las grandes ciudades se transformen en parques temáticos y bazares masivos salpicados de oficinas. Es verdaderamente paradigmático que los solares de la Unión Naval de Levante se hayan reservado para un World Trade Center valenciano. Sucede que las regiones metropolitanas ya no son grandes mercados de trabajo sino grandes mercados de capitales. Por lo tanto, a quien tienen que atraer, y en el caso, subvencionar, es al capital, no al trabajo. La administración metropolitana no trata pues de adaptar el territorio urbano a las necesidades de una supuesta ciudadanía popular, en gran parte obrera, sino de servirse de él para fomentar un clima de negocios. La economía “social”, destinada a paliarlos efectos del empobrecimiento, es simplemente una rama prometedora de los negocios. Las ayudas a la población arruinada, los equipamientos sociales y las zonas verdes irán para adelante si son negocios y sólo como negocios.

El proceso actual de transformación de la actividad económica, política y jurídica, llamado globalización se halla en su fase inicial, caracterizada por la deslocalización industrial y la especulación inmobiliaria. La primera es responsable de la flexibilización o ampliación de la jornada laboral y de la bajada de salarios, presentes en cada vez más convenios. Pero la domesticación de los obreros es ahora algo secundario porque éstos no son importantes en el proceso productivo. La segunda –la especulación– es el verdadero motor de la economía y de los mecanismos financieros en particular. Podríamos decir sin temor a equivocarnos, que también lo es de la política. Tanto los dirigentes políticos como los financieros toman conciencia del papel del suelo escaso en un territorio colmatado y toman posiciones en el mercado inmobiliario. Tanto la administración como los bancos engordan con operaciones especulativas, bien estén relacionadas con obras públicas, bien con promociones privadas, ordenadas jurídicamente por una nueva ley del suelo de 1992. Sin embargo, la globalización –y por consiguiente, la conexión de la red internacional de ciudades– no puede seguir avanzando sin una circulación ultrarrápida y barata de mercancías y personas (o sea, de mercancías), y para ello son condiciones sine qua non, grandes infraestructuras por un lado, y por el otro, energía y combustibles baratos. Un problema que se puede solucionar con una combinación adecuada de geopolítica, dinero, propaganda antiterrorista y guerras locales.

La marca registrada “Valencia”, aplicable al territorio comprendido entre Almusafes y Sagunto, produce manifestaciones de un urbanismo desenfrenado en todo semejantes al de Barcelona y otras ciudades. La clase dominante es hiperactiva cuando se trata de dinero e intenta por todos los medios liberar terreno urbanizable, es decir, introducirlo en el mercado. El primer efecto ha sido la casi total desaparición de la Huerta de Valencia, de sus caminos y acequias, de sus marjales y azudes, de sus molinos y de sus comunidades de regantes. El mejor jardín que jamás cobijó a una ciudad, su mayor seña de identidad, se ha desvanecido en solamente una generación. La nueva clase dirigente halla su genuina marca en el desarraigo. El poder económico y político actual exige la desaparición completa de la economía agrícola valenciana, antaño fundamental en la formación de la burguesía local, y la terciarización absoluta. En la dirección de la ciudad, los terratenientes y exportadores han sido desplazados por una burocracia móvil del cemento y del asfalto. Dicha burocracia se asienta en la circulación, y por tanto necesita infraestructuras como el AVE (aplazado para después del 2010), la ampliación del metro, la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez, los bulevares del tercer cinturón y la ampliación del puerto, sin olvidar el megaproyecto de Zaplana “Ruta Azul”, que, aunque aparcado, es el verdadero programa del urbanismo “concertado” entre promotores, constructores, inversores y políticos, en versión levantina. El traslado del aeropuerto de Manises, o la urbanización de la costa comprendida entre Sagunto y Cullera, son retales que difícilmente van a ser olvidados por los especuladores. La Copa América juega en Valencia el papel que desempeña el Fórum de las Culturas en Barcelona. Remodelaciones urbanísticas feroces y demostraciones de un dinamismo políticoempresarial destinadas a lograr la domiciliación de grandes empresas y agencias estatales. Con esos eventos se obtienen caudales para la reconversión del territorio que de otro modo no se obtendrían. Así puede proseguir el genocidio cultural de barrios como El Cabanyal, Velluters, El Carmen, Campanar o la Punta, la museificación de la Ciutat Vella –“Valencia, museo al aire libre” reza un eslógan publicitario– y demás proyectos “generadores de oferta turística” como la ciudad de las Artes y las Ciencias, que, como su nombre no indica, está destinada enteramente a los visitantes, o el Balcón del Mar, que también será un “contenedor de ocio”, como el Parque de Cabecera (con su gran estacionamiento, su zoológico y su parque de atracciones) y el parque Central, con su futura estación “intermodal”. Los nuevos bárbaros quieren una salida automovilística al mar, tratar sus enfermedades en una nueva “ciudad” sanitaria, litigar en una “Ciudad de la Justicia” y divertirse en un “Heron City”. Nótese que el márketing tecnócrata empieza a designar como ciudad lo que no es más que un amontonamiento gigante de actividades relacionadas, adoptando el aspecto higiénico multijaula típico de los shoping malls.

La ideología de la moderna clase dominante se manifiesta en los edificios y, de modo general, en su manera de adueñarse del espacio. Sus monumentos encarnan sus valores y su contemplación nos sugiere jerarquía, artificialidad, fetichismo tecnológico, culto al poder, velocidad, soledad, control, incomunicación, condicionamiento, consumismo. Los más característicos son los centros comerciales de las afueras. Todos tienen algo de cárcel, lo que resulta paradójico ahora, cuando la moderna arquitectura carcelaria quiere suprimir las torres de vigilancia, cosa que dará a las cárceles la apariencia exterior de hipermercados. En resumen, la moderna clase dominante es autoritaria y fascista y sus construcciones son las de una sociedad de masas amorfas, es decir, que favorecen condiciones fascistas. La clase dominante construye para sí misma; a los habitantes no les cabe otro recurso que el de aprender a habitar su arquitectura. Acostumbrarse a vivir dentro de artefactos semejantes en aglomeraciones semejantes. A la postre todo el territorio se estructura como un único sistema urbano y todos los lugares acaban pareciéndose. El hábitat es la traducción espacial de la desposesión. Los individuos proletarizados viven en un entorno constantemente modificado por los vaivenes del capital. A menudo son desplazados de sus barrios por planes de renovación urbana hechos por enemigos de clase y arrojados de sus viviendas y de sus calles si es preciso mediante el acoso o la expropiación. Todos los circuitos sociales ajenos al capital han de ser destruidos. Con la movilidad exacerbada impuesta a toda la población se duplican los efectos de la deportación: la desaparición de la vida social del barrio, la aniquilación de la cultura de la calle, los últimos reductos de la conciencia de clase. La proletarización se completa con la motorización: el proletario automovilista jamás pone en duda el principio de la movilidad, sólo pide la supresión de los peajes.

Allá donde el proceso de reconversión urbana corre demasiado y tropieza con resistencias, tienen lugar luchas urbanas. Si son recuperadas por las asociaciones de vecinos serán desvirtuadas, aseptizadas y anuladas. La pacificación de conflictos urbanos no es una vocación reaccionaria de los militantes vecinales sino una actividad remunerada: las asociaciones son subvencionadas para eso. Son centros de activismo cívico no contestatario que desempeñan una función animadora más que reivindicativa, y que no aspiran más que a formar parte del engranaje de decisiones administrativo. Si logran escapar a la recuperación de los mediadores, las luchas urbanas han de exigir como mínimo la presencia y el derecho a veto de los habitantes en todas las instancias cuyas decisiones les afecten. Pero éstos y sus representantes han de tener presente que se trata de luchas por el control del espacio social, por un uso social del espacio, uso solamente posible cuando los habitantes realmente se apoderen del espacio en el que viven. Sólo cuando el espacio urbano esté fuera de las trabas del capital será de nuevo productor de relaciones solidarias y de cohesión social en forma de asambleas y organismos diversos. Por lo tanto, la negociación, que es un momento de la lucha, ha de emprenderse en la perspectiva de la autogestión del espacio, pero ésta no puede existir sino a través de estructuras necesarias de formación de la opinión y la decisión. Estas no son otras que la movilización y las asambleas. Los luchadores no sean capaces de movilizar a la mayoría de los afectados nunca poseerán representatividad suficiente. Las luchas que no descansen en las asambleas masivas serán siempre recuperadas.

Cuando hablamos de la autogestión del espacio, de la autoconstrucción si cabe, planteamos una delicada cuestión: la expropiación social del espacio. Las luchas urbanas han de arrebatar el territorio al poder urbanista, a los urbanistas del poder. Han de liberarlo del mercado, no para el mercado. Por consiguiente, han de resolverse mediante ocupaciones. En las ciudades sometidas al poder de las finanzas autónomas, la urbs (el asentamiento) está separada de la civitas (la comunidad de intereses), el territorio y la cultura ciudadana van por rutas diferentes, la elite se ha liberado del espacio y la población sobrevive ajena al territorio que la acoge. El reencuentro de la colectividad y el espacio mediante la ocupación de masas y la supresión de la movilidad frenética, son la base esencial de la autogestión territorial generalizada, la forma espacial de la emancipación.

Miquel Amorós

Como una filosofía política, el anarquismo está comprometido con la transformación de la sociedad, aún cuando, el anarquismo es a menudo descuidado por la mayoría de las tendencias políticas y filosóficas. En un intento por situarlo dentro del pensamiento filosófico contemporáneo y al mismo tiempo pensarlo críticamente, Todd May ha creado lo que llama anarquismo postestructuralista. Mediante la inserción del postestructuralismo francés en el anarquismo, May ofrece una nueva filosofía política con la cual analizar nuestro mundo. Desarrollé esta entrevista con Todd may vía E-mail en octubre 2000.
~ Rebecca DeWitt.

El anarquismo postestructuralista es una combinación de anarquismo y filosofía postestructuralista (el trabajo de Foucault, Lyotard y Deleuze). ¿Qué es lo esencial de estas filosofías políticas que hace posible su combinación?

Como yo lo veo, el vínculo esencial entre el anarquismo y el postestructuralismo de Lyotard, Deleuze y especialmente Foucault, es la negativa a que haya algunos puntos centrales en los cuales el cambio político puede o debe producirse.

Para Marx, el cambio político es un asunto que hace a la toma de los medios de producción; para los liberales, esto descansa en la regulación del Estado. Lo que los anarquistas niegan (al menos en parte de sus escritos, la parte que yo rescato para apoyarme) e s que exista un simple punto arquimédico para el cambio. Comoquiera que el poder está en todas partes, la necesidad de crítica y reflexión política está también en todas partes, no sólo en el nivel del Estado o la Economía, sino incluso en el nivel de la sexualidad, la raza, la psicología, la educación, etc., etc., etc.

¿Después de este proceso de fusión queda algo del anarquismo?

Yo creo que sí lo hay. Si es correcta mi propuesta, lo que el anarquismo provee al postestructuralismo es un gran armazón dentro del cual situar sus análisis específicos. Es otro armazón, para ser preciso, del tradicional. Esto no ha cambiado por el postestructuralismo. Pero esta nueva armadura que yo trato de articular puede ser nueva para muchos postestructuralistas, que resisten la idea de un gran sistema totalizador.

¿Cómo reconcilia el anarquismo, que a menudo se auxilia con principios políticos unificadores (como anti-capitalismo/posiciones estatales) con el pensamiento postestructuralista, que ve al poder como una red interconectada, antes bien que un sistema al que oponerse? mainframe

Considerando la idea de los sistemas totalizadores, este es seguramente el caso de una gran parte de la idea anarquista, tanto en su práctica como en su teoría, fija sus objetivos en el capitalismo y el Estado. Mi libro sugiere que no miremos en esos dos lugares para enceguecernos a nosotros mismos sobre el lugar de operación del poder. Si el capitalismo y el Estado fueran los únicos culpables, entonces su eliminación por sí misma nos abriría la puerta a la sociedad utópica. Pero debemos tener recelo de las soluciones fáciles. Una de las lecciones de la lucha contra el racismo, la misoginia, los prejuicios sobre gays y lesbianas, etc., es que el poder y la opresión no son reductibles a un solo lugar y a una operación singular. Necesitamos entender al poder no sólo operando a nivel del Estado y el capitalismo, sino a través de las prácticas que conducen nuestras vidas.

En su libro, la filosofía política es tomada en términos de articulación de “la discordancia entre el mundo como es y el mundo como es percibido. Cuando esta discordancia no se encuentra ya presente, esta filosofía política particular se vuelve obsoleta, tanto sea que ocurra esto porque el mundo ha cambiado o porque los objetivos han sido realizados. Usted da el ejemplo de la revolución comunista donde, una vez que los objetivos de la revolución fueron alcanzados, la filosofía política que describía ese cambio se volvió obsoleta y por lo tanto una nueva filosofía política es necesaria para avanzar. ¿es la filosofía política un proceso en el cual estamos constantemente rehaciendo nuestra visión del mundo y lo que queremos?

La idea que estoy tratando de expresar en el libro es que la filosofía política es motivada por una discordancia entre cómo piensa la gente que debe ser el mundo y como lo encuentra, ¿por qué pensar acerca de la filosofía política, a menos que haya un problema que necesite ser encausado? Y ese problema para la filosofía política, es que el mundo está lejos de ser como uno piensa que debería.

Que la filosofía política sea un constante proceso es algo que no estoy seguro cómo responder. No veo ninguna razón en principio para que lo sea, aun cuando pueda ocurrir así. La pregunta acerca de si la filosofía política es un proceso en que constantemente nos rehacemos está atado a la pregunta de qué calidad de derechos humanos naturales tenemos y en qué clase de medio ambiente nos encontramos. Mientras que en cualquier parte del libro yo niego que exista algo interesante para decir acerca de la naturaleza humana, todo esto se cae frente al medio ambiente. Pero quién sabe cómo pueda cambiar el medio ambiente, y que clase de preguntas surgirán entonces para nosotros.

Para el anarquismo postestructuralista, el poder es a la vez creativo y destructivo. En contraste, la justificación anarquista tradicional de su propia existencia –que los humanos son esencialmente buenos y que son las instituciones del poder el mal del que necesitamos desembarazarnos- caracteriza al poder como malo. ¿Cómo cambia el concepto anarquista del poder con el aporte postestructuralista?

Mientras [los anarquistas] poseen una distinción en dos partes: poder (malo) vs. naturaleza humana (buena), yo distingo en cuatro partes: el poder creativo/ el poder represivo y malo/bueno. Yo no tomo al poder creativo como necesariamente bueno, ni al represivo como necesariamente malo. Esto depende más bien de qué es creado o reprimido, la evaluación ética es independiente de qué clase de poder esté involucrado. Esto es por lo cual resulta tan importante tener claridad en una visión ética –una cuestión en la cual muchos pensadores postestructuralistas son indiferentes-, pero uno no resuelve el problema ético suponiendo una naturaleza humana buena y diciendo luego que está entonces capacitada para florecer. Hay demasiada evidencia acerca de la idea de una naturaleza humana esencialmente buena (o una esencialmente mala) para que ese reclamo sea hecho. Uno no puede sustraerse a un juicio ético sobre la naturaleza humana, pero en su lugar debe desarrollar los medios éticos socialmente necesarios para que nuestras vidas puedan desenvolverse.

Usted establece que “debemos abandonar (en su mayor parte) la idea de una clara demarcación entre filosofía política y programa político […] así como uno se mueve desde el análisis y tras sugestiones para intervenir, uno pasa de la filosofía a la programática”. Muchas filosofías políticas se muestran incapaces de pasar a la intervención política y cuando es necesario, repensar teóricamente esa intervención. La tensión dialéctica entre el mundo como es y lo que visionamos es muchas veces destruida por la consolidación en el poder de una idea o un partido político. El anarquismo brega por una democracia directa o un federalismo para garantizar que esto nunca ocurra, pero ¿ es la vida de una filosofía política capaz de sobrevivir a la programática?

Debemos tener en mente que el anarquismo que estoy tratando de delinear fuera de la tradición, puede no ver a la democracia directa como la respuesta a todos los problemas políticos (de otro modo el anarquismo podría ser otra estrategia filosófico política). Dicho esto, su pregunta subsiste, desde que uno desearía saber que pasa con la filosofía política cuando es puesta en práctica. Ciertamente, resta algo de la imagen que traté de desarrollar: la idea de que necesitamos investigar siempre las relaciones de poder que surgen en varias prácticas y darles la evaluación ética correspondiente; esto es, para preguntarnos si es ésta aceptable o no. En la óptica que yo defiendo, desde que nunca sabemos desde el principio que clase de poder trabaja, necesitamos siempre investigar cómo opera, de modo de ver a qué conduce y qué esta creando, y necesitamos hacernos siempre la pregunta acerca de si lo encontramos éticamente aceptable.

¿A quién atribuir la construcción de la programática?

Quien construirá el programa, ciertamente no los filósofos (¡Dios nos libre de esto!). Esta idea, espero, no volverá a ser tomada seriamente, ni siquiera por los filósofos. La única respuesta a QUIÉN debe construir el programa –o al menos debe estar incluido en su construcción-, es que son aquellos que se encuentran afectados por la situación y por los cambios propuestos. Ahora, puede ser otra manera de decir “el pueblo”, pero limita un poco las cosas. Por ejemplo, tendré poco para decir sobre cómo los gays y lesbianas deberían ser tratados en sociedad (por ejemplo: debieran ser admitidos en la categoría de matrimoniable o deberían ellos poner en cuestión el matrimonio en sí mismo). Esto, me parece a mi, está abierto para ellos, mi rol es el de apoyarlos en sus elecciones.

Su concepto anarquista de poder es caracterizado como uno, en el que [este poder] “coagula en ciertos puntos y es reforzado a lo largo de ciertas líneas”, y por tanto, puede ser accesible a la idea de reforma, porque ciertas reformas en ciertos puntos pueden resultar en revolución. ¿Hay lugar para la revolución en el anarquismo postestructuralista?

El término revolución me supone una trampa. A veces pareciera referir a un punto clave en que cambia de mano el poder en la sociedad. Usado de este modo, el término revolución parece implicar una estrategia filosófico-política. Pienso que es mejor evitarlo. Cuando las cosas cambian suficientemente como resultado de una intervención política, entonces tenemos una revolución. Así, la distinción entre reforma y revolución no debería ser el remanido de “mera reforma” vs. “verdadera revolución”. En su lugar la pregunta debiera dar cuenta de cuánto y cuán profundo es el cambio. De hecho, yo creo que el término es usado muchas veces como un cartel, una marca de nuestro radicalismo, y una forma poco precisa de distinguirnos del liberalismo. De este modo, ocultamos el problema acerca del cual debemos preguntarnos: ¿qué es lo que necesita cambiarse y cómo necesita ser cambiado? Cuando nos preguntamos esta cuestión más concreta (sí, un filósofo diría, que una cierta jerga está ocultando nuestra posibilidad de ver lo concreto), entonces estamos en el camino correcto. La cuestión acerca de si revolución o sólo reforma desaparece.

¿Qué es la OMC para el anarquismo postestructuralista? La OMC aparece como uno de esos organismos en que el poder se aglomera, en el que una variedad de prácticas coinciden a crear un orden de poder opresivo. Pienso que erramos en la caracterización de muchos de sus sostenedores si la describimos en términos de una teoría conspirativa. Mi sospecha es que muchos de ellos creen sinceramente que están haciendo una buena cosa, aun cuando no lo hagan, ¿cómo explicar esto? Me parece que debemos mirar las prácticas en que se encuentran comprometidos y los efectos de estas prácticas en otros, y reconocer que hay toda una serie de efectos deletéreos que los sostenedores de la OMC han desistido de reconocer. Esto, me parece, sería una vision anarco postestructuralista de la OMC… Como un activista, me encuentro yo mismo de acuerdo con las manifestaciones recientes que reclaman la eliminación de la OMC y otras instituciones opresivas relacionadas, y por la abolición de los pagos de la deuda externa de los países del tercer mundo. Desde luego hay mucho más, pero la filosofía, que interacciona con la programática, no puede, me parece a mi, tener un rol en la elaboración programática.

Desde que es la acción la convocada, ud. ofrece sugerencias acerca de cómo el anarcopostestructuralismo puede ser puesto en práctica. Esto incluye: experimentación, situación de la libertad, valoración de los discursos de los sometidos, y el intelectual como un participante en la práctica teórica, antes que un líder político. ¿Puede decirme como ud. y otras personas activas políticamente pueden poner en práctica estas líneas-guía?

Es difícil practicar mucho cualquier política en Carolina del Sur. Tan sólo para puntualizar en la dirección correcta, cómo vivo yo este asunto, esto incluye mi actividad a favor de gays y lesbianas (yo fui consejero universitario para el grupo gay-lésbico por seis o siete años); mis clases (trato de rechazar la idea de una “naturaleza humana innata” en mis cursos, experimento con ideas contemporáneas, incluyo en mi bibliografía trabajos ignorados, a menudo con un giro político, frecuentemente sitúo los problemas estudiados en el contexto que he desarrollado en el libro), y en lo familiar (tratando de ver los efectos del poder sobre la vida de mis chicos y sus actitudes, y ofreciéndoles alternativas).

Si yo debo aproximarme a la cuestión desde el punto de vista de, digamos, alguien que vive en un área urbana de los EEUU, debiera entonces puntualizar la necesidad de comprender y participar en luchas contra el racismo, el sexismo, la OMC, etc., y en esta acción podrán verse las interacciones entre esas luchas y las opresiones que esas luchas se esfuerzan en abatir, sin tratar de reducir todo a una simple fórmula.

Muchos anarquistas sienten que es imperativa la creación de una cultura intelectual pública y en esto, crecientemente, la universidad no es un lugar que promueva la libertad intelectual, para no mencionar el pensamiento político ¿cuál es su experiencia?

Estoy de acuerdo en que la Universidad es un cuestionable recurso para la cultura intelectual. Creo que la realidad de una cultura intelectual es difícil de desarrollar hoy, frente a la hegemonía cultural del shopping en los EEUU la sola idea de espacio público se ve marginada. Algunos dicen que Internet es un nuevo lugar para la cultura pública, pero tengo mis dudas. Primero, la magnitud neta de Internet hace dificultosa la intimidad de una cultura intelectual, segundo, hay algo sobre compartir el mismo espacio y tiempo en conversación que es negado por Internet, algo sin lo cual el intercambio resulta también demasiado anónimo en carácter. No pienso que Internet sea inútil, pero su habilidad para substituir lo que hemos perdido es más limitado de lo que alguna gente piensa.

¿Puede ud. responder a los críticos que acusan a la teoría postestructuralista (al posmodernismo en general) como un ejemplo de lenguaje altamente especializado, abstracto y oscuro que está alienando a mucha gente y no alienta el conocimiento fuera de un departamento de graduados?

Culpable de la acusación. Pero no puede ser atribuido exclusivamente a los postestructuralistas y posmodernistas. Es un problema general que cruza las humanidades y a las academias. Nosotros hablamos a uno y a otro bastante más que con aquellos fuera de nuestro círculo inmediato. Hay un buen número de razones para esto: presiones para publicar, la historia de un anti-intelectualismo en los EEUU, etc., pero también nosotros contribuimos adoptando esta jerga. He tratado de desprenderme de esta jerga tanto como he podido, y espero que mi libro anarquista, aunque difícil, este finalmente despojado de jergas. Pero lo que tú estás puntualizando es un problema para todos los académicos, y sólo sirve para marginarnos aún más.

Dado que “el conocimiento como otros tópicos, es la materia de la lucha y de la dominación” y que las tendencias académicas oscilan entre publicar o perecer, por un lado, y los análisis de costos, ¿cómo escapa el posestructuralismo de ser justamente otra mercancía?

Mucho del discurso posestructuralista es, por supuesto, como otros discursos académicos, en ese sentido reproduce el discurso académico corriente de ideas sobre costo-beneficio en el modelo consumista que domina habitualmente la academia. Pienso que los cambios vendrán no sólo a través de las ideas por sí mismas, especialmente en las academias, que las producen a chorros. La verdadera pregunta es, me parece, ¿la gente está viviendo de acuerdo a estas ideas o acaso sólo las toma como ideas alejadas de su cotidianeidad?

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Perspectives on Anarchist Theory – Vol. 4, No. 2 – Fall 2000

Texto extraido de http://caosmosis.acracia.net

La No violencia es patriarcal.

22 Diciembre 2009

logomundosinguerras

…”Si las mujeres se organizan colectivamente para atacar  enérgicamente y oponerse a los violadores, violaciones concretas serán impedidas. El trauma de violaciones pasadas será exorcizado de una forma constructiva y empoderadora, los hombres descartaran la opción de violar con impunidad y futuras violaciones serán desmotivadas.

Negros y latinos de las ciudades que llevan a cabo ataques de guerrilla contra la policía no motivan un ciclo de violencia. La policía no mata gente de color porque estén traumatizados por pasadas situaciones de violencia; lo hacen porque el sistema de supremacía blanco lo requiere y porque les pagan por ello. La actividad revolucionaria por supuesto, tendrá como resultado un incremento del estado de represión, pero éste es un obstáculo para la destrucción del Estado, que es el mayor agente proveedor de violencia.

 Después de la destrucción del Estado, del capitalismo y de las estructuras la gente aún estará traumatizada, aún tendrá puntos de vista autoritarios y patriarcales, pero los problemas individuales que no son reforzados estructuralmente podrán ser abordados de formas cooperativas no violentas”.

Texto interesante hacerca de lo que implica la postura No violenta en la actualidad.

Un buen aporte teorico para entender la lucha por la paz desde una perspectiva revolucionaria.

Para leer o descargar el texto completo: http://www.nodo50.org/albesos/uploads/textos/lanoviolenciaespatriarcal.pdf

Salud.

Reformista o revolucionario, hay que elegir:

Un buen número de organizaciones anarquistas o anarco-sindicalistas exhiben pretensiones relativamente ambiciosas. No obstante, es necesario constatar el desplazamiento aberrante entre esas pretensiones y las cosas realmente conseguidas. Para un observador atento, el deslizamiento de un discurso y de prácticas en ruptura con el sistema de dominación hacia una especie de “reformismo radical” es facilmente perceptible. Este neorreformismo es más o menos asumido y puede tomar diversas formas. Siempre es él que conduce a un mismo conjunto de consecuencias desastrosas: el hundimiento, tanto individual como colectivo, x de luchas parciales, un fatalismo y una sumisión insidiosa que va en aumento, la perdida de principios elementales como la solidaridad y el esfuerzo de pensar, etc.
La confianza en modos de organización y de intervención totalmente superados e ineficaces (empezando por el sindicalismo) es uno de los principales fenómenos sobre el que se basa mi crítica. Es verdad, esta confianza no tiene la misma intensidad en unos y otros. Si algunos se adhieren todavía a un sindicato sin demasiadas ilusiones, otros ocupan puestos de representantes sindicales en su empresa o permanentes en las centrales sindicales. Si algunos aceptan las críticas que se hacen al sindicalismo, otros las rechazan totalmente.

Es necesario recordar que el sindicalismo es una forma de asociación muy encuadrada jurídicamente. Si en sus comienzos el movimiento sindicalista ha podido ser portador de las aspiraciones emancipadoras del proletariado, hoy ya no es el caso. El Estado, la patronal, pero también los sindicalistas mismos, lo han transformado en una institución, en un x. Por lo demás, actuar en tanto que sindicalista no es posible sino en un cuadro muy preciso cuyos límites no pueden ser traspasados. Siempre se puede uno asociar a aquello que tiene la forma legal de un sindicato, con la voluntad de hacer otra cosa diferente a la cogestión que es hoy la tarea del sindicalismo, esto no es hacer sindicalismo, no disgusta a los anarcosindicalistas de las diferentes CNT. Es fácil ver que se trata más de un problema de denominación que otra cosa, pero hace falta ser preciso en las propuestas y en las prácticas. No es menos cierto que incluso si se está animado por esta voluntad de dar un contenido revolucionario al sindicalismo, la realidad nos viene a recordar los famosos límites que no se pueden franquear. Quiero poner por ejemplo los recientes hechos que conciernen a mis amigos del sindicato CNT-AIT de los PTT de Amiens. Esto militantes anarcosindicalistas no se hacen ninguna ilusión sobre lo que es hoy el sindicalismo. Ellos han elegido intervenir en sus empresas en el día a día y lo han hecho siempre de manera coherente y sin concesiones de cara a su jerarquía. También han conseguido ganarse la confianza y la estima de una buena parte de los trabajadores del centro de apartados postales de Amiens, lo que les permite actuar limitando los riesgos de represión sobre ellos. Si pero… Después de años de prácticas muy molestas para la dirección como para los sindicatos tradicionales, su local ha sido cerrado y uno de los miembros de su organización ha sido agredido por un cuadro antes de ser suspendido por varios meses después de ser trasladado a una oficina de correos. Yo no sé qué conclusiones generales sobre la práctica sindical pueden sacar estos compañeros de tales hechos, pero a mi juicio, éstos ilustran perfectamente el control total que tienen aquellos que gestionan el sistema. O dicho de otra manera, en estas condiciones, toda práctica sindical está abocada al fracaso en su tentativa de hacer emerger de forma durable análisis y acciones que rompan con la dominación que sufrimos.

Se nos querría hacer creer que sólo se abre una alternativa ante nosotros: o bien luchar en el día a día aprovechando el margen de maniobra que la autoridad consiente en concedernos, ¡o bien no hacer nada! Creo que intentar aprovecharse de los medios que nos ofrece todavía el sistema de dominación es una pura ilusión (estos medios son las elecciones políticas y profesionales, las subvenciones, etc. todas ellas completamente ilusorias). La experiencia muestra claramente que esto es un callejón sin salida. ¿Quiere decir esto que no hay nada que hacer? No. La primera tarea a realizar por los revolucionarios sería ya denunciar las formas impuestas por el poder mientras X. Esto pasa entonces en primer lugar por un ataque en regla a la cogestión organizada, al monopolio de la palabra y a los privilegios concedidos a las organizaciones sindicales y a los partidos que se consideran nuestros defensores y protectores. En breve, es necesario comenzar por el desmenuzamiento de todo lo que contribuye legalmente y formalmente a impedir nuestra expresión autónoma.

Los pretendidos intereses inmediatos

La producción de mercancías produce a la vez lo insoportable y a los hombres capaces de soportarlo.
Miguel Amorós, ¿Dónde estamos?
La mayor parte de las concesiones hechas al poder, lo son en nombre de la defensa de nuestros intereses inmediatos. Estos así llamados intereses son la lucha contra los despidos, los salarios lo más elevados posibles, mejores condiciones de trabajo, etc. Bien mirado, estos intereses no son solamente aquellos de los individuos. En la medida que permiten sobre todo el mantenimiento de un statu quo social, ¿quién puede creer todavía que un aumento de salario es una victoria sobre el capitalismo? Todo esto no conlleva la lucha de clases, esta lucha que no tenía otra ambición que la abolición de las causas de la separación de la humanidad en clases. Todo esto no va más allá de la gestión, del acomodamiento, de la reglamentación de la sociedad de clases. No niego el hecho de que esta lucha de clases haya podido contribuir a mejorar nuestras condiciones de existencia. Y no niego tampoco que sea preferible trabajar 35 horas que 60 o más a la semana. Pero eso no cambia fundamentalmente la naturaleza de la sociedad y no perjudica en nada los intereses de poder de la dominación. En el momento en que todo se dispone para mantener al individuo dentro de la sociedad de consumo alejándole de lo que es la producción real, creer que participar x de lucha para la reglamentación de nuestras condiciones de supervivencia no es otra cosa que participar en la alienación generalizada es una pura tergiversación. Y es aún más hacer un abuso del lenguaje hablar de lucha cuando todo acaba finalmente por ser negociado. Estos intereses no son nuestros intereses reales. Ellos forman parte de esas falsas necesidades que la sociedad de la mercancía ha producido x para desviarnos de nuestras preocupaciones esenciales que son la libertad y la vida. En cuanto a su carácter de inmediatez, es más bien la dominación económica quien la decreta. Es la eterna urgencia que impide tomar decisiones a largo plazo encerrándonos en el consenso, es decir, en la sumisión a los dictados del poder. Existe no obstante otra urgencia, de una necesidad implacable, que es la que exige el abandono de estos falsos problemas para un retorno a un verdadero movimiento que ataque a las bases de la opresión y se preocupe de la puesta en marcha de otra sociedad.

La cuestión que consiste en saber como hacer para llegar a esta ruptura fundamental sigue en pie. No creo que debiéramos abandonar totalmente el terreno del mundo del trabajo. Es la naturaleza de nuestro mensaje al mismo tiempo que su forma los que deben ser cambiados. Lo que dicen los revolucionarios es incompatible con las leyes que rigen esta sociedad. Nuestras intenciones, abolir el capital y el Estado, son ilegales. A partir de ahí, no se trata de seguir siendo prudentes y de hacer cualquier cosa, sobre todo cuando las condiciones y la relación de fuerzas son tan desfavorables. Y no es menos cierto que hay un montón de cosas a realizar, de pistas que pueden ser exploradas para demostrar la pertirnencia y la viabilidad de nuestra concepción de la vida, pero también para mostrar la capacidad y la fuerza que cada uno puede encontrar a fin de poner a punto tales pretensiones.

Fetichismo de la organización, imbecilidad de los hábitos ideológicos

Cambiar el contenido y la forma de las intervenciones de los revolucionarios en los lugares de trabajo, implica el abandono de viejos reflejos impotentes. Cuando todos los pretendidos revolucionarios hayan roto con el apego imbécil a algunas siglas y a la disciplina del partido, quizá entonces empecemos a ver un poco más claro. Resulta siempre aberrante constatar como una crítica, por mínima que sea, puede ser sentida como un ataque dirigido a hacer daño o a destruir. Es aún más aberrante constatar ese fenómeno en libertarios que son, a priori, capaces de reflexionar sobre ellos mismos y sobre su organización, que son, a priori, conscientes de los problemas que origina cualquier reagrupamiento de seres humanos. Este amor estúpido y ciego por la organización a la que se pertenece tiene como consecuencia inmediata la puesta en competencia de una multitud de grupúsculos, es decir, la división. Todos pretenden lamentarlo, pero todos son incapaces de tomar la menor decisión que permitiría la puesta en marcha de una unión de revolucionarios. Lo que la base de una tal unión exige es la reflexión individual y colectiva, y la puesta a debate de esta reflexión. Estamos todavía muy lejos…

Este cambio de actitud implica igualmente desechar un montón de reflejos ideológicos. No tengo en absoluto la intención de pasar revista a todas las tradiciones que paralizan el pensamiento revolucionario de hoy, esto sería fastidioso. Lo importante es socavar todo lo que contribuye a empujar el movimiento revolucionario hacia ese reformismo radical, que no tiene por resultado más que dorar un poco más los barrotes de nuestra celda.

Entre las reivindicaciones que ilustran esta atrofia del pensamiento, la autogestión sigue siendo un plato del menú. Para muchos, la revolución significa la reapropiación de medios de producción actualmente en manos de capitalistas. La crítica de los fundamentos de la producción e incluso del trabajo en tanto que actividad, el análisis de la utilidad de esta producción y de este trabajo sólo son pobremente abordadas. Ahora bien, ese es el punto esencial del pensamiento revolucionario: desmenuzar el trabajo y la naturaleza de lo que se produce; volver a poner en el centro de nuestras preocupaciones la defensa de una vida no artificializada que permita la extensión de las libertades. Gestionar lo que ya se ha hecho, aunque se hiciera de la manera más libertaria posible, contribuiría a mantener la alienación. Esto es lo que ningún revolucionario consecuente puede desear.

Salir de esta sociedad sin dejarla en paz

El apego a formas de organización estériles como a hábitos ideológicos no son las únicas cosas que hay que abandonar. Es desconsolador constatar cómo la sumisión a la voz de orden de la dominación se extiende cada vez más lejos. De discusión en discusión, a menudo me doy cuenta de que los militantes justifican sus concesiones gracias a los fantasmas, a las fobias y a un miserabilismo descorazonador. De esa forma, el miedo al paro y a la pobreza económica detiene a más de uno. Pues para estos, encontrarse en el paro es ciertamente lo peor que puede ocurrirles. Lo que tiene como consecuencia directa este miedo -de forma bastante paradójica- es una falta de confianza, en uno mismo y en los compañeros, así como el abandono puro y simple de la solidaridad más elemental. No se conciben otros medios de subsistencia diferentes al del trabajo asalariado existente. X. Y para más X, se saca un argumento digno del Seguro Católico: “A un tío con mujer y tres críos no se le puede decir nada si trabaja en una fábrica de armas, ¡no puede elegir!”. Esto se lo he podido escuchar a un militante anarquista en el curso de un encuentro reciente. A este paso, se van a defender muchas cosas que nos alejarán cada vez más de la realización de nuestras aspiraciones.

No obstante, en nuestro combate cotidiano contra la dominación, se puede explorar otras pistas. Unirse para crear condiciones de vida “alternativas” es una de ellas. Se trata de asociarse a fin de poner en común las experiencias para satisfacer nuestras verdaderas necesidades. Tejer una red que favorezca la apropiación por los individuos de saberes y saberes prácticos (en la agricultura, el artesanado, etc.) puede ser ya una solución. No se trata de dejarse engañar: no podemos aceptar el recrear comunidades aisladas del mundo ni de acabar en el business alternativo, x. Se trata más bien de investigar y transmitir técnicas adaptadas a nuestra concepción de la vida. Es bien evidente que estas experiencias tienen que tener un carácter ejemplar. Es necesario a la vez comenzar por salir uno mismo de esta sociedad invivible como de incitar a los otros a hacerlo en tanto que se les muestra que esto es posible.

Por eso dije más arriba que no era cuestión de abandonar el terreno del mundo del trabajo asalariado. Que los hombres se reagrupen y lleguen a constituir tales experiencias puede ser realizado en paralelo con la lucha en el seno mismo de la sociedad, es decir en el seno de las empresas, de los lugares donde se vive, etc. Si llegamos a hacer de manera que podamos cubrir nuestras verdaderas necesidades de la forma más autónoma posible mientras llevamos una lucha enfocada a socavar los fundamentos mismos sobre los que reposan el trabajo asalariado y el consumismo, se habrá dado un gran paso. Para hacer esto, el requisito previo indispensable es el debate. Para que pueda tener lugar, ya hemos visto lo que era más necesario hacer. Sin embargo, este debate ya ha comenzado, x. He podido encontrarme con muchas personas y me he escrito con otras. Juntos, llevamos nuestra reflexión sobre las condiciones modernas que rigen nuestras vidas. Antes de pasar a un estado superior que vería la puesta en práctica más amplia posible (pues existen ya personas que tiene un modo de vida adecuado a nuestra visión del mundo) de alternativas combativas, la reflexión se centra entonces sobre la sociedad industrial, la tecno-ciencia y la dominación que nos hacen sufrir.

Este pensamiento crítico no se ha revelado posible sino a partir del momento en el que hemos sabido superar los viejos clichés progresistas en los cuales chapoteaban las vanguardias revolucionarias. No tengo vergüenza en confesar que yo mismo me monto en un tren en marcha. No es menos cierto que esta crítica representa a mis ojos el punto de apoyo a partir del cual se puede redesplegar el movimiento revolucionario… Para que un proyecto como éste pueda tener oportunidades de dar fruto, el abandono de “mezquinas inquietudes y sórdidas esperanzas” (para retomar las palabras de Jaime Semprun en su última obra Apología por la insurrección argelina -ediciones de l´Enciclopédie des Nuisances ) que caracterizan al ciudadano-consumidor occidental “de base”, se convierte en un imperativo.

Se trata en primer lugar de difundir lo más ampliamente posible todas las consideraciones de cara a combatir la dominación tecnológica e industrial en una perspectiva revolucionaria. Esta es la única razón de ser de este boletín.

LO NECESARIO Y LO POSIBLE

No sería del todo aberrante buscar hoy causas tecnológicas a los transtornos del alma. Günther Anders L´obsolescence de l´homme

En el orden de las objecciones que se nos plantean -cuando afirmamos nuestra voluntad de acabar con el capitalismo y el Estado- la imposibilidad de dicha tarea aparece en primer lugar. ¿Vivir fuera de la sociedad industrial? ¡Pero eso es imposible! Este sistema ha extendido su poder por todas partes: las infraestructuras tecnológicas recubren la casi totalidad del planeta y los valores vehiculados por el capitalismo moderno parecen integrados por la inmensa mayoría de la humanidad. Sería entonces inútil, se nos dice, imaginar tan sólo poder vivir de otra manera. Tales propuestas son en general mantenidas por cualquiera, con el tono de suficiencia que autoriza la propaganda publicitaria y estatista. Después de haber machacado durante años con lo de “que en Francia, el 75% de la electricidad es nuclear” (se entiende que todo el mundo se beneficia de ello, y que por tanto nadie puede estar en contra), la EDF proclama ahora, en el marco de su campaña a favor de un “desarrollo sostenible” que “producir más energía es una necesidad” ¡Y con esto parece que basta! Nunca se nos dice por que eso es necesario. En consecuencia, no se cuestionará si esta situación debe perdurar, si las consecuenciass desastrosas generadas por este sistema -largamente perceptibles para todo el mundo- deben ver sus causas suprimidas.

El argumento de la imposibilidad no es más que una prueba de la colonización de las mentes por la tecnología

En el transcurso de discusiones cotidianas con compañeros de trabajo, de comidas familiares o de reuniones entre amigos, este mismo argumento vuelve. Y si vuelve, es siempre para atajar toda discusión.

Pero ¿qué demuestra un comportamiento tal? Simplemente que la cuestión de la posibilidad o de la imposibilidad de una cosa se juzga ahora desde un único punto de vista técnico. Como si la tecnología representara una especie de escala maestra para medir la debilidad de tal o cual proyecto. En definitiva: para persuadirnos de que no podemos pasarnos sin la sociedad industrial ¡se nos dice que eso es técnicamente imposible!

Esta es sin duda la razón por la cual algunos de entre nosotros se siente empujados a querer demostrar, a contrario, todas las posibilidades técnicas que permiten producir las cosas indispensables para nuestra supervivencia, todo ello “preservando nuestra salud y el equilibrio ecológico”. Al hacer esto, seguimos confinados dentro del debate técnico, lo que no puede sino complacer a nuestros enemigos.

Ahora bien, es necesario abandonar este falso debate en el cual corremos el peligro de atascarnos. Cuando alguien nos dice que no se puede salir de esta sociedad industrial, entiende ciertamente esta salida como un gigantesco desmantelamiento de las infraestructuras existentes. Pero por “salir de esta sociedad”, nosotros entendemos mucho más que esto. Si demostrar la viabilidad técnica de nuestro proyecto social no es en definitiva sino secundario, es porque lo esencial reside en la crítica de los fundamentos de la sociedad actual.

Falsas necesidades y sentimiento de impotencia

Las fuerzas que ella (la economía autónoma) ha desencadenado suprimen la necesidad económica que ha sido la base inmutable de las sociedades antiguas. Cuando ella la remplaza por la necesidad de un desarrollo económico infinito, ella no puede más que remplazar la satisfacción de las primeras necesidades humanas sumariamente reconocidas, por una fabricación ininterrumpida de necesidades falsas que se encaminan a la única falsa necesidad del mantenimiento de su reino.
Guy Debord, La societé du spectacle

La forma actual de la sociedad no es en absoluto necesaria (en el sentido en que esto se entendería como algo natural) independientemente de la voluntad humana. Dicho de otra manera, si esta sociedad es la que es, se debe al desarrollo histórico que la ha producido; es el resultado de la dominación de una parte de esta sociedad sobre el conjunto de ella misma. El argumento -debería decir mejor la justificación- sobre la imposibilidad de vivir de otra manera, no indica sino la extensión de esta dominación. La permanencia de esta sociedad se debe en gran manera a su capacidad técnica de represión. Pero es también y sobre todo permitida por la ilusión que produce en cuanto a su inalterabilidad. Este sistema mantiene el mito de su poder total. Aquellos que pretenden que no se puede hacer nada contra él, confiesan más su sentimiento de impotencia y su pérdida de autonomía que la invulnerabilidad de dicho sistema.

A menudo, cuando hablamos de revolución con nuestros afines, surgen cuestiones angustiosas: pero -en el caso de una revolución- ¿cómo haremos sin estado? ¿sin jefes? ¿sin dinero? Las posibilidades de organización, diferentes de las que gobiernan actualmente nuestro día a día, parecen inquietantes -es decir, imposibles. Aquí vemos la marca de una creencia en la inmutabilidad de esta sociedad, el signo de un engaño inmenso sobre sus capacidades. Esta creencia se apoya sobre los hábitas de sumisión -conseguidos más eficazmente por la participación activa en este sistema que por la coacción y la fuerza- así como sobre la esperanza mantenida sobre la perfectibilidad de este mismo sistema (mañana será mejor que hoy) y de la cual la medicina nos ofrece los más inquietantes ejemplos.

Para combatir esta verdadera religión de la economía y de su tecnología, podemos apoyarnos sobre sus resultados nefastos así como sobre sus promesas imposibles. Si el reino de la economía parece perdurar también fácilmente, es porque pretende garantizar el confort. Pero ¿qué confort? ¡Aquí tenemos de nuevo un inmenso engaño! Se nos habla de confort cuando la vida de este planeta no se había vuelto jamás tan precaria. Podríamos enumerar todas las catástrofes pasadas, actuales o por venir. Esto se ha hecho ya numerosas veces sin gran resultado. Como mucho se ha despertado momentaneamente la atención de los individuos. Pero muy a menudo para perderse en los callejones de la falsa contestación dirigida por el poder y sus esbirros. El sentimiento de impotencia se traduce entonces necesariamente en una impotencia real. ¿Cómo salir de ella?

Afirmar nuestra concepción de la vida

No somos ni pesimistas ni optimistas. A pesar de las circunstancias desfavorables, seguimos defendiendo nuestra concepción de la vida y nuestros valores. Como lo ha escrito Jacques Philipponeau: “pero incluso aunque estos valores no vencieran nunca, nosotros debemos asegurar su perennidad durante nuestro tiempo aquí, pues es así como nosotros amamos vivir, así como trasnsmitirlos a la posteridad, como otros lo hicieron antes que nosotros”.
Permanecer en una constante amargura no resolverá nada. Contemplar el desastre para caer finalmente en el pesimismo tampoco. Sería contradecirnos y renegar de nosotros.

Nosotros que rechazamos este mundo, no debemos renunciar a querer cambiarlo. Somos conscientes de que ninguna fuerza de contestación al capitalismo está en condiciones de producir un revés a este sistema. ¿Qué hacer de estas condiciones? ¿Podemos hacer algo desde el el momento en que la inmesa mayoría de seres humanos parecen preferir todavía -o al menos aceptarlas de más o menos buen grado- las condiciones de supervivencia dictadas por la tecno-ciencia y la industrialización en lugar de una verdader libertad? No vamos a hablar en nombre de otros. Así, lo mejor que podríamos aún hacer es aplicar en la medida de lo posible, nuestra concepción de la vida y la libertad desde ahora. Podemos aplicarlas en nuestra crítica permanente del mundo como en nuestra tentativas de organización. Creo que no tiene que tratarse de criticar esperando ver lo que esta crítica producirá como efectos sobre aquellos que x. Ni que se trate de replegarnos sobre nosotros mismos en comunidades autárquicas, lo que acabaría en un deseo de huir ilusoriamente de un mundo que por los demás deberíamos afrontar.

Nos rebelamos contra esta sociedad porque somos libres y queremos continuar siéndolo. La tecnología pretende siempre siempre deshumanizar a los seres, reificarlos. En tanto que estemos en condiciones de oponernos a ello, de criticarlo, probaremos que no solamente ella no ha alcanzado sus fines, sino también que el “factor humano” permanece irreductible. Al hacer esto, echamos abajo el mito del omnipoder de la tecnología.

La cuestión que concierne a la emergencia posible de “comunidades” o de “x” está en el corazón de los debates que hoy mantienen los enemigos de la sociedad industrial. En el número precedente de este boletín, algunos han creido que yo pensaba que la constitución de tales reagrupamientos (en el campo y nada más, parece) era la única solución. Lejos de mi esta idea. Creo que por lo pronto, los individuos decididos a vivir de otra manera pueden y deben federarse. Soy favorable a la idea de tejer redes que permitan la conservación y la creación de modos de vida, de técnicas, de experiencias, etc. de acuerdo a nuestra filosofía de la vida, es decir, enfocadas a obtener la mayor autonomía posible, sin hacerse ilusiones sobre la realidad de nuestras capacidades. Es importante intentar hacerlo sin la sociedad industrial. Pero esto no es fácil. Una salida de esta sociedad -en el sentido pleno del término- significaría una revolución total y radical. Es entonces importante hacerlo contra esta sociedad. En definitiva, si creo que la constitución de x es necesaria, no creo que esto sea suficiente. Otras cosas pueden ser llevadas a cabo. Ya he dicho que para mi estaba fuera de propósito hacer una separación entre los que actuan y los que hacen, ni entre aquellos que intentan vivir de otra manera desde ya y aquellos que siguen “integrados” (la expresión no es afortunada, pero no se como explicarme) y sobrevivir del trabajo asalariado o de ingresos diversos. (Conviene sin embargo insistir sobre lo evidente, cuanto más integrados estamos más difícil nos es liberarnos de esta sociedad. Saber crear por sí mismos las bases materiales de la autonomía -siendo conscientes de esto sigue siendo relativo vistas las condiciones dominantes- no sería una cuestión a desdeñar). Sea cual sea el punto de vista adoptado sobre esta cuestión, conviene acordarnos de formar permanente, debatir, y reflexionar sobre nuestros medios de acción directa contra esta sociedad. En consecuencia, es necesario tejer entre nosotros, más allá de las diferencias y las fronteras, lazos de apoyo mutuo y de solidaridad, que nos permitan a la vez resistir pero también, en la medida de lo posible, pasar a la ofensiva.

Tales tentativas no tendran sentido sino en la medida en que ellas den testimonio de una ruptura con el capitalismo, de un rechazo radical de hacerlo perdurar, de una descalificación de sus valores y principios, al mismo tiempo que dichas tentativas serán la manifestación de una voluntad de crear condiciones de vida que permitan la expresión de la libertad humana. Nuestra crítica, tanto en palabras como en actos, debe ser la afirmación de nuestros valores. Ponemos siempre por delante la experiencia frente a cualquier ideología. Actuando así, intentaremos restablecer la verdadera relación dialécticaa entre las necesidades reales de la vida y la libertad, la relación entre la naturaleza (que no se trata evidentemente de idealizar ni de divinizar) y la humanidad.

Esta sociedad no tiene nada en sí misma de necesaria. No es solamente posible salir de ella sino también necesario, si queremos seguir siendo libres e intentar escapar al desastre que lleva dentro de sí, de salir de él. La única esperanza estará a continuación en la capacidad y la voluntad de los dominados para apropiarse de todo ello.

F.F.

11-a 

Extraido de Hommodolars

Introduccion

x un chuchesumadre de hommodolars

Asumimos que nos enfrentamos a un inmenso desafío al intentar, desde “dentro del capitalismo”, exponer sus contradicciones una vez que ya no existen márgenes o “afueras” que lo permitan. La tarea de aquellos que apuestan a la abolición de clases se torna mas difícil: como volver a las categorías que reflejan relaciones sociales básicas del capitalismo y permiten comprender nuestra propia practica; desarolladas y enriquecidas desde el propio movimiento del capital con el objetivo de confrontarlas a la verdadera “industria de cada aspecto/detalle de la vida” que amolda el terreno donde experimentamos nuestra vida cotidianamente.

Por eso a continuación extraemos unos fragmentos con definiciones que no pretenden ser dogmas ni pensamiento cristalizado, sino categorias que aluden a elementos presentes en nuestra realidad pero ocultados a modo de volver imposible comprender (y por tanto actuar) la esclavitud asalariada. No hablamos de “inventos” ni “novedades académicas”, tampoco de teorias alejadas de cualquier practica sino mas bien, teorizaciones criticas en torno a elementos fundamentales existentes en la totalidad que llamamos capitalismo. Su exposicion tiene como objetivo una vinculacion directa con la experiencia, a modo que lo que a continuacion presentamos no sea un puro “leer para repetir”, sino una incorporacion practica en la conciencia cotidiana, incitadora a la revuelta aqui y alla.

Solo dejar en claro que esto no pretende ser un manual, sino una provocación a un reconocimiento de lo que hacemos con lo que se ha teorizado, a modo de obtener un panorama amplio y rico para comprender mas lucidamente cómo nos explotan y dominan; para en contrapartida continuar ensayando metodos antagonicos a lo existente, sin dejar tiempo para un “momento adecuado”, sino que este es el momento, y lo que hagamos es una leccion que requerimos hoy para una sociedad que merece ser destruida antes que esta termine con nosotros

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sacado de comunismo difuso y otros

“Los conceptos mas importantes y verdaderos de la época son condicionados precisamente organizando alrededor de ellos la mayor confusión y los peores contrasentidos. Los conceptos vitales conocen a la vez los usos mas verdaderos y los mas mentirosos” (Internacional situacionista, 1966)

 

 

ComunismoUna de las palabras mas ensuciadas por la historia a partir de la degeneración de la revolución rusa de 1917, al punto que se habla de “Estado Comunista” para referirse, por ejemplo, al sistema de explotación capitalista que se aplica en China (nosotros preferimos hablar de “estalinismo”, para referirnos a esa forma de dominación capitalista

Comunismo viene de comuna, y designa una comunidad humana no alienada ni por el trabajo ni por el Estado. La mayor parte de su historia la humanidad vivió en el llamado “comunismo primitivo”, hasta el surgimiento de clases y poderes separados de la comunidad.

En algún momento Marx dijo que el comunismo no es un estado ideal a alcanzar algún día, sino “el movimiento real que suprime/subvierte las condiciones existentes”. En este sentido “existe desde ahora, no como sociedad ya establecida, sino como esfuerzo, como tarea para prepararla. Es el movimiento que tiende a abolir las condiciones de existencia determinadas por el trabajo asalariado, y las deja abolidas efectivamente por la revolución” (Dauvé). De ahí que hablemos de un “comunismo difuso” que nunca ha dejado de existir.

Por eso, han sido “comunistas” todos los movimientos que, desde el surgimiento de las clases y el Estado, apuntan a su destrucción, aunque a veces se expresen en forma inconciente o con un lenguaje mesiánico, religioso o utópico. Pues tal como señala la corriente insurrecionalista, “una ruptura en la reproducción continua de este sistema de explotación y opresión ha sido siempre posible” (Killing King Abacus)

En tanto movimiento unitario y antiestatal, el comunismo es por definición, anárquico. Pese a que para muchos marxistas lo denunciable en el capitalismo es la “anarquía de la producción”, para nosotros la Anarquía consiste en el combate permanente contra el Estado y todo poder separado. Y al igual que el comunismo “es una cuestión de ser”

Invariante, 1969

Tal vez la mejor definición reciente de comunismo es esta:“Cualquier definición económica del comunismo sigue estando dentro de la esfera de la economía, esto es, la separación de los momentos de la producción del resto de la vida. El comunismo no es una sociedad que alimentaría adecuadamente al hambriento, cuidaría al enfermo, alojaría al que no tiene casa, etc. No puede basarse en la satisfacción de las necesidades tal como existen hoy o incluso como podríamos imaginarlas en el futuro. El comunismo no produce suficiente para cada cual y lo distribuye equitativamente entre nosotros. Es un mundo en el que la gente entra en relaciones y actos que (entre otras cosas) dan como resultado que sean capaces de alimentarse, cuidarse, alojarse…ellos mismos. El comunismo no es una organización social. Es una actividad. Es una comunidad humana”

Declive y Resurgimiento de la Perspectiva Comunista. Introducción a la edición de 2002.

También Ver:

Comunismo: elementos para la reflexión

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Comunizacion:

“El termino inmediatamente evoca varios experimentos sociales e intentonas revolucionarias desde la Comuna de Paris y las comunidades socialistas utópicas en el siglo 19 a varios intentos contra-culturales de reconstituir las relaciones sociales en un nivel mas comunitario tales como la escena okupa en los 70 y 80´s. La tendencia Tiquun-conocida como “El Comité Invisible” luego del libroLa Insurrección que viene, disponible íntegramente en el sitio Caosmosis- se basa en esta larga historia del antagonismo secesionista. Ellos ven la comunizacion como siendo esencialmente la producción, a través de la formación de “comunas”, de formas colectivas de subjetividad radical. Esto desestabiliza la producción de subjetividad y valor tanto dentro del capital como de formas más tradicionales de organización política, conduciendo eventualmente a una ruptura insurreccional. La “Comunne” en esta versión no es necesariamente una manga de jipis aspirando a una vida libre de contaminantes.

En “La insurrección que viene”, una comuna es todo aquello que “busca destruir toda dependencia económica y toda dominación política”, desde las huelgas salvajes a Radio Alice en Bologna en 1977. Sin perder completamente el punto, existe en esta postura un riesgo a oscurecer la especificidad de “comunizacion” en tanto concepto y forma de praxis que, como ha señalado Enanotes, emergió dentro del medio ultra izquierdista post68 y más tarde en el anarquismo insurrecionalista a través de Alfredo Bonnano. Una definición mínima de comunizacion podría ser, como la formularon Dauvé y Francois Martin en 1972, la siguiente:

“el comunismo no es un conjunto de medidas para poner en practica después de la toma del poder….Todos los movimientos pasados fueron capaces de llevar la sociedad a una pausa y esperar que algo surja de esta parálisis universal. La comunizacion, por el contrario, circulara bienes prescindiendo del dinero, abrirá las puertas que aíslan a las fabricas de su entorno, cerrara las fabricas en las que el proceso de trabajo sea demasiado alienante como para poder mejorarse, eliminara la escuela entendida como centro especializado para adolescentes en el que se disocia la teoría de la praxis, derribara los muros que obligan a las personas a vivir encerradas con la familia en celdas de tres habitaciones; en resumen, tendera a eliminar todas las separaciones…”

De un texto de Jhon Cunningham sobre “Introducción a la comunizacion contemporánea”, tomado de www.linbcom.org traducido y levemente modificado.

Nota: Agregamos también una definición de “Comunización: una ’llamada’ y una ’invitación’

Publicado en Troploin, septiembre 2004” Sacado de Comunizacion

“Hablar de comunización es afirmar que la futura revolución no tendrá ningún sentido emancipador ni posibilidad de éxito a menos que despliegue desde sus comienzos una transformación comunista en todos los planos, desde la producción de alimentos hasta el modo de comerlos, pasando por la forma en que nos desplazamos, dónde vivimos, cómo aprendemos, viajamos, leemos, el modo en que nos entregamos al ocio, amamos y odiamos, discutimos y decidimos nuestro futuro, etc. Este proceso no sustituye, sino que acompaña y refuerza la destrucción (necesariamente violenta) del Estado y de las instituciones políticas que sostienen la mercancía y la explotación salarial. Esta transformación, que se dará a escala planetaria, se extenderá sin duda a lo largo de generaciones, pero no dependerá de que se hayan creado previamente las bases de una sociedad futura, destinada a realizarse únicamente después de una fase más o menos larga de “transición”. Esta transformación no sería una mera consecuencia de la conquista (o la demolición) del poder político, que posteriormente daría paso a un trastorno social. Ella sería lo contrario de lo que resume la fórmula de Víctor Serge (entonces bolchevique), que escribió en 1921: “Toda revolución es un sacrificio del presente en nombre del futuro” [2]. Para decirlo positivamente: no se trata solamente de hacer, sino de ser la revolución.

[1] R.Simon, BP 17, 84300 les Vignères. [http://theoriecommuniste.communisat...]

[2] Les anarchistes et l’expérience de la Révolution russe, 1921, reproducido en Mémoires d’un révolutionnaire Laffont, coll. Libros.

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Proletariado

Expresión que proviene del antiguo Imperio Romano, una sociedad de clases donde se denomina “proletarios” a quienes no tenían propiedades pero aportaban con su descendencia (“prole”) como carne de cañón para los ejércitos. El más notorio héroe proletario de esa época fue Espartaco.

En la era del capitalismo moderno (que surge mas o menos a fines del siglo XVI pero recién en el siglo XIX se impone definitiva y globalmente), proletarios son quienes están obligados a vender su fuerza de trabajo para no morir (pues tal como expresaban Los Jorobados en su canción “Estado de tensión”: ¡de algo hay que vivir!, y como decían los camaradas situacionistas, la alternativa para la mayoría de la humanidad hoy es morir de hambre, o de aburrimiento)

Dado que el proletariado vive en función del trabajo, incluso su “tiempo libre” es parte de la esclavitud moderna, pues solo lo puede usar para reponer fuerzas y seguir trabajando. Tanto los que quedan fuera del mercado de trabajo (cesantes y presos) como los estudiantes de básica y media y las llamadas “duelas de cada” forman también sectores específicos del proletariado en la fabrica social que se extiende por toda la superficie terrestre.

Por mucho tiempo ha dominado la idea de que el proletariado se define en sentido positivo: persona que produce plusvalía (absoluta o relativa) para un capitalista. Pero cuando el proletariado se revoluciona se define mas bien por su negatividad: la clase que puede rechazar la dominación capitalista en bloque, y que al destruir la ultima sociedad de clases de la historia se destruye también a si mismo. Una vez más, Dauvé lo ha dicho antes y mejor: si se identifica proletariado y obrero, trabajador, entonces no se ve lo que hay de subversivo en la condición de proletariado. El proletariado es la negación de esta sociedad.

Nota: Agregamos en este punto una crítica a la idea de confundir proletariado con obrero. Sacado de cuadernos de negación Nº que su vez es sacado de www.ing-soc.blogspot.com

“El obrerismo es una forma de ideología capitalista, endémica entre los autodefinidos revolucionarios. Es una ideología que fomenta la aceptación de la relación labor-sueldo entre individuos que se han dado cuenta de la explotación que ésta conlleva. Es, por lo tanto, una de las más elevadas formas de alienación. La veneración por el obrero se encuentra en varias ideologías estatistas, como el estalinismo y el nazismo. Los trabajadores son honrados por su rol de constructores de la nación, el estado y el capital. El obrerismo venera el trabajo manual, el “trabajo con martillos”. Su visión del proletariado es el “hombre musculoso”. Mediante el rechazo del trabajo comercial y de oficinas, rechaza a una gran parte de trabajadoras asalariadas, revelándose a si mismo también como sexista. El obrerismo ha estado presente en el movimiento obrero desde el principio. Las primeras sociedades obreras, de inspiración cristiana, veneraban la honradez y el trabajo. Este moralismo linda con el obrerismo, el bastión remanente de la ideología cristiana en el movimiento obrero.

[...] El obrerismo lidia con el fracaso histórico de su teoría no mediante la corrección de su teoría sino mediante la falsificación histórica, en cada caso el rol jugado por los no-obreros es denegado o minimizado. La teoría revolucionaria en cambio analiza los eventos reales para luego entender los momentos de debilidad en el capitalismo. Los obreros productivos, según los obreristas, mantienen una posición crucial debido a que puede, dejando de trabajar, destruir al capitalismo. En realidad la importancia de éstos está sobrevaluada, debido a que la producción es solo una parte del ciclo acumulativo del valor. Los trabajadores de las ramas de la comunicación y distribución son también una fuerza poderosa. Una huelga de trabajadores bancarios puede tener un mayor efecto para el capital que una de obreros automotrices. A su vez, una ola de disturbios urbanos puede tener más efecto que ambas juntas. La búsqueda de facciones cruciales dentro del proletariado, cuya lucha se vea privilegiada, revela la perspectiva jerárquica que mantiene el obrerista. Surge de la visión de que el comunismo es un programa ya encuadrado que sólo necesita de tropas para ser llevado a cabo. Esto refleja la resaca del antiguo socialismo de la 2da y 3ra internacional en sus facetas socialdemócratas, leninistas o sindicalistas. Esta teoría ve a la lucha de clases como una guerra (burguesa) con soldados y generales. El revolucionario profesional determina el programa y los obreros lo ponen en práctica. El obrerismo y el intelectualismo son opuestos pero no se contraponen, se complementan el uno al otro, el pensamiento y la acción están separados, los trabajadores deben poner las ideas de los teóricos en práctica. Los obreristas a menudo tienen su propia crítica de los intelectuales y no para el mismo obrerista. El sujeto revolucionario no son los trabajadores productivos, ni siquiera los obreros: es el proletariado, aquellos sin poder social o capital económico, que no tienen nada excepto sus cadenas para perder. Además, los estratos no-proletarios pueden jugar un rol totalmente activo en un contexto revolucionario si el proletariado mismo está en actividad. La meta del movimiento comunista, entonces, no es la de lograr el Estado de los trabajadores: es la abolición de todas las clases sociales para lograr la comunidad humana, creada mediante la lucha anticapitalista.”

Además para ver:

¿Proletario yo? Contribución a la definición del proletariado

No somos ciudadan@s, somos proletari@s

Critica al obrerismo como ideología que requiere ser expulsada del proletariado

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Sabotaje:

Practica ofensiva directa contra la dictadura del capital en todas las áreas de nuestra vida, surgida desde la subjetividad individual o la conciliación espontánea de subjetividades que se rebelan como “tercera fuerza” (Vaneigem), en un lugar y momento, contra la mercantilización de la vida humana y la naturaleza y las falsas contestaciones de la política burocrática de partidos, sindicatos y su “democracia”. El nombre proviene de unos zapatos de madera llamados “Sabots”, que en Francia fueron usados por obreros para destruir maquinaria.

A diferencia del “terrorismo” (profesionalización del sabotaje con una carga militarista, jerárquica y centralizada), lo que referimos incluye todas las manifestaciones cotidianas (abuso de telefonía, impresoras, fotocopiadoras, consumo y expropiación de productos, robo hormiga, estropeo de maquinas de producción y sistemas de control, etc.) y no solo los ataques mas explícitos (quemas, saqueos y apedreos contra objetivos claros, destrucción de mobiliario urbano publico y privado, desperfectos en cerraduras de carnicerías y lugares de explotación, desvíos de publicidad, etc.) sino que todas las formas activas o pasivas, conscientes o inconcientes de RECHAZO. Una de las características más importantes del sabotaje disperso es la invisibilidad, flexibilidad y el riesgo mínimo, ya que la regeneración de los grupos es constante y muy difícil de identificar por la policía, debido a la inexistencia de un cabecilla y una organización en sentido típico.

El sabotaje no asegura la caída del sistema en su totalidad, pero permite la liberación de energía negativa de nuestro cuerpo/siquis, así como una ampliación de las posibilidades de contestación de manera directa e incluso lúdica.

Otras practicas históricas de sabotaje las encontramos en los Ludditas, las “rondas proletarias” del siglo XIX y acciones de los campesinos rusos contra la industrialización forzosa estalinista en el siglo pasado, pero basta mirar un poco por todas partes para encontrar muchas formas actuales no siempre tan evidentes.

Tambien para ver:

Algunas cuestiones sobre el concepto de espectáculo y su utilidad para una crítica practica efectiva al capital

androide

No es exactamente la tecnología en sí, sino el sistema tecnológico en su conjunto y la técnica. Nuestra realidad, nuestro día a día, viene dado por las necesidades del tecnosistema. Si vivimos hacinados en ciudades, destruimos los “recursos” naturales del planeta, contaminamos el medio ambiente o tenemos una vida sumamente regulada y vigilada es única y exclusivamente porqué el tecnosistema lo requiere para continuar progresando. Nuestra vida y nuestra libertad están supeditadas al progreso y a la continuidad del tecnosistema, cualquier otro asunto es secundario aunque vaya contra nosotros. El tecnosistema anula o destruye lo que haga falta para continuar su curso, es destacable su necesidad de destruir la libertad de las personas, los animales y el medio ambiente para salir adelante. Podemos afirmar que en nuestra sociedad no importan otras consecuencias que no sean la supervivencia y expansión del tecnosistema. Piensa sino en temas como el debate nuclear, la protección de zonas naturales, los derechos indígenas, el derecho a la privacidad, la caza de ballenas o la prohibición de los transgénicos, todo eso es pisoteado sin titubear en cuanto entorpece el progreso del tecnosistema. El ejemplo de las ballenas es paradigmático pues pese a estar en serio peligro de extinción se sigue permitiendo su caza siempre que sea con fines científicos. No tiene nada que ver con la izquierda o con la derecha, con el comunismo, la globalización o la democracia, es, simple y llanamente, que la prioridad absoluta la tienen el tecnosistema, la tecnología y la técnica, y lo demás no importa.

Uno podría pensar que el tecnosistema es en realidad “la avaricia” o las ganas de enriquecerse sin fin que tienen algunas grandes empresas y personas poderosas que no se detienen ante nada ni ante nadie con tal de ganar más dinero. La diferencia estriba en que las ganas de enriquecerse sin fin han formado parte de la actitud humana desde mucho antes del surgimiento del tecnosistema, dicha actitud sin duda ha creado un gran sufrimiento y malestar pero éste siempre ha sido proporcional a la tecnología y a la técnica disponibles, por lo tanto en el pasado los planes de estas grandes empresas y personas poderosas solo podían tener la intensidad que la tecnología y la técnica del momento les permitían.

En la actualidad debido a los avances de la tecnología y de la técnica grandes empresas y organizaciones han extendido su influencia, su poder y sus consecuencias a todos los rincones del mundo y han multiplicado exponencialmente los desagradables efectos que sus actitudes provocan, las víctimas que antiguamente podían resistir o intentar huir ante estas actitudes no tienen ahora opción de hacerlo o si la tienen ésta ha quedado enormemente diezmada debido principalmente a que el tecnosistema, la tecnología y la técnica juegan siempre en contra del individuo o de la pequeña comunidad y a favor de la gran empresa, u organización, ya sea pública o privada. Eliminando el tecnosistema ciertamente no nos desharíamos completamente de “la avaricia” o de estas ganas de enriquecerse sin fin pero su capacidad, radio de actuación y potencia se verían enormemente disminuidas.

¿Así pues, qué es el tecnosistema? El tecnosistema se puede visualizar como un amplificador. La avaricia antes mencionada, la destrucción de la naturaleza, el control y la regulación exhaustiva de nuestras vidas, el hecho que dependamos de decisiones tomadas por gente que ni conocemos ni podemos influir, el surgimiento de enfermedades mentales etc., se ven amplificados exponencialmente por los “avances” tecnológicos que o bien hacen que la destrucción y el control sean más fáciles o bien nos desnaturalizan todavía más y nos hacen más dependientes del tecnosistema. Muchas personas disconformes buscan rebelarse y para ello atacan los problemas por separado, que son muchos, nosotros en cambio creemos que se debe atacar al amplificador de dichos problemas, es decir, el tecnosistema, la tecnología y la técnica, ya que son la herramienta que lo hacen realmente peligrosos.

La agricultura moderna, los medios de transporte rápidos, las telecomunicaciones, los motores de explosión y eléctricos, las armas de fuego, la psicología, la psiquiatría y la energía barata entre otros hacen que la Élite de Poder pueda llevar a cabo una destrucción de la naturaleza y un control de nuestra vida cada vez mayor, y no solo es que pueda, es que necesita hacerlo cada vez más para que el tecnosistema siga progresando.

La destrucción de la naturaleza y el control y la regulación de la vida humana son proporcionales a la tecnología disponible. Véase por ejemplo el caso de la República Federal Alemana, bajo ese régimen político la vida estaba sumamente regulada y vigilada por causas políticas pero gracias a la tecnología del momento. Si la STASI hubiese dispuesto de tecnología actual cómo cámaras de video vigilancia a bajo coste que extender por toda la ciudad, ficheros informatizados con toda la información que se quisiese, control del movimiento de la población por el teléfono móvil, imágenes por satélite o internet por nombrar algunos, la vida de los ciudadanos de esa zona habría estado muchísimo más regulada y vigilada de lo que lo estuvo. Si la STASI no tenía una cámara de video en cada esquina o en cada casa era porqué no se lo podían permitir ya que esa tecnología no estaba suficientemente desarrollada, era demasiado cara y difícil de centralizar. Si no tenían una computadora escaneando los emails de toda la población era porqué la población no disponía de email, si tenían a filas de personas abriendo todo el correo que entraba y salía de la zona era porqué no existía una máquina capaz de “leer”, escanear, guardar, y buscar palabras clave en las comunicaciones escritas, si hubiese existido la habrían utilizado. Por lo tanto la intensidad del control de la población en la República Federal Alemana estaba más supeditada a la tecnología disponible que a las características políticas de la zona. Evidentemente la voluntad política de los que mandaban o el modelo político que seguían, influía en el deseo de querer o tener que controlar a la población pero por muy grande que fuese ese deseo o esa necesidad solo se podía llevar a cabo en función de la tecnología disponible, por lo tanto la tecnología influía mucho más en el control de la población que la política.

De la misma manera si los españoles que fueron a las Américas a buscar oro hubiesen dispuesto de motores eléctricos o de explosión, capacidad de construir carreteras y maquinaria con la que mover tierras la destrucción de la naturaleza en América y de los pueblos indígenas hubiese sido exponencialmente mayor. La destrucción fue equivalente a la tecnología disponible, si no se destruyó más fue porque no se pudo, no porque no se quiso.

Si todo el planeta optase por una opción política lo menos controladora y destructiva posible nosotros nos seguiríamos oponiendo al tecnosistema pues en cualquier momento el modelo político podría cambiar y las herramientas tecnológicas y la técnica estarían allí para continuar con la destrucción de la naturaleza y el control de la población.

Hemos puesto ejemplos de países no democráticos pero eso no significa que la democracia anule el efecto del tecnosistema, la tecnología y la técnica dentro de países democráticos. En la actualidad en el Reino Unido se está desarrollando lo que algunos británicos llaman el surgimiento del “database State” (el Estado base de datos), un progreso tecnológico y técnico que permitirá al Estado almacenar y centralizar grandes cantidades de información sobre la vida de las personas creando un perfil informático guardado en enormes bases de datos a las que “solo el gobierno tendrá acceso”. La información que incluirá puede ir desde páginas webs visitadas por la persona a llamadas realizadas, historiales médicos, compras hechas con tarjeta de crédito o cualquier otro dato que pueda ser procesado informáticamente. Todo unificado en una sola ficha informática. No hay duda que a la STASI le hubiese encantado poder utilizar estos avances y que la única razón por la que no lo hizo fue porque no existían. Si hablamos de democracia podemos observar también que la mayor destrucción de la naturaleza, algo sin precedentes en la historia de la humanidad, está llevándose a cabo por organizaciones o gobiernos de países democráticos y por sus Élites de Poder.

El único hecho destacable de la democracia es que tiende a destruir la naturaleza de manera brutal preferentemente fuera de sus fronteras, aunque eso no quiere decir que dentro la deje intacta, ni mucho menos.

En el caso del comunismo o las dictaduras de extrema derecha no creemos necesario desperdiciar tiempo indicando el poco aprecio que estas corrientes de pensamiento le tienen a la naturaleza, pues es de dominio público.

Si el tecnosistema no nos ha destruido es porque nos necesita. Necesita a las clases bajas para realizar las tareas más tediosas, a las clases medias para controlar el trabajo de las bajas y para desarrollar tareas más técnicas y cualificadas, a las clases altas para controlar a las clases bajas y medias en su trabajo y a la Élite de Poder para controlar el conjunto. Invertir el orden de los factores no alterará el producto, si acaso la sociedad será más o menos eficiente o más o menos represiva, pero seguiremos teniendo el tecnosistema.

Dejar en las manos del tecnosistema la solución de los problemas creados por el mismo tecnosistema carece de sentido.

¿No moriría mucha gente si el tecnosistema se desmantelase? Sí. Si de verdad te importan los números ten en cuenta que cuanto más se expanda la tecnología más aumentará la población y más probable y catastrófico será su colapso, si al final el sistema acaba colapsándose por si mismo dentro de doscientos años morirá mucha más gente que si se colapsase ahora ya que la población seguirá creciendo.

¿Y si el sistema no se colapsa? Puesto que la población seguirá incrementándose mientras haya alimentos disponibles inevitablemente llegará el momento en el que nuestras vidas y sobretodo nuestra capacidad de reproducción deberán organizarse de manera sumamente eficiente. Eso quiere decir que el Estado, la Élite o quién quiera que esté al cargo de la situación decidirá, entre muchas otras cosas, si puedes tener hijos o no y cuantos puedes tener. Para poder decidir esto y llevar a cabo su decisión de manera eficaz nuestras vidas deberán estar sumamente controladas y reguladas pues de lo contrario la gente conseguirá burlar estas normas y las medidas de control de la natalidad fracasarán. Sostenemos que una vida tan sumamente controlada, regulada y organizada por parte de terceras personas es inhumana, antinatural y no merece la pena ser vivida. Por otra parte la destrucción y modificación irreversible de la naturaleza continuará avanzando, cosa a la que también nos oponemos.

¿La antitecnología quiere decir que debería vivir una vida libre de tecnología, dejar mi móvil, vender el coche o renunciar a la electricidad? La antitecnología no es una ideología para decirle a nadie como vivir, tampoco sirve para diseñar un mundo ideal. Su única finalidad es detener y hacer retroceder hasta el final al sistema tecnológico en su conjunto.

Insisto, ¿debería deshacerme de mi móvil e irme a vivir al monte? Haz lo que quieras pero es totalmente irrelevante para esta discusión que tengas móvil o no. El tecnosistema nos ha inculcado que “podemos cambiar las cosas con nuestros hábitos de consumo” pero eso no es nada más que una falacia, de la misma manera que los problemas de agua del mundo no se van a resolver porqué dejes de ducharte el problema tecnológico no se resolverá porqué tu personalmente te desconectes de él aunque, evidentemente, el desconectarte te aportará muchos beneficios personales.

¿Cómo será la vida si el sistema tecnológico se detiene? La vida sin el tecnosistema será dura y probablemente brutal, pues carecemos de la tradición y cultura necesarias para estar preparados, hemos sido modelados para depender de forma absoluta del tecnosistema, pero ¿cómo será la vida si dejamos que el tecnosistema siga expandiéndose indefinidamente? La vida sin el tecnosistema estará marcada por dos hechos evidentes, en primer lugar la gente vivirá lo más cerca posible de la naturaleza ya que esta será la que proveerá el alimento y en segundo lugar las herramientas amplificadoras de la destrucción de la naturaleza y del control y la regulación de la vida de la gente estarán fuertemente diezmadas.

0175218_picgaleria¿Os interesan cosas como la liberación animal, los derechos de los homosexuales, la justicia social o el cese de la brutalidad policial?*

La mayoría de esos temas, al ser atacados por separado distraen la atención del problema principal, la tecnología. La única excepción destacable la encontramos en la Liberación Animal debido a las peculiaridades
del movimiento liberacionista. Partiendo de que propugnamos la liberación animal hasta las últimas consecuencias, pues el ser humano es un mamífero como tantos, quizá la cuestión es si nos interesa sacar de sus celdas a todos esos animales que el mundo moderno emplea para su consumo diario. La respuesta es sí.
Por ello apoyamos al movimiento de Liberación Animal, a cuyos integrantes consideramos gente preparada y valiente, con las ideas claras y, por supuesto y quizá más importante, con el suficiente coraje como para llevarlas a la práctica.

Sin embargo, en el movimiento de Liberación Animal existe gente que hace especial hincapié en la lucha por los animales no-humanos, se efectúa una separación entre ellos y nosotros, ellos a quienes se permite comerse entre sí, como si fueran una especie de disminuidos mentales que no saben lo que hacen, y nosotros, los hiper-racionales humanos, que deberíamos cuestionarnos la moralidad de todos los actos que llevamos a cabo
diariamente, independientemente del medio en que nos encontremos.

Sin embargo, siendo racionales de nuevo, analizando las diferentes situaciones, podríamos concluir que una población urbana o agrícola vegana que precisase de alimentar a una gran cantidad de personas, probablemente causara un daño mayor al ecosistema (y por tanto a los animales y plantas que viven en él), que una tribu como los Sami de Escandinavia, que se alimentan mayoritariamente de animales no-humanos.

Los conflictos, por tanto, con algunos de los integrantes del movimiento de liberación animal, se centrarían en algo tan simple como el alimento que ingerimos diariamente, y no tanto en el hecho de que sus acciones podrían no estar atacando al sistema “donde más le duele”.

Consideramos que la idea de que alimentarse de otros animales es un crimen es relativa y depende de las condiciones en que dichos animales han vivido sus vidas. En un contexto libre del tecnosistema, autosuficiente e integrado en el medio, el uso de animales para la alimentación en la medida en que fuere necesario implicaría poco o nulo poder sobre el resto de especies animales, y por tanto, no sería necesario cuestionarse la “bondad” o “maldad” inherente a estos actos cotidianos, ya que se habrían abolido las herramientas que amplifican el poder autoritario del hombre sobre la naturaleza en todas sus formas.

Sin tomar como referencia nuestra propia dieta (pues no existe un denominador común entre quienes escribimos estas líneas), podríamos decir que no nos posicionamos a favor de la dieta vegana por motivos que explicamos a continuación:

-La sociedad industrial precisa de la destrucción de los ecosistemas, de la explotación de los diferentes recursos (animales humanos o no), de la esclavitud, de la ordenación del territorio (y por tanto, de la fauna y flora), de la aniquilación y modificación irreversible de la vida salvaje, para obtener los medios necesarios con los que saciar sus fines. ¿Qué fines? En esencia, los mismos que toda sociedad humana. La sociedad moderna no puede,
como la realidad evidencia, satisfacer sus propias necesidades de otra manera, y mientras lo intenta fútilmente, aniquila cualquier otra posibilidad de sociedad, tanto futura como presente.

-En este contexto sólo quedan tres formas de ser vegano:

·Como consumidor corriente: comprando en supermercados y tiendas especializadas.

·Como freegan: practicando el reciclaje (o “dumpster diving”) y rechazando todo producto no vegano (a pesar de que su consumo no implica ningún tipo de colaboración con el proceso de producción de dicho producto)

·Como horticultor: cultivando los alimentos en un terreno o en la ciudad.

-La primera opción apoya al mismo sistema que tortura y mata a los animales (humanos o no). Los productos provienen de monocultivos en todo el mundo, para los que ha sido necesaria la destrucción de grandes extensiones de naturaleza salvaje, el desplazamiento de las poblaciones autóctonas, contaminación, industrialización, energía barata, grandes medios de transporte, maquinaria… Ello implica no ya la tortura y asesinato de animales domésticos criados para tal fin, sino el genocidio de los últimos individuos libres, del
mismo modo que se practica el etnocidio (genocidio cultural): nativos en América del Norte y del Sur, en África, en Asia… Un ejemplo poco adecuado sería la soja (pues actualmente existen veganos que se oponen al consumo de soja), cuyo cultivo implica no sólo deforestación de un importante número de hectáreas en el Amazonas sino también el avance de tecnologías de modificación genética, además de las consecuencias sobre el
suelo: la tierra se vuelve infértil, se producen también consecuencias sobre el ecosistema: reacción imprevisible de la modificación genética. El vegano, por tanto, no lucharía en este caso de ningún modo contra el sistema: simplemente modificaría la forma en que lo apoya.

-La segunda opción es razonablemente útil en el contexto urbano, pues el vegano no consume y por tanto no apoya al sistema en la medida en que no participa en el proceso de producción-consumo. El freegan podría, en cualquier caso, reciclar cualquier tipo de producto sin apoyar a la industria alimenticia, pero el freegan vegano se opone. Podría parecer respetable. Sin embargo, la ética que se encuentra tras este modo de pensar es bastante cuestionable:

·Prácticamente todas las sociedades autosuficientes de pueblos autóctonos actualmente existentes en el planeta practican algún tipo de consumo de animales, según el ecosistema y la sociedad en concreto, este consumo de carne/pescado puede variar del 10-20 % (los bosquimanos en África estudiados por Richard Lee daban gran importancia a la recolección de mongo-mongo, los enawene nawe de Brasil practican la pesca, el cultivo y la recolección, y no se alimentan de carne, los yanomami del Amazonas estudiados por Jacques Lizot y de quienes podemos encontrar montones de referencias en las obras de Pierre Clastres y Marvin Harris, cultivan plátanos en sus huertas nómadas, cazan y recolectan, …), al 90% (inuit).

Esto les permite continuar su modo de vida. La ética de sus prácticas es incuestionable: se comportan como los animales humanos que son, no abusan de ningún recurso, no cazan ni pescan ni recolectan ni cultivan más de lo que necesitan. Si optaran por cultivar exclusivamente, precisarían de arrasar una gran cantidad de terreno para saciar a sus gentes y estarían despreciando el resto de fuentes de alimento, al mismo tiempo que  domesticarían a la naturaleza salvaje.

Quién se opone a la forma en que estas gentes se relacionan con su entorno y se posiciona a favor de educarles para que cambien es un autoritario que no ha comprendido que una cultura sólo puede sobrevivir modificando lo que en ella se encuentra erróneo a través de la acción autoemancipadora de sus propios miembros, además de propugnar una forma de economía incompatible con la naturaleza salvaje que otorga un lugar preponderante al cultivo, el cual es la menos ecológica de las formas de obtener el sustento que los seres humanos poseen.

-Como horticultor:

·en la ciudad: pese a que adquirir una autosuficiencia alimenticia en el entorno urbano resulta bastante difícil, en caso de darse esta posibilidad, resulta una útil herramienta contra la lógica de la producción-consumo de la sociedad moderna.
·en un terreno situado en (o cerca de) la naturaleza salvaje:

Una producción vegana no industrial combinada con la recolección, basada en el esfuerzo propio y hecha totalmente al margen del tecnosistema nos parece una opción muy respetable aunque probablemente sólo sea aplicable a algunos tipos de suelo y de clima.

Sin embargo insistimos en que mediante el “consumo responsable” no se consigue derribar al gigante ni cambiar nada de forma efectiva, el consumo responsable es un timo muy defendido por la progresía, para intentar desactivar los deseos de muchos individuos que se están planteando seriamente el activismo.

Por otra parte practicar una sola forma de economía renunciando a todas las demás establece una separación evidente entre el grupo humano y la naturaleza. Más aún si se utilizan productos, semillas o maquinaria procedente del sistema tecnoindustrial. En este caso la supuesta ética que regiría esta dieta y tipo de producción se encontraría en contradicción consigo misma pues estaría apoyándose y dependiendo del tecnosistema y, por lo tanto, en términos generales, fomentando el sufrimiento animal.

Teniendo en cuenta todos los puntos anteriormente definidos, la dieta vegana no parece necesaria para contribuir a la liberación animal, mientras que el desmantelamiento total y absoluto de la sociedad moderna se muestra como el único medio objetivamente útil en pos de obtener dicha liberación (tanto humana como no-humana).

Si bien los grupos de liberación animal (sigan o no una estricta dieta vegana) no contribuyen al desmantelamiento de la sociedad moderna per se, liberando ciertas cantidades de animales en ciertos momentos concretos, sí que hacen daño a ciertos sectores del sistema industrial y sus acciones contienen un gran valor simbólico, además de inspirar a gran cantidad de personas y de servir para la evolución y el aprendizaje de los propios activistas.

Por ello, los apoyaremos siempre y cuando sus acciones no impliquen un riesgo para la
naturaleza salvaje: por ejemplo permitiendo que especies alóctonas desplacen a las
especies autóctonas, soltando animales liberados en ecosistemas que no les son propios.
La liberación de la Tierra, la construcción de comunidades autosuficientes, la destrucción
de la civilización, la liberación animal en conjunto, es un proceso largo, costoso,
ambicioso e imprescindible. Pese a que críticas como la que realiza Ted Kaczynski en
“Golpear donde duele” son de notable importancia para la comprensión del actual estado
de las cosas, en algunos casos podrían impulsar a los individuos a encontrarse ante el
dilema de, o bien hacer algo determinante, o bien no hacer nada, ante lo que quizá muchos
responderían no haciendo nada.

Las pequeñas acciones contra el sistema no sólo son importantes en la medida en que
contribuyen a la destrucción del sistema, sino también en la medida en que contribuyen a
la formación de individuos libres, preparados, conscientes de sus capacidades y limitaciones, valientes y capaces de luchar por lo que pretenden.

Por ello, larga vida al Frente de Liberación Animal (ALF) y al Frente de Liberación de la Tierra (ELF).

Por el apremio de multiplicar las acciones tanto dentro como fuera de las cárceles, así como la urgente necesidad de retroalimentación que debiese existir entre estos dos mundos que al fin y al cabo viven las mismas contradicciones (llevadas al limite en las mazmorras) a las que somos empujados por un enemigo que ya desde su nacimiento nos ha declarado la guerra, es que nos aventuramos a proponer desde la acción un combate frente al aislamiento, combate que hace algún tiempo fue ganado por aquellos que se atrevieron en su momento a perder el miedo, y combate del cual hoy pareciese no quedar vestigio alguno (esto ultimo sin el afán de querer ofender ha aquellos que sacaron valiosas lecciones de esas experiencias).

El crecimiento de las prácticas anti-autoritarias sin lugar a dudas tiene como uno de sus grandes precursores, en lo que se refiere a la dinámica que se ha gestado al interior del estado chileno en la ultima década del Siglo XX, la retroalimentación entre presos políticos y sus solidarios que nació a partir del encarcelamiento de los ex miembros del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL) y toda una hacendosa tarea que se fue produciendo desde el colectivo denominado “Camina Libre” (solo como ejemplo ya que después de este existieron otras iniciativas), todo esto significó por una parte grandes logros que podrían ser agrupados en tres resultados: 1- la ruptura del aislamiento entre los presos, así llamados políticos, y quienes lucharon en las calles manifestando su solidaridad hacia ellos, 2- la fuerza propagandística con la cual se desbordó la opinión publica logrando que el problema de los compañeros secuestrados no pasase inadvertido, y 3- los resultados en cuanto a hermanos liberados gracias a las acciones llevadas acabo tanto dentro de la cárcel como fuera de ellas. Por otro lado, lo ya descrito significó y significa una rica experiencia para todos aquellos que dan pelea al estado-capital en el hoy y en el mañana, pero pese a esto es difícil entender cómo en el presente son tan reducidas las acciones solidarias hacia los guerreros que están tras las rejas.

Son precisamente estas prácticas de solidaridad y valentía las que queremos revitalizar y encontramos que para ello no existe ningún argumento que se pueda posicionar en contra, muchos son los que no están dispuestos a accionar en la diversidad de formas posibles amparados en la falacia absurda de que vivimos momentos represivos intensos, pues a ellos nosotros les contestamos, sin querer entrar en discusiones políticas abstractas sino con lo concreto de la historia, que cuando los compañeros pelearon por la libertad de los presos del ex MJL no precisamente vivían épocas calmas, recordemos que la llegada de la democracia no significó una mar serena sino una casa de brujas muy similar a la que hoy nos asfixia y por otro lado muchos de los guerreros que tuvieron la mala fortuna de caer en prisión se encontraban en esa situación siendo juzgados por hechos que se asimilan bastante a los cargos que hoy tienen tras las rejas esperando una sentencia al compañero Cristian Cancino. Por lo tanto sentenciamos, sin querer sonar arrogantes sino mas bien con toda la humildad de un verdadero guerrero, que esta urgente necesidad de hacernos cargo de la experiencia del pasado y de la situación del presente nos obliga a sacar todo el coraje a la kalle o al patio del modulo en que nos encontremos para ser coherentes con nuestro discurso de acción y solidaridad.

La invitación es en esta oportunidad a revivir aquello que jamás debió pasar a la oscuridad, a reconocernos nuevamente en una dinámica de acción contra esta sociedad y por lo tanto contra la cárcel y sus carceleros, con creatividad y coraje hacer de nuestro discurso una práctica sin límites, en acciones diversas que pueden ir desde un rayado en la pared o hasta lo que tus ganas te empujen a hacer, la idea es desbordar las posibilidades, es desbordar la teoría y pasar a la acción… “Si no eres tu ¿quien? y si no es ahora ¿cuando?”.

Esta iniciativa pretende también que los presos (Mapuches, Anarquistas, Ex–Frentistas, etc.…) alcen la voz y comuniquen todo aquello que necesitan, todo aquello que piensen, sientan y sufran, ya que consideramos que ellos también deben pasar a la acción y pueden sumarse a este llamado pues no están muertos y aunque su movilidad es reducida son variadas las formas en que pueden agitar y hacer propaganda tanto de su situación particular como de sus ideas. Tenemos hoy una urgencia de que los camaradas secuestrados se manifiesten así como que los hermanos con movilidad demuestren que la tienen y solidaricen como mejor les plazca… Romper el aislamiento y prenderle fuego a la inmovilidad son cuestiones urgentes.

Queremos proponer como dinámica la posibilidad de que cada preso y/o presa haga llegar a sus cercanos aquellas peticiones que más les urjan, así como sus reflexiones y posibles acciones, y que estos vean la forma de hacer publicas y llamativas estas cuestiones de la mayor importancia a través de la acción propagandística que difunda y agite acerca del estado de tal o cual hermano. Creemos que las formas en las que se puede hacer propaganda son infinitas, como ya lo hemos dicho, pero consideramos pertinente que de una vez por todas salgamos a las kalles y las invadamos con nuestras consignas, nuestras acciones y los nombres de nuestros compañeros presos.

Por otra parte el llamado a solidarizar se hace extensivo a todos aquellos que alrededor del mundo se sientan tocados por la situación de guerra que se vive en este territorio, sabemos que en otros rincones del planeta la pelea se esta dando sin tregua y es precisamente por eso que les invitamos a sumarse en la medida de sus posibilidades e inquietudes a esta cruzada anti-autoritaria. Además creemos que quienes hemos decidido estar en oposición con el mundo existente no tenemos fronteras y la prisión o muerte de un compañero en la geografía que sea nos debe tocar a todos. Asumimos también como experiencias gratificantes todas aquellas acciones similares a esta que se han desarrollado fundamentalmente en el viejo continente de las cuales hemos logrado sacar lecciones que nos permiten hoy hacer este pequeño esfuerzo.

Solo para tener certezas de que en esta semana solidaria existan acciones en nuestro territorio, además de dar un ejemplo de que las posibilidades son infinitas, es que les expresamos dos propuestas que surgen desde nosotrxs y que esperamos sirvan para incentivarles e inquietarles, la primera de ellas es un meeting que se realizara el día Miércoles 18 de Noviembre del presente año a las 18:00 horas en la cárcel concesionada Santiago 1 y la otra es una marcha en pleno centro de la ciudad capital, Ahumada/Alameda, el día Viernes 20 de Noviembre a partir del medio día en punto.(ver afiche).

Sabemos que lo primero que puede fluir en muchos de los que lean estas letras son criticas destructivas, para nosotros la intención no es reducir a una semana en particular una lucha que no tiene fechas ni descansos, lo que sí queremos es (como lo hemos repetido tendenciosamente en este escrito) romper la pasividad, el silencio y el aislamiento. Reconocemos que con esta humilde propuesta no logramos acabar con la sociedad cárcel, pero sí aportamos en la acción/experiencia, en transformar esta práctica en un conocimiento para crecer en nuestras formas de hacer.

Para finalizar solo quisiésemos insistir y gritar al cielo que la solidaridad es una práctica, es algo concreto que si se reduce a la palabra se le está matando y como decían nuestros queridos compañeros de antaño: “La solidaridad entre los anarquistas no es solo cuestión de palabra”.

NI LA IMAGINACION NI LA CREATIVIDAD TIENEN LIMITES.


En italiano por Bioclasta.

Settimana internazionale di agitazione e di pressione solidale con i compagni sequestrati dallo Stato cileno.
-dal 16 al 23 novembre 2009-

Per la premura di moltiplicare le azioni, sia dentro che fuori le prigioni, così come per l’urgente bisogno di retro-alimentazione che dovrebbe esserci tra questi due mondi che alla fin fine vivono le stesse contraddizioni (portate al limite dentro le galere) in cui siamo costretti da un nemico che già dalla nascita ci ha dichiarato guerra, noi ci azzardiamo a proporre dall’azione una lotta contro l’isolamento, lotta che tempo fa è stata vinta da quelli che hanno osato perdere la paura, lotta della quale oggi non sembra che resti nemmeno un ricordo (senza offendere quelli che hanno tratto preziose lezioni da quelle esperienze).

La crescita delle pratiche antiautoritarie ha indubbiamente uno dei grandi precursori, per quel che riguarda la dinamica scaturita all’interno dello Stato cileno nell’ultimo decennio del XX secolo, nella retro-alimentazione tra i prigionieri politici e i solidali sorta a partire dall’arresto degli ex-membri del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL) e di tutto un attivo lavoro che s’è andato producendo dal collettivo chiamato “Kamina Libre” (solo come esempio, poiché da questo sono scaturite altre iniziative). Tutto ciò ha significato da una parte grandi risultati che potrebbero essere raggruppati in 3 punti: 1- la rottura dell’isolamento tra i prigionieri, chiamati politici, e quelli che hanno lottato per le strade in loro solidarietà, 2- la forza propagandistica che venne riversata sull’opinione pubblica facendo sì che il problema dei compagni sequestrati non passasse inavvertito, 3- i risultati in quanto a fratelli liberati grazie alle azioni portate avanti sia dentro che fuori le carceri.
Dall’altro lato, quanto descritto ha significato e significa una ricca esperienza per tutti quelli che lottano ogni giorno contro lo Stato-Capitale. Ciò malgrado, è difficile capire come nel presente siano così scarse le azioni solidali verso i guerrieri che si trovano dietro le sbarre.

Sono proprio queste pratiche di solidarietà e di coraggio quelle che vogliamo rivitalizzare e intuiamo che per farlo non ci sono argomenti che possano esser d’intralcio. Sono in tanti che non sono disponibili ad agire nella diversità delle più possibili forme perché sostengono l’assurdo inganno che viviamo intensi momenti repressivi. Ad essi noi rispondiamo, senza voler entrare in assurde discussioni politiche, con la concretezza della storia. Quando i compagni hanno combattuto per la libertà dei prigionieri dell’ex-MJL non si vivevano di certo periodi tranquilli. Ricordiamo che il ritorno alla democrazia non è stato un approdo facile, ma un periodo piuttosto pesante simile a quel che oggi ci asfissia. D’altra parte molti tra i guerrieri che ebbero la sfortuna di finire in prigione vivevano quella situazione con carichi giudiziari abbastanza simili a quelli che colpiscono adesso un compagno come Cristian Cancino. Pertanto pensiamo, senza voler essere arroganti bensì con l’umiltà di un vero guerriero, che quest’urgente bisogno di farci carico dell’esperienza del passato e della situazione del presente ci costringe a tirar fuori tutto il coraggio per le strade o dentro le celle in cui ci troviamo per esser coerenti con il nostro discorso d’azione e di solidarietà.

L’invito è, per quest’occasione, di rivivere quel che mai sarebbe dovuto passare all’oscurità, di riconoscerci di nuovo in una dinamica d’azione contro questa società e pertanto contro le carceri e i suoi carcerieri, con creatività e coraggio facciamo del nostro discorso una pratica senza limiti, in azioni diverse che possono andare da una scritta sul muro fino a quel che il tuo desiderio ti spinge a fare. L’idea è quella di superare le possibilità, superare la teoria e passare all’azione… “Se non tu, chi? Se non ora, quando?”.

Quest’iniziativa pretende anche che i prigionieri (mapuche, anarchici, ex-frentisti, ecc… ) alzino la voce e comunichino tutto quel di cui hanno bisogno, tutto quel che pensano, provano e soffrono, perché consideriamo che anch’essi devono passare all’azione e possono aderire a quest’appello. Non sono morti e, nonostante la ridotta mobilità, sono diverse le maniere in cui possono agire e far propaganda sia sulla loro situazione che sulle loro idee. Oggi abbiamo l’urgenza che i compagni sequestrati si facciano vivi ed al tempo stesso che i compagni che invece possono muoversi solidarizzino nei modi che preferiscono… Rompere l’isolamento e dar fuoco alla immobilità sono questioni urgenti.

Vogliamo proporre come dinamica la possibilità che ogni prigioniero e/o prigioniera faccia pervenire ai suoi affini quelle richieste che sono più urgenti, così come delle riflessioni e possibili azioni, e che ci sia la forma di render pubblici questi aspetti di maggior importanza attraverso l’azione di propaganda, che diffonda e mobiliti attorno allo stato di tale o talaltro compagno. Crediamo che le maniere in cui si possa far propaganda siano infinite, come già detto, ma consideriamo pertinente che una volta per tutte usciamo per le strade e le inondiamo con i nostri slogan, le nostre azioni ed i nomi dei nostri compagni prigionieri.

D’altra parte l’appello a solidarizzare è esteso a tutti quelli che nel mondo si sentono toccati dalla situazione di guerra che si vive in questo territorio. Sappiano che in altri angoli del pianeta si sta lottando senza tregua ed è proprio per questo che vi invitiamo ad aderire all’iniziativa, a seconda delle vostre possibilità e voglie, a questa crociata antiautoritaria. Inoltre crediamo che noi che abbiamo deciso di opporci al mondo esistente non abbiamo frontiere e la prigione o morte di un compagno, ovunque accada, deve coinvolgere tutti noi. Apprendiamo come gratificanti esperienze tutte le azioni simili a questa che sono state realizzate soprattutto nel vecchio continente, dalle quali siamo riusciti a trarre lezioni che ci permettono oggi di fare questo piccolo sforzo.

Solo per avere certezze che in questa settimana solidale ci saranno azioni solidali sul nostro territorio, ed inoltre per dare un esempio sul fatto che le possibilità sono infinite, avanziamo due proposte che scaturiscono da noi e che speriamo servano per incentivarvi e stimolarvi. La prima di esse è un meeting che si terrà mercoledì 18 novembre 2009 alle ore 18.00 davanti al carcere Santiago 1, la seconda è un corteo in pieno centro di Santiago, zona di Ahumada/Alameda, venerdì 20 novembre a partire dalle ore 12:00.

Sappiamo che la lettura di queste righe potrà dar vita a delle critiche distruttive. Per noi l’intenzione non è quella di ridurre ad una settimana una lotta che non ha data né soste. Quel che noi vogliamo è (come tendenziosamente ripetuto in questo scritto) spezzare la passività, il silenzio e l’isolamento. Riconosciamo che con quest’umile proposta non riusciremo a finirla con la società-carcere, ma sì apporteremo all’azione/esperienza, alla trasformazione questa pratica in una conoscenza per crescere nelle nostre forme di agire.

Per concludere vogliamo solo insistere e gridare al cielo che la solidarietà è una pratica, è qualcosa di concreto che se ridotta a mera parola viene uccisa. Come dicevano i nostri compagni del passato: “La solidarietà tra anarchici non è solo questione di parole.”

Né l’immaginazione né la creatività hanno limiti.


En ingles por Fuck Copyright.

International Week of agitation and pressure solidarity with colleagues kidnapped by the Chilean state.
-from 9 to 16 of November 2009-

Translated with translate.google.com (if you speak spanish, please translate it more accurately and send it to me and spread it further).

Multiply by the urgency of the actions both inside and outside prisons, and the urgent need for feedback that should exist between these two worlds to live after all these contradictions (taken to the limit in the dungeons) to which we are pushed by an enemy who from birth has declared war on us is that we venture to propose from a combat action against the isolation that some time ago bout was won by those who dared at the time to lose the fear and fighting, of which today seem not to get any trace (the latter without the eagerness to offend those who have taken out valuable lessons from these experiences).

The growth of anti-authoritarian practices undoubtedly has as one of its pioneers, in regard to the dynamic that has gestated within the Chilean state in the last decade of the twentieth century, the feedback between political prisoners and solidarity that was born from the imprisonment of former ex-members of the Movimiento Juvenil Lautaro (MJL) and a whole industrious task was occurring from the group called “Freedom Walk” (just as an example because after this there were other initiatives) All this meant on the one hand great achievements that could be grouped into three results: 1 – breaking the isolation of prisoners, and called politicians, and those who fought in the streets expressing their solidarity with them, 2 – propaganda force in the which is burst by getting public opinion the problem of abducted companions not go unnoticed, and 3 – the results as brothers freed by the actions I have taken both inside prison and outside it. On the other hand, what it meant and means described as a rich experience for all who are fighting the state-capital in today and tomorrow, but despite this it is difficult to understand how in this are so small acts of solidarity towards warriors who are behind bars.

It is precisely these practices of solidarity and courage that we want to revitalize it and found that there is no argument that can be positioned against, many are unwilling to power in the diversity of possible forms covered in the absurd fallacy that we go through severe repression, as we will answer them without going into political discussions with the concrete abstract but in history, that when the comrades fought for the freedom of prisoners of former times lived MJL not exactly calm, remember that the advent of democracy did not mean a calm sea witch but a house very similar to us today asphyxia and secondly many of the warriors who had the misfortune to fall in prison were in this situation being tried for acts that are enough to assimilate the charges today are behind bars awaiting a ruling partner Cristian Cancino. Sentenced Therefore, without wishing to sound arrogant but rather with all the humility of a true warrior, this urgent need to take care of past experience and present situation obliges us to take all the courage or the kalle the courtyard of the module in which we find to be consistent with our talk of action and solidarity.

The invitation is to take this opportunity to revive what should never happen in the dark once again to recognize a dynamic of action against the company and therefore against the prison and its jailers, with creativity and courage of our discourse to practice without limits on various actions that can range from a scratch on the wall or even as you push your desire to do, the idea is to overwhelm the possibilities, the theory is overflowing and take action… “If you’re not who? and if not now when? “.

This initiative also means that prisoners (Mapuche, anarchists, former front members, etc …) raise their voices and communicate everything they need, all that think, feel and suffer, as we believe that they too must take action and can join this call as they are not dead and although his mobility is low are varied ways they can agitate and propagandize both of their particular situation and their ideas. Today we have an urge to express comrades hijacked and that the brothers have to show that the mobility and show solidarity as best they please … Breaking the isolation and set fire to immobility are urgent matters.

We propose as a dynamic the possibility that each inmate and / or pass on to their prey near them requests that more urjan and their reflections and possible actions, and that they find a way to make these issues public and of striking most importance through the propaganda to disseminate and stir about the status of this or that brother. We believe that the ways in which they can campaign are endless, as we have said, but it believed that once and for all to go out and invade kalles with our slogans, our actions and the names of our fellow prisoners.

On the other hand the call to show solidarity is extended to all those around the world feel touched by the war situation that exists in this territory, we know that in other corners of the planet is giving the fight is relentless and it is precisely because why invite them to join the extent of its possibilities and concerns anti-authoritarian crusade. We also believe that those who have decided to be in conflict with the existing world does not have borders and imprisonment or death of a fellow in geography it must touch us all. We assume also rewarding experiences all actions like this that have been developed mainly in the old continent of which we have to learn lessons that allow us to make this small effort today.

Just to be certain that this week there are joint actions on our territory, besides giving an example of the possibilities are endless, is that we extend two proposals that emerge from nosotrxs and that we hope will serve to encourage them and restless, the first of them is a meeting to be held on Wednesday 11 November this year at 18:00 hours in jail concession James 1 and the other a march in the heart of the capital, Ahumada / Alameda, on Friday 13 November from noon sharp.

We know the first thing that can flow in many of those who read these lyrics are destructive criticism, for us the intention is not reducible to one particular week in a fight that has no dates or breaks, we do want is (as we have repeated biased in this paper) to break the passivity, silence and isolation. We recognize that with this modest proposal failed to break the prison society, but we bring in the action / experience, to transform this knowledge into practice to grow in ways we do.

Finally we wanted only the sky and scream insist that solidarity is a practice, is something concrete that reducing the word and it is killing our beloved companions as they said of old: “The solidarity among anarchists is not only a matter of word “.

NOR IMAGINATION AND CREATIVITY HAS NO LIMITS

El Catecismo Revolucionario, que no debe ser confundido con el “Catecismo de la Fraternidad Internacional” también obra de Bakunin, fue encargado y enviado a Netchaiev por Bakunin. Sus tumultuosas relaciones datan del año 1868.

Si en un principio algunos estudiosos en la materia trataron de negar la autoría de Bakunin, un intento para desmarcar al revolucionario anarquista del nihilista Netchaiev, investigaciones y declaraciones de personas muy cercanas al revolucionario ruso confirmarían la autoría del catecismo a Bakunin (ver la obra de Langhard. “El movimiento anarquista en Suiza”, Berna 1909 y los estudios de Ross, Nettlau y Guillaume).

El “viejo” revolucionario ruso durante el trascurso de su exilio debió tener contactos con un gran número de jóvenes perseguidos políticos rusos de todas las tendencias y personalidades. Bakunin era una visita y referencia obligada para todos los que llegaban a Suiza huyendo de la represión zarista. Netchaiev, más que una visita, resultó ser una epifanía de los más perverso del ser humano. Bakunin escribió lo que Netchaiev quería ver y basándose en las referencias e informaciones que este le suministró. El poder de persuasión del joven revolucionario ruso era tal que rayaba en el hipnotismo (según declaraciones de los guardias rusos detenidos y que le custodiaron en la fortaleza de Pedro y Pablo. Estos, además de integrarse en su grupo, le iban ha facilitar la fuga del presidio)

El auténtico título del documento era el de “Reglas en las que debe inspirarse el revolucionario” y fue publicado por primera vez en España (tras la muerte del dictador) en la publicación impresa de la CASPA (Coordinadora de Apoyo y Solidaridad a los Presos Anarquistas) ¡LIBERTAD! del año 1987. El texto que volvemos a recuperar ha sido traducido del francés al español, utilizando como fuente la biografía de Fritz Brupbacher sobre Bakunin.

El catecismo revolucionario ó para ser más exactos: “Las reglas en las que debe inspirarse el revolucionario” es una traducción de la versión alemana que no difiere en lo esencial de la de Langhard. La revista quincenal “El Contrato Social” en su número de mayo de 1957 ofrece una versión francesa bastante defectuosa, reproduciendo el texto francés donado por Marx en su panfleto “ La Alianza de la Democracia Socialista y la Asociación Internacional de Trabajadores” (1873), posteriormente traducido al alemán y reeditado en 1920. Pero el cronista del “contrato social” exagera cuando dice que el texto del “catecismo” ¡no se puede encontrar en lengua francesa ¡.

En 1930, Hélene Isvolshy en su “Vida de Bakunin” reflejó el texto íntegro traducido del original en ruso. Digamos que este documento es tan poco conocido en Francia como en Alemania y que muchos de los que han hablado de él solo lo conocen de oídas1.

Juan J. Alcalde.

Reglas en las que debe inspirarse el revolucionario

Deberes del revolucionario hacia él mismo

I) El revolucionario es un hombre que ha sacrificado su vida. No tiene negocios ni asuntos personales, ni sentimientos ni ataduras; ni propiedades, ni siquiera un nombre. Todo en él está absorbido por un único interés, exclusivo. Un solo pensamiento, una única pasión: La Revolución

II) En lo más profundo de su ser y no solo con palabras sino también con actos, ha roto todo lazo con el orden burgués y el conjunto del mundo civilizado, así como con leyes, tradiciones, moral y costumbres en vigor en esta sociedad – es el enemigo implacable de esta sociedad y si continúa viviendo en ella es para destruirla mejor-

III) Un revolucionario desprecia cualquier teoría: renuncia a la ciencia actual y la deja para las generaciones futuras. Solo conoce una ciencia: la de la destrucción- con este fín exclusivo estudia mecánica, física, química y ocasionalmente medicina. Con esta meta se entrega día y noche al estudio de las ciencias de la vida: los hombres, su carácter, las relaciones entre ellos así como las condiciones que rigen en todos los campos del orden social actual- La meta es la misma: destruir lo más rápida y seguramente posible esta ignominia que representa el orden universal-

IV) El revolucionario desprecia la opinión pública. Siente desprecio y odio hacia la moral social actual, sus directivas y manifestaciones. Para él lo moral es lo que facilita el triunfo de la revolución – y lo inmoral y criminal lo que lo contraría.

V) El revolucionario ha sacrificado su vida, por lo tanto ya no se pertenece.- No tiene ningún miramiento hacia el Estado, principalmente, ni hacia la “clase cultivada” de la sociedad por lo que no debe esperarlo tampoco. – Entre él y la sociedad un combate a muerte tiene lugar, una lucha abierta o clandestina, sin tregua ni gracia.- Debe estar dispuesto a soportar todos los tormentos-.

VI) El revolucionario, duro consigo mismo, debe serlo con los demás. Simpatías o sentimientos que podrían reblandecerlo y que nacen de la familia, la amistad, el amor o el agradecimiento, deben ser ahogados por la única y fría pasión de la obra revolucionaria. –No existe en él más que un gozo, un consuelo, una recompensa, una satisfacción: el éxito de la Revolución–. Debe tener día y noche un solo pensamiento, una única meta: la destrucción inexorable. Persiguiendo con sangre fría y sin descanso el cumplimiento de ese destino, debe estar dispuesto a morir pero también a matar con sus propias manos a aquellos que se opongan a esa realidad.

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