La Unidad es el Mal. El legado de Pierre Clastres
Autor: José Manuel Silvero.

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Michael Seidman

El estudio de la aversión al trabajo, -absentismo, retrasos, faltas de puntualidad, delitos, sabotajes, ritmo lento, indisciplina e indiferencia- puede servir para profundizar nuestro conocimiento de dos hechos políticos concurrentes, la Revolución Española y el Frente Popular Francés1*. Un análisis de la aversión al trabajo de las fábricas de París y Barcelona durante el gobierno del Frente Popular en Francia y a lo largo de la Revolución de España, nos revela continuidades esenciales en la vida de la clase trabajadora. Absentismo, indisciplina y otras manifestaciones de la aversión al trabajo existían ya antes de la victoria del Frente Popular en Francia y del estallido de la guerra y la revolución en España. Pero es significativo que esta resistencia persistiera años después de que los partidos y los sindicatos, que decían representar a la clase trabajadora, tomaran en uno y otro caso el poder político y a diferentes niveles también el económico. De hecho los partidos y sindicatos de izquierda en ambas situaciones, la reformista y la revolucionaria, se vieron forzados a incontables enfrentamientos con los obreros que rehusaban trabajar.

La aversión al trabajo en el siglo XX ha sido ignorada y/o subestimada por muchos historiadores marxistas del trabajo y por los teóricos de la modernización, dos importantes, cuando no dominantes, escuelas de la historiografía del trabajo1. A pesar de las diferencias que en muchos casos existen, las dos orientaciones comparten una visión progresista de la historia. Muchos marxistas observan en la clase trabajadora una gradual toma de conciencia de clase, evolucionando de «an sich a für sich», formándose a sí mismos y en ocasiones deseando expropiar los medios de producción. Teóricos de la modernización ven adaptarse a los trabajadores al modo, estructura y a las demandas generales de la sociedad industrial. Ni los marxistas ni los teóricos de la modernización han tenido en cuenta suficientemente la cultura de la clase trabajadora que persiste y que es reveladora de su irrefrenable deseo de no trabajar. Pero esta visión progresista de la clase trabajadora no puede analizar adecuadamente la perseverancia del absentismo, el sabotaje y la indiferencia. Ni tan siquiera -en ambas situaciones- puede ser menospreciada esta actitud como «primitiva» o como ejemplos de «falsa conciencia». La persistencia de muchas formas de aversión al trabajo puede indicar una respuesta comprensible a la dureza a largo plazo en la vida cotidiana de los trabajadores y un saludable escepticismo a las soluciones propuestas por ambos, derechistas e izquierdistas.

Este ensayo examinará la situación revolucionaria en Barcelona, e intentará demostrar la divergencia en la conciencia de clase entre trabajadores militantes de izquierda, partidarios del desarrollo de las fuerzas productivas durante la Revolución Española y el gran número de trabajadores no militantes que continuaron resistiéndose a trabajar, a menudo tal y como habían hecho antes. Por tanto vanos tipos de conciencia de clase se enfrentaron entre sí durante la Revolución Española. No se trata de determinar cual era la «verdadera» forma de la concienciación de clase, sino demostrar como la aversión al trabajo socavaba los deseos revolucionarios de los militantes y puso en tela de juicio sus derechos como representantes de la clase trabajadora.

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Sin duda alguna, la aversión al trabajo tiene una larga historia que arranca desde mucho antes de la Guerra civil y la revolución. En el siglo XIX, los trabajadores catalanes, al igual que sus homónimos franceses, sostenían la tradición del dilluns sant (lunes santo)2*, una fiesta no oficial tomada sin autorización por muchos trabajadores como una continuación de su descanso dominical. Las luchas por el calendario laboral continuaron en el siglo XX, incluso durante la II República. Por ejemplo, en 1932 los trabajadores no querían ir a trabajar el segundo día de mayo, ya que el día primero habla sido domingo. Aún más importante era la lucha constante contra «recuperar» las fiestas entre semana cuando éstas eran fiestas tradicionales. Los trabajadores catalanes a pesar de su anticlericalismo y sentirse profundamente descristianizados persistieron en la celebración de estas fiestas. En 1927, la asociación patronal (Fomento del Trabajo Nacional), localizada en Barcelona, observó que, a despecho de la ley, los patronos que intentaban obligar a sus trabajadores a recuperar los días festivos que no fueran domingo, se tropezaban con serias dificultades2. En la práctica, las huelgas persistieron durante bastantes días en la primavera y el verano de 1927, en protesta por el calendario establecido para los días festivos. En 1929, los trabajadores plantearon una nueva lucha para mantener sus fiestas tradicionales. En la provincia de Barcelona el conflicto fue particularmente intenso, ya que «las presiones de la clase trabajadora estaban obstruyendo la recuperación de festivos entre semana, tal como autorizaba la ley»3. La «tensión social» en Barcelona hizo imposible la recuperación de estos festivos.

Los trabajadores de Barcelona lucharon duramente para conseguir una semana laboral más corta y este fue el motivo principal de las numerosas huelgas planteadas durante la II República. A finales de 1932 y principios del año siguiente, los trabajadores del sector de la madera plantearon una huelga para conseguir una semana laboral de 44 horas. En 1933 los obreros de la construcción integrados en la CNT mantuvieron una huelga de casi tres meses en demanda de una semana laboral de 40 horas, consiguiendo a finales de agosto la semana de 44 horas en lugar de las 48 que previamente se les exigía. En octubre de 1933, los sectores de agua, gas y electricidad de la CNT y la UGT consiguieron, sin necesidad de huelgas, la semana laboral de 44 horas4. Al restablecerse la semana laboral de 48 horas en noviembre de 1934, estallaron las huelgas, abandonando los trabajadores las fábricas una vez cumplidas las 44 horas.

La aversión de los obreros al trabajo durante la II República no se manifestó únicamente de forma colectiva como abandono del trabajo (waik-out) o huelgas, sino también con acciones individuales tales como el absentismo, las enfermedades simuladas y la indiferencia. En 1932 los industriales del sector textil acusaron a sus propios capataces de faltas injustificadas[5]. El orgullo de la industria de la construcción mecánica de Barcelona: La Maquinista Terrestre y Marítima, declaró que durante el proyecto de construcción de un puente en Sevilla, los trabajadores se autolesionaban infectando sus heridas para sacar provecho de la paga asignada por enfermedad. Como resultado la compañía aseguradora de La Maquinista abandonó la misma. Por lo general, los patronos catalanes rechazaban un programa general de seguros por accidente e indemnización, ya que temían que pudiera animar a los trabajadores a prolongar su enfermedad. Se apoyaban en la experiencia de las compañías de seguros, las cuales habían demostrado ampliamente la existencia de enfermedades fingidas, a lo que había que añadir las autolesiones6. De sorprendente coincidencia podríamos calificar las afirmaciones hechas por los industriales catalanes durante el derechista Bienio Negro (1934-35) según las cuales los trabajadores mostraban a menudo «el mínimo deseo de trabajar». A lo largo de los años 30, los patronos combatieron duramente las constantes demandas de la CNT y la UGT para abolir el trabajo a destajo.

Los militantes anarco-sindicalistas de la CNT abolieron el trabajo a destajo en sus colectividades cuando estalló la revolución, en respuesta al pronunciamiento3*, pero, de forma casi inmediata los militantes anarco-sindicalistas y marxistas que hablan asumido el control de las fábricas, se vieron obligados a reaccionar frente a la resistencia de los trabajadores.

Después de la derrota de los generales el 18 de julio, en los días previos a la revolución, la CNT imploró repetidamente a los trabajadores que volviesen a sus puestos de trabajo. El día 26 de julio, una nota del diario de la CNT, Solidaridad Obrera, pedía a los conductores de autobuses que justificaran sus ausencias al trabajo. El 28 de julio, en otro artículo, se pedía drásticamente a todos los trabajadores de Hispano-Olivetti que volviesen a sus puestos de trabajo y advertía que se aplicarían sanciones a aquellos que no tuvieran una buena razón para faltar al mismo. A pesar de que el 3 0 de julio Solidaridad Obrera anunciaba que en casi todas las industrias el trabajo había recomenzado, el 4 de agosto el periódico anarco-sindicalista llamaba a la «autodisciplina». Un día después el Sindicato de Barberos «recuerda a todos sus afiliados que tienen la obligación» de trabajar 44 horas semanales y que no permitirá la reducción de la jornada laboral. Por consiguiente, desde el inicio de la revolución, la aversión al trabajo fue un problema planteado a los militantes de los sindicatos que gestionaban las fábricas y los comercios de Barcelona. Obviamente esta aversión al trabajo contradecía la teoría anarco-sindicalista de la autogestión que instaba a los obreros a controlar su puesto de trabajo con el advenimiento de la revolución. En otras palabras, tanto los militantes anarco-sindicalistas como los marxistas exhortaban con entusiasmo a los trabajadores a apoyar su rol como tales. Además se resistían a las demandas de los militantes sindicales, los cuales se lamentaban a veces de la poca atención que se prestaba a las asambleas de fábrica y a la falta de aportación económica a los sindicatos. De hecho, los activistas aducían que la única forma de que los trabajadores asistieran a las asambleas era convocarlas en horas de trabajo y por tanto a expensas de la producción. Por ejemplo, la colectividad Construcciones Mecánicas cambió sus planes de celebrar asambleas en domingo, a fuer de que «nadie asistiría» y eligió en cambio los jueves7. En la Barcelona revolucionaria, los trabajadores parecían a veces reacios a participar en su propia democracia.

De acuerdo con sus propios cálculos (a tomar con precaución) la CNT representaba solamente el 30% de los trabajadores industriales en mayo de 1936 (por debajo del 60% de los trabajadores de la industria en el año 193 l). De este modo los «cientos de miles» de trabajadores que supuestamente tenían una escasa «conciencia de clase» entraban en los sindicatos en busca de protección social y un trabajo estable8. H. Rudiger, un representante de la I Internacional (AIT)4* en Barcelona, escribió en junio de 1937 que antes de la revolución la CNT tenla solamente entre 150.000 y 175.000 miembros en Cataluña. En los meses posteriores al estallido de la guerra civil, los miembros de la CNT dieron un salto cuantitativo cercano al millón de miembros. Rudiger concluía que:

Las cuatro quintas partes de ellos son nuevos afiliados. Una gran parte de estos no se pueden considerar como revolucionarios. Se puede tomar como ejemplo de esto cualquier sindicato. Muchos de ellos podrían estar en la UGT[9].

Los militantes sindicalistas intentaron satisfacer ciertos deseos de sus afiliados. Como se ha mencionado, al principio de la revolución el sindicato textil y de la industria del vestir de la CNT, respondió a una petición que se habla formulado años atrás: la abolición de los incentivos por producción, en especial el destajo, «una de las principales causas de las miserables condiciones de trabajo» de los obreros según el sindicato. Sin embargo, ya sea por la baja productividad o la indiferencia de los trabajadores, la abolición del destajo pasó muy pronto a ser criticada desde el propio sindicato:

En los sectores industriales que integraban nuestro sindicato (CNT) donde antes prevalecía una gran cantidad de trabajo a destajo, ahora que hay un salario semanal fijo, el rendimiento productivo ha disminuido.

Ante esto, no podemos dotar nuestra economía de una base firme y esperamos que todos los trabajadores (…) utilizarán con sumo cuidado las herramientas, los materiales nuevos y aportarán su máximo rendimiento productivo10.

Los problemas que concernían al trabajo a destajo persistieron en los sindicatos de la industria del vestir a lo largo de la revolución. La colectividad de sastrería F. Vehils Vidals, con casi 450 trabajadores, que fabricaban y vendían camisas y prendas de punto, impuso, en febrero de 1937 un elaborado sistema de incentivos para estimular a su personal. En 1938, se restableció el trabajo a destajo en la reciente agrupación de talleres de sastrería y un zapatero miembro del sindicato textil de la CNT, protestó por dicho restablecimiento, amenazando con dejar de trabajar. En mayo de 1938, se notificó a los trabajadores ferroviarios de Barcelona del casi total restablecimiento del trabajo a destajo.

Se deben obedecer las órdenes de los capataces.

Los trabajadores recibirán una razonable tanto por pieza fabricada. No deben olvidar la regla básica de colaboración y no deben tratar de engañar al capataz.

Una lista del trabajo realizado (… ) debe presentase mensualmente, debiendo venir acompañada de un informe que compare los resultados obtenidos respecto a los meses anteriores, justificando el rendimiento del trabajo y sus variaciones11.

En agosto de 1937, la Junta Técnico Administrativa del Sindicato de la Construcción de la CNT propuso una revisión de las teorías anarco-sindicalistas sobre salario. La Junta presentó el siguiente dilema: o bien se restablecía la disciplina en el trabajo y se abolla el salario unificado o se afrontaba el desastre. La Junta reconoció «las influencias burguesas» de los trabajadores y abogó por el restablecimiento de incentivos para los técnicos y capataces. En suma, recomendó que solo se emprendieran «trabajos rentables»: el trabajo sería inspeccionado, las «masas deberán ser reeducadas moralmente» y su trabajo será remunerado según la valía y calidad.

En julio de 1937, una declaración conjunta de la CNT-UGT de la Federación de la Construcción acordó que el sueldo sería proporcional a la producción. Los técnicos de cada sección fijarían una «escala de rendimiento mínimo».

En caso de incumplimiento de este mínimo por un camarada, será sancionado y posteriormente expulsado si reincide.

El informe de CNT-UGT recomendaba la publicación de gráficos de rendimiento, así como la propaganda para levantar la moral e incrementar la productividad. Esto determinó, a menudo, el bajo rendimiento de los obreros de la construcción que tendrían que afrontar el paro cuando un proyecto estuviese terminado.

Tanto en forma pública como en privado, la UGT marxista defendió la postura de relacionar los salarios con la producción y la sanción a los transgresores de las normas. El 1º de febrero de 1938, la UGT instó a sus afiliados a no hacer reclamaciones en tiempo de guerra y los apremió para que trabajasen más. A mayor abundamiento, el sindicato de albañiles de la UGT informó el 20 de noviembre de 1937 que el conflicto salarial en la Federación de la Construcción había ocasionado la paralización de las obras e incluso habían sido saboteadas. Informaba también que algunos trabajadores rehusaban trabajar porque su salario era inferior a las 100 pesetas semanales. El sindicato de albañiles tildó esta actitud de los trabajadores como «desastrosa y fuera de lugar en esos momentos»12. El 15 de diciembre de 1937 manifestaba que los trabajadores con los salarios más bajos deseaban equipararlos al resto y que el establecimiento de unos rendimientos mínimos entre ellos y la CNT estaba en discusión. En enero de 1938, el Sindicato de la Construcción de la UGT informaba que el presidente de la Federación de la Construcción de la CNT deseaba condicionar la propuesta de aumento salarial a una mejora en la disciplina de los trabajadores.

Enfrentados a numerosas reivindicaciones salariales, los sindicatos adoptaron varias tácticas para incrementar la productividad e intentaron condicionar el salario a la producción. Si se incrementaban los salarios en las colectividades o firmas controladas por los sindicatos, ello venía ligado a un correspondiente aumento de la producción. En julio de 1937, el sindicato de hojalateros de la CNT pidió que los salarios estuvieran relacionados con la producción. El sindicato de Construcciones Metálicas de la CNT informó el 11 de junio de 1938 que las mejoras salariales serían proporcionales al aumento de horas trabajadas. La pequeña firma de ropa, J. Lanau con sus 30 trabajadores se encontró en una situación similar. De acuerdo con su informe contable de noviembre de 1937, la mayor parte de los trabajadores estaban asegurados en caso de accidente, enfermedad y maternidad. Los trabajadores decían disfrutar de una buena relación con su patrón y tenían un comité de control integrado por dos representantes de la CNT y uno de la UGT. De todas formas, la producción estaba por debajo del 20% y para solucionar el problema el contable recomendaba al establecimiento «aclarar las cuotas de producción» en ambos talleres y en el departamento de ventas.

Los conflictos salariales y las discusiones acerca del trabajo a destajo no eran los únicos problemas que ponían de manifiesto la disconformidad de los trabajadores y los sindicatos -al igual que habían hecho los patronos antes de la revolución- se vieron obligados también a afrontar graves problemas respecto al programa de trabajo. Durante la revolución, la clase trabajadora catalana, tan indiferente a la religión, siguió respetando los días festivos tradicionales en medio de la semana. La prensa anarco-sindicalista y comunista criticó a menudo la sólida defensa de estas tradiciones que parecían grabadas -como se ha visto- en la cultura de la clase trabajadora. Solidaridad Obrera en enero de 1938 y Síntesis (la publicación conjunta del colectivo Cros, CNT-UGT) de diciembre de 1936 anunciaban que los días festivos religiosos y tradicionales, no podían utilizarse como una excusa para perder trabajo. Sin embargo, la celebración de las fiestas religiosas en los días laborables (los observadores nunca apreciaron una influencia significativa a la misa de los domingos entre los trabajadores de Barcelona), junto al absentismo y la falta de puntualidad, indicaban un constante deseo de escapar de la fábrica, aunque ésta estuviera racionalizada o democratizada.

Las luchas acerca del calendario de trabajo y los días festivos eran frecuentes. En noviembre de 1937, varios ferroviarios rehusaron trabajar los sábados por la tarde y fueron sancionados por la UGT. El Comité Central de Control de los trabajadores de Gas y Electricidad, quería una lista de los trabajadores que habían abandonado sus puestos de trabajo el día de Año Nuevo de 1937, con el fin de poder tomar medidas correctivas contra ellos13. El 4 de octubre de 1937, en una reunión oficial del Consejo de Gas y Electricidad, los representantes de la CNT admitieron que algunos de sus afiliados no respetaban el calendario laboral. Cuando uno de los delegados de UGT preguntó si la Confederación podría hacer cumplir el calendario laboral, el representante de la CNT contestó:

Me temo que no. Ellos (los trabajadores indisciplinados) mantendrán la misma actitud de siempre y no querrán comprometerse ( … ) Es inútil intentar algo, toda vez que ignoran los acuerdos e instrucciones que emanan de los Comités, de las Comisiones de Sección, etc. No prestan ninguna atención, tanto si las órdenes vienen de un sindicato (anarco-sindicalista) como del otro (marxista).

En muchos sectores de la industria, los camaradas estaban con frecuencia «enfermos». En febrero de 1937, el sindicato metalúrgico declaró francamente que algunos trabajadores estaban sacando provecho de los accidentes laborales. En diciembre de 1936 un destacado militante del sindicato de hojalateros se quejaba de «las irregularidades cometidas en casi todos los talleres respecto a las bajas por enfermedad y el calendario laboral». En enero de 1937 otro hojalatero detectó «libertinaje» en varios talleres:

Hay muchos trabajadores que pierden una jornada o media, solo porque les agrada y no porque estén enfermos14.

La comisión técnica de albañiles de la CNT llamó la atención con el caso de un trabajador que con un certificado de «epiléptico» fue sorprendido, por una visita de los miembros de dicha comisión, mientras arreglaba su jardín15.

Se registraban robos en talleres y colectividades. El sindicato de metales no-ferrosos de la CNT afirmó que un camarada que trabajaba en una fábrica controlada por la CNT se llevó consigo herramientas cuando se marchó para incorporarse al ejército. En diciembre de 1936, la sección mecánica de la famosa Columna Durruti notificó al Sindicato Metalúrgico de Barcelona que un camarada se había llevado las herramientas de trabajo «quizás sin darse cuenta» y pedía que el sindicato le hiciera devolver el equipo sustraído tan pronto como fuera posible. El Sindicato de Zapateros de la CNT registró otros incidentes de robos. Algunos militantes del sindicato y oficiales de las colectividades eran acusados a menudo de desfalco y malversación de fondos16.

Enfrentados al sabotaje, robos, absentismo, faltas de puntualidad, enfermedades supuestas y otras formas de resistencia de los obreros al trabajo y al lugar de trabajo, los sindicatos y colectividades cooperaron en el establecimiento de reglas estrictas y disposiciones que igualaban e incluso superaban el control capitalista de las empresas. El 18 de junio de 1938, los representantes de la CNT y de la UGT de la colectividad Gonzalo Coprons y Prat, que confeccionaban uniformes militares registraron un serio descenso de la producción para el cual no tenían «explicación satisfactoria». Los representantes de los sindicatos hicieron un llamamiento para que se respetasen las cuotas de producción, el calendario de trabajo, el estricto control de ausencias y «la firmeza de la autoridad moral de los técnicos17». La colectividad de sastrería F. Vehils Vidal, que había establecido un elaborado sistema de incentivos para sus 450 trabajadores aprobó pronto un estricto paquete de medidas en la asamblea general del 5 de marzo de 193818. Un trabajador estaba encargado de controlar las faltas de puntualidad y varios expedientes de retraso significaban el despido. Los compañeros que estaban enfermos serían visitados por un representante del consejo de la colectividad. Caso de no encontrarse en casa serían cesados. Estaba prohibido abandonar la colectividad en horas laborales y todo el trabajo hecho en la misma era requerido por ésta, de modo que los proyectos personales estaban desterrados. Los compañeros que abandonaban las tiendas con paquetes, estaban obligados a mostrarlos a los guardias encargados de su inspección. Si un trabajador observaba que robaban, hacían fraude o cualquier otra cosa deshonesta, debía denunciar el hecho, si no quería ser considerado responsable del mismo en caso de omisión. Se pedía a los técnicos que prepararan un informe semanal de los fallos e incumplimientos de sus secciones. No se permitía alterar «el orden dentro ni fuera de la empresa» y todos los trabajadores que no participaban en las asambleas eran despedidos.

Otras colectividades de la industria del vestir implantaron análogos paquetes de medidas. En febrero de 1938, el consejo de CNT-UGT de Pantaiconi Hermanos estableció un intensivo programa laboral y sanciones para los que llegaran con retraso al trabajo. Un camarada debía hacerse cargo del control de entradas y salidas. Los trabajos asignados y las normas serían aceptadas sin «comentarios» y en el tiempo estipulado. Todos los movimientos incluso dentro de la fábrica debían estar autorizados por el jefe de sección y en caso de infracción se podría recurrir a la sanción, suspendiendo al trabajador y descontando de 3 a 8 días de salario. Las herramientas no podían sacarse sin autorización de la colectividad y se estableció un período de prueba de un mes para todos los trabajadores.

El comité de control CNT-UGT de la firma Rabat, advertía que cualquier compañero que faltase al trabajo y no estuviese enfermo perdería su paga. Los trabajadores de esta firma, la mayoría mujeres, fueron avisados de que la desobediencia podía acarrear la pérdida del empleo, en una industria donde, como se recordará, la tasa de desempleo era alta. Advertía a todos sus trabajadores que asistieran a las asambleas so pena de despido y las conversaciones durante la jornada laboral solo podían hacer referencia al trabajo. Otras colectividades como Artgust que habían pedido infructuosamente a sus trabajadores el incremento de la producción, también endurecieron sus normas, prohibiendo conversaciones, retrasos e incluso la recepción de llamadas telefónicas. En agosto de 1938, en presencia de representantes de CNT, UGT y de la Generalitat, la asamblea de la Casa A. Lanau prohibió expresamente las faltas de puntualidad, las enfermedades fingidas y cantar durante las horas de trabajo. Los Almacenes Santeulália inspeccionaban todos los bultos que entraban y salían de su fábrica. Los sindicatos UGT y CNT de Badalona -ciudad del cinturón industrial de Barcelona- iniciaron un control de bajas y acordaron que todos los trabajadores debían justificar las faltas que eran «incomprensibles» y abusivas teniendo en cuenta que la semana laboral se había reducido a 48 horas19.

La severidad de estas normas y disposiciones, puede haber sido una de las consecuencias del declive de la producción y la disciplina en muchas firmas del textil y del vestido. El 15 de junio de 1937, el contable de CNT-UGT de Casa Mallafré elaboró un informe acerca de las sastrerías. Llegó a la conclusión de que la administración de la colectividad habla sido honesta y había actuado éticamente, pero que la producción «era la parte más delicada del problema» y que «en la producción radica el secreto del fracaso o éxito comercial e industrial». La producción de los talleres continuaba así, con niveles extremadamente bajos y el contable advirtió que -aún colectivizada o socializada- podría fracasar. La producción normal no cubría aún los salarios semanales y debería incrementarse si la firma quería sobrevivir. Otra colectividad de la industria del vestir de CNT-UGT, Artgust, escribió el 9 de febrero de 1938: «a pesar de nuestras constantes demandas al personal de la fábrica, no hemos logrado todavía mejorar la producción20». Artgust pidió a la CNT y a la UGT que advirtieran de la desproporción que existía entre los elevados costes y la baja productividad.

En muchas colectividades los trabajadores fueron despedidos o suspendidos. A un compañero de un taller de zapatería de la CNT se le pidió que dejara su puesto de trabajo a causa de su baja producción. Un sastre insatisfecho, que había pedido el traslado a otro puesto de trabajo atacó físicamente a un colega, insultó al comité de empresa y amenazó al director y a un técnico. Se le suspendió de su trabajo en junio de 193821. Una militante del grupo Mujeres Libres de la CNT, fue acusada de inmoralidad, ausencias injustificadas e incluso proxenetismo entre sus compañeras, las cuales pidieron medidas disciplinarias contra ella. Ente cargo de «Inmoralidad» fue frecuente durante la Revolución española y revela que para los sindicalistas los fallos o desaciertos en el trabajo, eran «inmorales» o simple y llanamente depravados. Las actividades que no estaban directamente relacionadas con la producción eran también consideradas como perjudiciales. Los militantes de la CNT querían acabar con la «inmoralidad» obligando a cerrar lugares de diversión, tales como bares o salas de música y baile a las diez de la noche22. Se debería reformar a las prostitutas a través de la terapia del trabajo y eliminar de ese modo la prostitución como en la Unión Soviética. El sexo y los embarazos debían relegarse hasta después de la Revolución23.

Los sindicatos metalúrgicos CNT-UGT intentaron controlar la indisciplina que se habla registrado en varias colectividades. En 1938 de nuevo un trabajador fue despedido de una colectividad por «inmoralidad», es decir, por haber faltado al trabajo sin justificación. Otra colectividad quería despedir a una mujer «sin conciencia» que había dado varias veces falsas excusas para ausentarse del trabajo24. En agosto de 1936, el Sindicato Metalúrgico de la CNT advertía a los compañeros que no cumplieran las tareas que se les asignaban, que serían sustituidos «sin consideración alguna». Al igual que en el textil, varias colectividades del sector metalúrgico editaron hojas con disposiciones controlando las bajas por enfermedad:

El Consejo está obligado a comprobar las bajas por enfermedad a través de un compañero, a quien todos deberán admitir en sus casas ( … ) La inspección podrá realizarse varias veces al día, untas como el Consejo juzgue necesarias25.

La colectividad de Instaladores de Ascensores y Aplicaciones Industriales, declaró que cualquier intento de engaño concerniente a bajas por enfermedad sería castigado con la expulsión. El 1º de setiembre de 1938, la asamblea de la empresa Masriera i Carreras que tenía mayoría ugetista, destacó que «algunos compañeros tienen la costumbre de entrar al trabajo 15 minutos tarde todos los días» y acordaron unánimemente descontar media hora de paga al día por cada cinco minutos perdidos. En enero de 1937, el Sindicato de Lampistas estableció que si un trabajador llegaba media hora tarde perdería la mitad del jornal. En julio de 1937, la colectividad Construcciones Mecánicas estableció una sanción de 15 minutos de descuento en la paga por lavarse las manos o vestirse antes de finalizar la jornada de trabajo. En los servicios públicos los problemas eran similares. El 3 de setiembre de 1937, el Consejo General de las Industrias de Gas y Electricidad, apreció un descenso de la producción y declaró que debía defenderse el interés común contra una minoría carente de <moralidad>. Los traba adores podían ser suspendidos o despedidos por llegar tarde o ausentarse a menudo. Las asambleas de trabajadores estaban expresamente prohibidas durante las horas de trabajo y el Consejo afirmó que tomaría medidas disciplinarias siempre que fuera necesario.

En enero de 1938, la Junta Económica de la CNT determinó <los deberes y derechos del productor>:

En todas las actividades, la persona que distribuye el trabajo será oficialmente responsable (… ) de la cantidad, calidad y conducta de los trabajadores.

Este encargado estaba autorizado a despedir a un obrero por «holgazanería o inmoralidad» y otros oficiales debían verificar los más pequeños incidentes de «origen sospechoso» para comprobar si éstos eran auténticos o «fingidos»:

Todos los trabajadores y empleados tendrán una ficha donde serán registrados los detalles de su personalidad profesional y social26.

Los sindicatos complementaron sus normas y regulaciones coercitivas con campañas propagandísticas extensivas para convencer y constreñir a sus miembros a trabajar más duro. Esta propaganda era reveladora de la amplia existencia de una baja productividad e indisciplina. La colectividad Vehils Vidal llamaba insistentemente al «amor al traba o, al sacrificio y la disciplina». La colectividad CNT-UGT de Pantaleoni Hermanos pedía a su personal que se «consagrara al trabajo». Los zapateros exigían «moralidad, disciplina y sacrificio27». En abril de 1937, la revista de la gran firma textil Fabra i Coats, publicó una página entera en la que instaba a sus trabajadores a «trabajar, trabajar y trabajar28». La CNT advertía a menudo a sus afiliados que no confundiesen la libertad con el libertinaje y señalaba que aquellos que no trabajasen duro eran fascistas29. La Confederación reconocía que en muchas ocasiones los trabajadores tenían una mentalidad burguesa debido a que no trabajaban tan duro como debieran. Según la CNT, los trabajadores tenían que escoger entre los beneficios inmediatos y las mejoras reales en el futuro. El momento de la autodisciplina había llegado.

En febrero de 1937, la colectividad Marathon CNT-UGT, fabricante de motores para vehículos, declaraba en su periódico Horizontes:

Hay muchos trabajadores que no ven en la colectivización más que un simple cambio de beneficiarios y creen de forma simplista que su contribución a la fábrica ( …) se limita a prestar sus servicios de igual forma que cuando la fábrica era privada. Solamente se interesan por los salarios a fin de mes.

En mayo de 1937, los militantes de Marathon intentaron convencer a sus afiliados de que debían sacar el máximo rendimiento de las máquinas que antaño aborrecían.

En enero de 1938, Solidaridad Obrera, el diario de la CNT, publicó un artículo titulado: «Se impone una disciplina estricta en el lugar de trabajo», que fue reimpreso varias veces por periódicos de la CNT y la UGT:

Desgraciadamente hay algunos que han confundido el significado de la lucha heroica que el proletariado español lleva a cabo.

No son burgueses ni militares, ni curas, sino trabajadores, auténticos trabajadores, proletarios acostumbrados a sufrir la brutal represión capitalista…

Su conducta indisciplinado en el lugar de trabajo ha interrumpido el normal funcionamiento de la producción (… ) Antes, cuando era el burgués quien pagaba, era lógico dañar sus intereses, saboteando la producción y trabajando tan poco como fuera posible ( … ) Pero hoy es muy diferente ( … ) La clase obrera empieza la construcción de una industria que es capaz de servir como base a la nueva sociedad.

En una conversación confidencial con miembros cenetistas de la colectividad de ópticos, Ruiz y Ponseti, uno de los más importantes líderes ugetistas y un prominente comunista coincidía en considerar la conducta de los trabajadores como el factor más nocivo para las colectividades. Según este dirigente de UGT, aunque no se declarase públicamente, los trabajadores eran simplemente <masas> cuya cooperación era desafortunadamente necesaria para el éxito de las empresas30.

Por tanto, en la Barcelona revolucionaria, los líderes y militantes de las organizaciones que decían representar a la clase obrera, se vieron obligados a combatir la pertinaz resistencia de los obreros al trabajo. La persistencia de la lucha de los obreros contra el trabajo en una situación en la que las organizaciones obreras dirigían las fuerzas productivas cuestiona el grado en que estas organizaciones realmente encarnaban los intereses de la clase obrera. Se diría que la CNT, la UGT y el PSUC (partido comunista catalán) reflejaban el punto de vista de aquellos a quienes éstas organizaciones consideraban trabajadores «conscientes». Aquellos que carecían de «conciencia de clase» y que superaban en número a los «conscientes», no tenían representación formal u organizada. Estos trabajadores guardaban un amplio silencio sobre su rechazo al trabajo por razones obvias. Después de todo su resistencia al trabajo era subversiva en una revolución y una guerra civil donde una nueva clase dirigente se dedicaba fervientemente al desarrollo económico. El silencio de los obreros era una forma de defensa y un cierto tipo de resistencia, pero ello impide la cuantificación de ésta. Muchas de estas resistencias no se han contabilizado ni registrado.

La historia de su rechazo al trabajo puede reconstruirse parcialmente a través de las actas de las reuniones de las colectividades y, paradójicamente, a través de las críticas de las organizaciones que pretendían representar a la clase. Las luchas contra el trabajo revelan una distancia y separación entre los militantes dedicados al desarrollo de los medios de producción y una gran mayoría de trabajadores que no deseaban sacrificarse para alcanzar el ideal de aquellos. Allí donde los militantes identificaron la conciencia de clase con el control y desarrollo de las fuerzas productivas, la creación de una revolución productivista y un esfuerzo sobrehumano para ganar la guerra, la expresión de la conciencia de clase de muchos trabajadores consistió en la evasión del trabajo y sus horarios, tal y como se había hecho a menudo antes de la revolución.

NOTAS

1* En este artículo se ha dejado de lado el estudio del Frente Popular francés por considerarlo más alejado de nuestra historia. De todos modos la conclusión es muy similar al caso de Barcelona durante la Revolución Española.

1 Para la historiografía marxista, cfr. Georg Lukacs, History and Class Consciousness (Cambridge, Mass. 1971), 46-82 (existe trad. española); Georg Rudé, Ideology and Popular Protest (New York, 1980), 7-26 (existe trad. española); cfr. también en la reciente reformulación de la posición de Lukacs en Eric Hobsbawn, Workers: Worlds of Labor (New York, 1984), 15-32 (existe trad. española). Los puntos de vista de los teóricos de la modernización pueden encontrarse en Peter N. Stearns, Revolutionary Syndicalism and French Labor: A Cause wilhout Rebels (New Brunswick, NJ 1971) e idem, Lives of Labour: Wolk in a Maturing Industrial Society (New York, 1975). Para una crítica del enfoque de Lukacs, ver Richard J. Evans (ed), The German Working Class (London 1982), 26-27.

2* En catalán en el original.

2 Fomento del Trabajo Nacional, actas, 15 abril 1932; Fomento, actas, 14 febrero 1927

3 Federación de Fabricantes de Hilados y Tejidos de Cataluña, Memoria (Barcelona 1930)

4 Albert Balcelis, Crisis económica y agitación social en Cataluña de 1930 a 1936 (Barcelona 1971), 218

5 Federación de Fabricantes, Memoria (Barcelona 1932)

6 Alberto del Castillo, La Maquinista Terrestre y Marítima: Personaje histórico, 1855-1955 (Barcelona 1955), 464-65. Fomento, Memoria, 1932, 143

3* En castellano en el original.

7 Actas de Juntas de los militantes de las Industrias Construcciones Mecánicas, 25 febrero 1938, carpeta (a partir de ahora c.) 921, Servicios Documentales, Salamanca (a partir de aqui SD).

8 Balcells, Crisis, 196; Albert Pérez Baré, 30 meses de colectivismo en Cataluña (Barcelona 1974), 47

4* Aquí el autor confunde la I Internacional fundada en 1864 con la Internacional Anarco-Sindicalista (con las mismas siglas AIT) fundada en 1922.

9 H. Rudiger, “Materiales para la discusión sobre la situación española”. Rudolf Rocker Archives, nº 527-30, Instituto Internacional de Historia Social, Amsterdam. El muestreo por mi realizado sobre 70 trabajadores dio resultados algo diferentes. El 54% de los obreros escogidos se afilió a la CNT después de junio de 1936. De cualquier modo, casi todos los demás, el 42%, se afilió a la Confederación después de marzo de 1936. Solo el 4% estaba ya afiliado antes de 1936. Este fenómeno ha sido analizado por Balcelis como la «recuperación sindical bajo el Frente Popular».

10 Boletín de Información, 9 abril 1937

11 Red Nacional de Ferrocarriles, Servicio de Material y Tracción, Sector Este, mayo 1938, c. 1043, SD.

12 Libro de actas del Comité UGT, Sociedad de Albañiles y Peones, 20 noviembre 1937, c. 1051, SD.

13 Carta del Consejo Obrero, MZA, Sindicato Nacional Ferroviario UGT, 24 noviembre 1937, c. 467, SD; Actas de la reunión del Pleno, 1 enero 1937, c. 181, SD.

14 Sindicato de la Industria Sidero-Metalurgia, Sección lampista, Asamblea General, 25 diciembre 1936, c. 1453, SD.

15 Boletín del Sindicato de la Industria de Edificación, Madera y Decoración, 10 noviembre 1937.

16 Actas de la reunión de Junta de Metales no-ferrosos CNT, 18 agosto 1938, c. 847, SD; Sección mecánica, CNT-FAI, Columna Durmti, Bujaraloz, 13 diciembre 1936, c. 1428, SD; Actas de la Sección de Zapatería, 15 mayo 1938, c. 1436, SD.

17 Gonzalo Coprons y Prat, Empresa Colectivizada, Vestuarios militares, c. 1099, SD.

18 Esta información está basada en el Projecte de Reglamentació interior de l´empresa, c. 1099, SD.

19 Projecte d’estalut interior per el cual hauran de regir-se eis treballadors, c. 1099, SD; Asseniblea ordinaria dels obrers de la casa «Artgust», 6 setiembre 1938, c. 1099, SD; Acta aprobada por el personal de la casa «Antonio Lanau», 15 agosto 1938, c. 1099, SD; Magetzems Santeulália, c. 1099, SD; Boletín del Sindicato de la Industria Fabril y Textil de Badalona y su radio, febrero 1937.

20 Carta de Artgust a la Sección Sastrería CNT, 9 febrero 1938, c. 1099, SD.

21 Actas de la Sección de Zapatería, 29 setiembre 1938, c. 1436, SD; Carta del Consejo de Empresa al Sindicato de la Industria Fabril CNT, Sección sastrería, 23 junio 1938, c. 1099, SD.

22 Las diez de la noche es una hora bastante temprana para Barcelona. Actas de los metalúrgicos de CNT, 11 marzo 1937, c. 1179, SD. Carta del Comité de la fábrica nº 7, (n.d.) c. 1085, SD.

23 Dr. Félix Martí Ibáñez, Obra: Diez meses de labor en sanidad y asistencia social (Barcelona 1937), 77; «Ruta», 1 enero 1937.

24 Carta del Comité de Control, 16 julio 1938, c. 505, SD; Carta fechada el 29 noviembre 1938, c. 505, SD.

25 Fábrica de artículos de material aislante, Normas para el subsidio de enfermedades, 1937, Archivos Pujol, Barcelona.

26 José Peirats, La CNT en la Revolución española, 3 vols. (París 1971), 3; 21.

27 Projecte Reglamentació Interior, 5 marzo 1938, c. 109, SD; Projecte d’estatut interior per el cual hauran de regir-se els treballadors, febrero 1938, c. 1099, SD; Actas de la Sección zapatería, 15 mayo 1938, c. 1436, SD.

28 Revista dels Trebaltadors de Filatures Fabra i Coats, abril 1937

29 Boletín del Sindicato de la Industria de la Edificación, Madera y Decoración, 10 setiembre 1937.

30 Véase Informe Confidencial, 27 enero 1938, c. 855, SD.

Como una filosofía política, el anarquismo está comprometido con la transformación de la sociedad, aún cuando, el anarquismo es a menudo descuidado por la mayoría de las tendencias políticas y filosóficas. En un intento por situarlo dentro del pensamiento filosófico contemporáneo y al mismo tiempo pensarlo críticamente, Todd May ha creado lo que llama anarquismo postestructuralista. Mediante la inserción del postestructuralismo francés en el anarquismo, May ofrece una nueva filosofía política con la cual analizar nuestro mundo. Desarrollé esta entrevista con Todd may vía E-mail en octubre 2000.
~ Rebecca DeWitt.

El anarquismo postestructuralista es una combinación de anarquismo y filosofía postestructuralista (el trabajo de Foucault, Lyotard y Deleuze). ¿Qué es lo esencial de estas filosofías políticas que hace posible su combinación?

Como yo lo veo, el vínculo esencial entre el anarquismo y el postestructuralismo de Lyotard, Deleuze y especialmente Foucault, es la negativa a que haya algunos puntos centrales en los cuales el cambio político puede o debe producirse.

Para Marx, el cambio político es un asunto que hace a la toma de los medios de producción; para los liberales, esto descansa en la regulación del Estado. Lo que los anarquistas niegan (al menos en parte de sus escritos, la parte que yo rescato para apoyarme) e s que exista un simple punto arquimédico para el cambio. Comoquiera que el poder está en todas partes, la necesidad de crítica y reflexión política está también en todas partes, no sólo en el nivel del Estado o la Economía, sino incluso en el nivel de la sexualidad, la raza, la psicología, la educación, etc., etc., etc.

¿Después de este proceso de fusión queda algo del anarquismo?

Yo creo que sí lo hay. Si es correcta mi propuesta, lo que el anarquismo provee al postestructuralismo es un gran armazón dentro del cual situar sus análisis específicos. Es otro armazón, para ser preciso, del tradicional. Esto no ha cambiado por el postestructuralismo. Pero esta nueva armadura que yo trato de articular puede ser nueva para muchos postestructuralistas, que resisten la idea de un gran sistema totalizador.

¿Cómo reconcilia el anarquismo, que a menudo se auxilia con principios políticos unificadores (como anti-capitalismo/posiciones estatales) con el pensamiento postestructuralista, que ve al poder como una red interconectada, antes bien que un sistema al que oponerse? mainframe

Considerando la idea de los sistemas totalizadores, este es seguramente el caso de una gran parte de la idea anarquista, tanto en su práctica como en su teoría, fija sus objetivos en el capitalismo y el Estado. Mi libro sugiere que no miremos en esos dos lugares para enceguecernos a nosotros mismos sobre el lugar de operación del poder. Si el capitalismo y el Estado fueran los únicos culpables, entonces su eliminación por sí misma nos abriría la puerta a la sociedad utópica. Pero debemos tener recelo de las soluciones fáciles. Una de las lecciones de la lucha contra el racismo, la misoginia, los prejuicios sobre gays y lesbianas, etc., es que el poder y la opresión no son reductibles a un solo lugar y a una operación singular. Necesitamos entender al poder no sólo operando a nivel del Estado y el capitalismo, sino a través de las prácticas que conducen nuestras vidas.

En su libro, la filosofía política es tomada en términos de articulación de “la discordancia entre el mundo como es y el mundo como es percibido. Cuando esta discordancia no se encuentra ya presente, esta filosofía política particular se vuelve obsoleta, tanto sea que ocurra esto porque el mundo ha cambiado o porque los objetivos han sido realizados. Usted da el ejemplo de la revolución comunista donde, una vez que los objetivos de la revolución fueron alcanzados, la filosofía política que describía ese cambio se volvió obsoleta y por lo tanto una nueva filosofía política es necesaria para avanzar. ¿es la filosofía política un proceso en el cual estamos constantemente rehaciendo nuestra visión del mundo y lo que queremos?

La idea que estoy tratando de expresar en el libro es que la filosofía política es motivada por una discordancia entre cómo piensa la gente que debe ser el mundo y como lo encuentra, ¿por qué pensar acerca de la filosofía política, a menos que haya un problema que necesite ser encausado? Y ese problema para la filosofía política, es que el mundo está lejos de ser como uno piensa que debería.

Que la filosofía política sea un constante proceso es algo que no estoy seguro cómo responder. No veo ninguna razón en principio para que lo sea, aun cuando pueda ocurrir así. La pregunta acerca de si la filosofía política es un proceso en que constantemente nos rehacemos está atado a la pregunta de qué calidad de derechos humanos naturales tenemos y en qué clase de medio ambiente nos encontramos. Mientras que en cualquier parte del libro yo niego que exista algo interesante para decir acerca de la naturaleza humana, todo esto se cae frente al medio ambiente. Pero quién sabe cómo pueda cambiar el medio ambiente, y que clase de preguntas surgirán entonces para nosotros.

Para el anarquismo postestructuralista, el poder es a la vez creativo y destructivo. En contraste, la justificación anarquista tradicional de su propia existencia –que los humanos son esencialmente buenos y que son las instituciones del poder el mal del que necesitamos desembarazarnos- caracteriza al poder como malo. ¿Cómo cambia el concepto anarquista del poder con el aporte postestructuralista?

Mientras [los anarquistas] poseen una distinción en dos partes: poder (malo) vs. naturaleza humana (buena), yo distingo en cuatro partes: el poder creativo/ el poder represivo y malo/bueno. Yo no tomo al poder creativo como necesariamente bueno, ni al represivo como necesariamente malo. Esto depende más bien de qué es creado o reprimido, la evaluación ética es independiente de qué clase de poder esté involucrado. Esto es por lo cual resulta tan importante tener claridad en una visión ética –una cuestión en la cual muchos pensadores postestructuralistas son indiferentes-, pero uno no resuelve el problema ético suponiendo una naturaleza humana buena y diciendo luego que está entonces capacitada para florecer. Hay demasiada evidencia acerca de la idea de una naturaleza humana esencialmente buena (o una esencialmente mala) para que ese reclamo sea hecho. Uno no puede sustraerse a un juicio ético sobre la naturaleza humana, pero en su lugar debe desarrollar los medios éticos socialmente necesarios para que nuestras vidas puedan desenvolverse.

Usted establece que “debemos abandonar (en su mayor parte) la idea de una clara demarcación entre filosofía política y programa político […] así como uno se mueve desde el análisis y tras sugestiones para intervenir, uno pasa de la filosofía a la programática”. Muchas filosofías políticas se muestran incapaces de pasar a la intervención política y cuando es necesario, repensar teóricamente esa intervención. La tensión dialéctica entre el mundo como es y lo que visionamos es muchas veces destruida por la consolidación en el poder de una idea o un partido político. El anarquismo brega por una democracia directa o un federalismo para garantizar que esto nunca ocurra, pero ¿ es la vida de una filosofía política capaz de sobrevivir a la programática?

Debemos tener en mente que el anarquismo que estoy tratando de delinear fuera de la tradición, puede no ver a la democracia directa como la respuesta a todos los problemas políticos (de otro modo el anarquismo podría ser otra estrategia filosófico política). Dicho esto, su pregunta subsiste, desde que uno desearía saber que pasa con la filosofía política cuando es puesta en práctica. Ciertamente, resta algo de la imagen que traté de desarrollar: la idea de que necesitamos investigar siempre las relaciones de poder que surgen en varias prácticas y darles la evaluación ética correspondiente; esto es, para preguntarnos si es ésta aceptable o no. En la óptica que yo defiendo, desde que nunca sabemos desde el principio que clase de poder trabaja, necesitamos siempre investigar cómo opera, de modo de ver a qué conduce y qué esta creando, y necesitamos hacernos siempre la pregunta acerca de si lo encontramos éticamente aceptable.

¿A quién atribuir la construcción de la programática?

Quien construirá el programa, ciertamente no los filósofos (¡Dios nos libre de esto!). Esta idea, espero, no volverá a ser tomada seriamente, ni siquiera por los filósofos. La única respuesta a QUIÉN debe construir el programa –o al menos debe estar incluido en su construcción-, es que son aquellos que se encuentran afectados por la situación y por los cambios propuestos. Ahora, puede ser otra manera de decir “el pueblo”, pero limita un poco las cosas. Por ejemplo, tendré poco para decir sobre cómo los gays y lesbianas deberían ser tratados en sociedad (por ejemplo: debieran ser admitidos en la categoría de matrimoniable o deberían ellos poner en cuestión el matrimonio en sí mismo). Esto, me parece a mi, está abierto para ellos, mi rol es el de apoyarlos en sus elecciones.

Su concepto anarquista de poder es caracterizado como uno, en el que [este poder] “coagula en ciertos puntos y es reforzado a lo largo de ciertas líneas”, y por tanto, puede ser accesible a la idea de reforma, porque ciertas reformas en ciertos puntos pueden resultar en revolución. ¿Hay lugar para la revolución en el anarquismo postestructuralista?

El término revolución me supone una trampa. A veces pareciera referir a un punto clave en que cambia de mano el poder en la sociedad. Usado de este modo, el término revolución parece implicar una estrategia filosófico-política. Pienso que es mejor evitarlo. Cuando las cosas cambian suficientemente como resultado de una intervención política, entonces tenemos una revolución. Así, la distinción entre reforma y revolución no debería ser el remanido de “mera reforma” vs. “verdadera revolución”. En su lugar la pregunta debiera dar cuenta de cuánto y cuán profundo es el cambio. De hecho, yo creo que el término es usado muchas veces como un cartel, una marca de nuestro radicalismo, y una forma poco precisa de distinguirnos del liberalismo. De este modo, ocultamos el problema acerca del cual debemos preguntarnos: ¿qué es lo que necesita cambiarse y cómo necesita ser cambiado? Cuando nos preguntamos esta cuestión más concreta (sí, un filósofo diría, que una cierta jerga está ocultando nuestra posibilidad de ver lo concreto), entonces estamos en el camino correcto. La cuestión acerca de si revolución o sólo reforma desaparece.

¿Qué es la OMC para el anarquismo postestructuralista? La OMC aparece como uno de esos organismos en que el poder se aglomera, en el que una variedad de prácticas coinciden a crear un orden de poder opresivo. Pienso que erramos en la caracterización de muchos de sus sostenedores si la describimos en términos de una teoría conspirativa. Mi sospecha es que muchos de ellos creen sinceramente que están haciendo una buena cosa, aun cuando no lo hagan, ¿cómo explicar esto? Me parece que debemos mirar las prácticas en que se encuentran comprometidos y los efectos de estas prácticas en otros, y reconocer que hay toda una serie de efectos deletéreos que los sostenedores de la OMC han desistido de reconocer. Esto, me parece, sería una vision anarco postestructuralista de la OMC… Como un activista, me encuentro yo mismo de acuerdo con las manifestaciones recientes que reclaman la eliminación de la OMC y otras instituciones opresivas relacionadas, y por la abolición de los pagos de la deuda externa de los países del tercer mundo. Desde luego hay mucho más, pero la filosofía, que interacciona con la programática, no puede, me parece a mi, tener un rol en la elaboración programática.

Desde que es la acción la convocada, ud. ofrece sugerencias acerca de cómo el anarcopostestructuralismo puede ser puesto en práctica. Esto incluye: experimentación, situación de la libertad, valoración de los discursos de los sometidos, y el intelectual como un participante en la práctica teórica, antes que un líder político. ¿Puede decirme como ud. y otras personas activas políticamente pueden poner en práctica estas líneas-guía?

Es difícil practicar mucho cualquier política en Carolina del Sur. Tan sólo para puntualizar en la dirección correcta, cómo vivo yo este asunto, esto incluye mi actividad a favor de gays y lesbianas (yo fui consejero universitario para el grupo gay-lésbico por seis o siete años); mis clases (trato de rechazar la idea de una “naturaleza humana innata” en mis cursos, experimento con ideas contemporáneas, incluyo en mi bibliografía trabajos ignorados, a menudo con un giro político, frecuentemente sitúo los problemas estudiados en el contexto que he desarrollado en el libro), y en lo familiar (tratando de ver los efectos del poder sobre la vida de mis chicos y sus actitudes, y ofreciéndoles alternativas).

Si yo debo aproximarme a la cuestión desde el punto de vista de, digamos, alguien que vive en un área urbana de los EEUU, debiera entonces puntualizar la necesidad de comprender y participar en luchas contra el racismo, el sexismo, la OMC, etc., y en esta acción podrán verse las interacciones entre esas luchas y las opresiones que esas luchas se esfuerzan en abatir, sin tratar de reducir todo a una simple fórmula.

Muchos anarquistas sienten que es imperativa la creación de una cultura intelectual pública y en esto, crecientemente, la universidad no es un lugar que promueva la libertad intelectual, para no mencionar el pensamiento político ¿cuál es su experiencia?

Estoy de acuerdo en que la Universidad es un cuestionable recurso para la cultura intelectual. Creo que la realidad de una cultura intelectual es difícil de desarrollar hoy, frente a la hegemonía cultural del shopping en los EEUU la sola idea de espacio público se ve marginada. Algunos dicen que Internet es un nuevo lugar para la cultura pública, pero tengo mis dudas. Primero, la magnitud neta de Internet hace dificultosa la intimidad de una cultura intelectual, segundo, hay algo sobre compartir el mismo espacio y tiempo en conversación que es negado por Internet, algo sin lo cual el intercambio resulta también demasiado anónimo en carácter. No pienso que Internet sea inútil, pero su habilidad para substituir lo que hemos perdido es más limitado de lo que alguna gente piensa.

¿Puede ud. responder a los críticos que acusan a la teoría postestructuralista (al posmodernismo en general) como un ejemplo de lenguaje altamente especializado, abstracto y oscuro que está alienando a mucha gente y no alienta el conocimiento fuera de un departamento de graduados?

Culpable de la acusación. Pero no puede ser atribuido exclusivamente a los postestructuralistas y posmodernistas. Es un problema general que cruza las humanidades y a las academias. Nosotros hablamos a uno y a otro bastante más que con aquellos fuera de nuestro círculo inmediato. Hay un buen número de razones para esto: presiones para publicar, la historia de un anti-intelectualismo en los EEUU, etc., pero también nosotros contribuimos adoptando esta jerga. He tratado de desprenderme de esta jerga tanto como he podido, y espero que mi libro anarquista, aunque difícil, este finalmente despojado de jergas. Pero lo que tú estás puntualizando es un problema para todos los académicos, y sólo sirve para marginarnos aún más.

Dado que “el conocimiento como otros tópicos, es la materia de la lucha y de la dominación” y que las tendencias académicas oscilan entre publicar o perecer, por un lado, y los análisis de costos, ¿cómo escapa el posestructuralismo de ser justamente otra mercancía?

Mucho del discurso posestructuralista es, por supuesto, como otros discursos académicos, en ese sentido reproduce el discurso académico corriente de ideas sobre costo-beneficio en el modelo consumista que domina habitualmente la academia. Pienso que los cambios vendrán no sólo a través de las ideas por sí mismas, especialmente en las academias, que las producen a chorros. La verdadera pregunta es, me parece, ¿la gente está viviendo de acuerdo a estas ideas o acaso sólo las toma como ideas alejadas de su cotidianeidad?

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Perspectives on Anarchist Theory – Vol. 4, No. 2 – Fall 2000

Texto extraido de http://caosmosis.acracia.net

La No violencia es patriarcal.

22 Diciembre 2009

logomundosinguerras

…”Si las mujeres se organizan colectivamente para atacar  enérgicamente y oponerse a los violadores, violaciones concretas serán impedidas. El trauma de violaciones pasadas será exorcizado de una forma constructiva y empoderadora, los hombres descartaran la opción de violar con impunidad y futuras violaciones serán desmotivadas.

Negros y latinos de las ciudades que llevan a cabo ataques de guerrilla contra la policía no motivan un ciclo de violencia. La policía no mata gente de color porque estén traumatizados por pasadas situaciones de violencia; lo hacen porque el sistema de supremacía blanco lo requiere y porque les pagan por ello. La actividad revolucionaria por supuesto, tendrá como resultado un incremento del estado de represión, pero éste es un obstáculo para la destrucción del Estado, que es el mayor agente proveedor de violencia.

 Después de la destrucción del Estado, del capitalismo y de las estructuras la gente aún estará traumatizada, aún tendrá puntos de vista autoritarios y patriarcales, pero los problemas individuales que no son reforzados estructuralmente podrán ser abordados de formas cooperativas no violentas”.

Texto interesante hacerca de lo que implica la postura No violenta en la actualidad.

Un buen aporte teorico para entender la lucha por la paz desde una perspectiva revolucionaria.

Para leer o descargar el texto completo: http://www.nodo50.org/albesos/uploads/textos/lanoviolenciaespatriarcal.pdf

Salud.

11-a 

Extraido de Hommodolars

Introduccion

x un chuchesumadre de hommodolars

Asumimos que nos enfrentamos a un inmenso desafío al intentar, desde “dentro del capitalismo”, exponer sus contradicciones una vez que ya no existen márgenes o “afueras” que lo permitan. La tarea de aquellos que apuestan a la abolición de clases se torna mas difícil: como volver a las categorías que reflejan relaciones sociales básicas del capitalismo y permiten comprender nuestra propia practica; desarolladas y enriquecidas desde el propio movimiento del capital con el objetivo de confrontarlas a la verdadera “industria de cada aspecto/detalle de la vida” que amolda el terreno donde experimentamos nuestra vida cotidianamente.

Por eso a continuación extraemos unos fragmentos con definiciones que no pretenden ser dogmas ni pensamiento cristalizado, sino categorias que aluden a elementos presentes en nuestra realidad pero ocultados a modo de volver imposible comprender (y por tanto actuar) la esclavitud asalariada. No hablamos de “inventos” ni “novedades académicas”, tampoco de teorias alejadas de cualquier practica sino mas bien, teorizaciones criticas en torno a elementos fundamentales existentes en la totalidad que llamamos capitalismo. Su exposicion tiene como objetivo una vinculacion directa con la experiencia, a modo que lo que a continuacion presentamos no sea un puro “leer para repetir”, sino una incorporacion practica en la conciencia cotidiana, incitadora a la revuelta aqui y alla.

Solo dejar en claro que esto no pretende ser un manual, sino una provocación a un reconocimiento de lo que hacemos con lo que se ha teorizado, a modo de obtener un panorama amplio y rico para comprender mas lucidamente cómo nos explotan y dominan; para en contrapartida continuar ensayando metodos antagonicos a lo existente, sin dejar tiempo para un “momento adecuado”, sino que este es el momento, y lo que hagamos es una leccion que requerimos hoy para una sociedad que merece ser destruida antes que esta termine con nosotros

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sacado de comunismo difuso y otros

“Los conceptos mas importantes y verdaderos de la época son condicionados precisamente organizando alrededor de ellos la mayor confusión y los peores contrasentidos. Los conceptos vitales conocen a la vez los usos mas verdaderos y los mas mentirosos” (Internacional situacionista, 1966)

 

 

ComunismoUna de las palabras mas ensuciadas por la historia a partir de la degeneración de la revolución rusa de 1917, al punto que se habla de “Estado Comunista” para referirse, por ejemplo, al sistema de explotación capitalista que se aplica en China (nosotros preferimos hablar de “estalinismo”, para referirnos a esa forma de dominación capitalista

Comunismo viene de comuna, y designa una comunidad humana no alienada ni por el trabajo ni por el Estado. La mayor parte de su historia la humanidad vivió en el llamado “comunismo primitivo”, hasta el surgimiento de clases y poderes separados de la comunidad.

En algún momento Marx dijo que el comunismo no es un estado ideal a alcanzar algún día, sino “el movimiento real que suprime/subvierte las condiciones existentes”. En este sentido “existe desde ahora, no como sociedad ya establecida, sino como esfuerzo, como tarea para prepararla. Es el movimiento que tiende a abolir las condiciones de existencia determinadas por el trabajo asalariado, y las deja abolidas efectivamente por la revolución” (Dauvé). De ahí que hablemos de un “comunismo difuso” que nunca ha dejado de existir.

Por eso, han sido “comunistas” todos los movimientos que, desde el surgimiento de las clases y el Estado, apuntan a su destrucción, aunque a veces se expresen en forma inconciente o con un lenguaje mesiánico, religioso o utópico. Pues tal como señala la corriente insurrecionalista, “una ruptura en la reproducción continua de este sistema de explotación y opresión ha sido siempre posible” (Killing King Abacus)

En tanto movimiento unitario y antiestatal, el comunismo es por definición, anárquico. Pese a que para muchos marxistas lo denunciable en el capitalismo es la “anarquía de la producción”, para nosotros la Anarquía consiste en el combate permanente contra el Estado y todo poder separado. Y al igual que el comunismo “es una cuestión de ser”

Invariante, 1969

Tal vez la mejor definición reciente de comunismo es esta:“Cualquier definición económica del comunismo sigue estando dentro de la esfera de la economía, esto es, la separación de los momentos de la producción del resto de la vida. El comunismo no es una sociedad que alimentaría adecuadamente al hambriento, cuidaría al enfermo, alojaría al que no tiene casa, etc. No puede basarse en la satisfacción de las necesidades tal como existen hoy o incluso como podríamos imaginarlas en el futuro. El comunismo no produce suficiente para cada cual y lo distribuye equitativamente entre nosotros. Es un mundo en el que la gente entra en relaciones y actos que (entre otras cosas) dan como resultado que sean capaces de alimentarse, cuidarse, alojarse…ellos mismos. El comunismo no es una organización social. Es una actividad. Es una comunidad humana”

Declive y Resurgimiento de la Perspectiva Comunista. Introducción a la edición de 2002.

También Ver:

Comunismo: elementos para la reflexión

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Comunizacion:

“El termino inmediatamente evoca varios experimentos sociales e intentonas revolucionarias desde la Comuna de Paris y las comunidades socialistas utópicas en el siglo 19 a varios intentos contra-culturales de reconstituir las relaciones sociales en un nivel mas comunitario tales como la escena okupa en los 70 y 80´s. La tendencia Tiquun-conocida como “El Comité Invisible” luego del libroLa Insurrección que viene, disponible íntegramente en el sitio Caosmosis- se basa en esta larga historia del antagonismo secesionista. Ellos ven la comunizacion como siendo esencialmente la producción, a través de la formación de “comunas”, de formas colectivas de subjetividad radical. Esto desestabiliza la producción de subjetividad y valor tanto dentro del capital como de formas más tradicionales de organización política, conduciendo eventualmente a una ruptura insurreccional. La “Comunne” en esta versión no es necesariamente una manga de jipis aspirando a una vida libre de contaminantes.

En “La insurrección que viene”, una comuna es todo aquello que “busca destruir toda dependencia económica y toda dominación política”, desde las huelgas salvajes a Radio Alice en Bologna en 1977. Sin perder completamente el punto, existe en esta postura un riesgo a oscurecer la especificidad de “comunizacion” en tanto concepto y forma de praxis que, como ha señalado Enanotes, emergió dentro del medio ultra izquierdista post68 y más tarde en el anarquismo insurrecionalista a través de Alfredo Bonnano. Una definición mínima de comunizacion podría ser, como la formularon Dauvé y Francois Martin en 1972, la siguiente:

“el comunismo no es un conjunto de medidas para poner en practica después de la toma del poder….Todos los movimientos pasados fueron capaces de llevar la sociedad a una pausa y esperar que algo surja de esta parálisis universal. La comunizacion, por el contrario, circulara bienes prescindiendo del dinero, abrirá las puertas que aíslan a las fabricas de su entorno, cerrara las fabricas en las que el proceso de trabajo sea demasiado alienante como para poder mejorarse, eliminara la escuela entendida como centro especializado para adolescentes en el que se disocia la teoría de la praxis, derribara los muros que obligan a las personas a vivir encerradas con la familia en celdas de tres habitaciones; en resumen, tendera a eliminar todas las separaciones…”

De un texto de Jhon Cunningham sobre “Introducción a la comunizacion contemporánea”, tomado de www.linbcom.org traducido y levemente modificado.

Nota: Agregamos también una definición de “Comunización: una ’llamada’ y una ’invitación’

Publicado en Troploin, septiembre 2004” Sacado de Comunizacion

“Hablar de comunización es afirmar que la futura revolución no tendrá ningún sentido emancipador ni posibilidad de éxito a menos que despliegue desde sus comienzos una transformación comunista en todos los planos, desde la producción de alimentos hasta el modo de comerlos, pasando por la forma en que nos desplazamos, dónde vivimos, cómo aprendemos, viajamos, leemos, el modo en que nos entregamos al ocio, amamos y odiamos, discutimos y decidimos nuestro futuro, etc. Este proceso no sustituye, sino que acompaña y refuerza la destrucción (necesariamente violenta) del Estado y de las instituciones políticas que sostienen la mercancía y la explotación salarial. Esta transformación, que se dará a escala planetaria, se extenderá sin duda a lo largo de generaciones, pero no dependerá de que se hayan creado previamente las bases de una sociedad futura, destinada a realizarse únicamente después de una fase más o menos larga de “transición”. Esta transformación no sería una mera consecuencia de la conquista (o la demolición) del poder político, que posteriormente daría paso a un trastorno social. Ella sería lo contrario de lo que resume la fórmula de Víctor Serge (entonces bolchevique), que escribió en 1921: “Toda revolución es un sacrificio del presente en nombre del futuro” [2]. Para decirlo positivamente: no se trata solamente de hacer, sino de ser la revolución.

[1] R.Simon, BP 17, 84300 les Vignères. [http://theoriecommuniste.communisat...]

[2] Les anarchistes et l’expérience de la Révolution russe, 1921, reproducido en Mémoires d’un révolutionnaire Laffont, coll. Libros.

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Proletariado

Expresión que proviene del antiguo Imperio Romano, una sociedad de clases donde se denomina “proletarios” a quienes no tenían propiedades pero aportaban con su descendencia (“prole”) como carne de cañón para los ejércitos. El más notorio héroe proletario de esa época fue Espartaco.

En la era del capitalismo moderno (que surge mas o menos a fines del siglo XVI pero recién en el siglo XIX se impone definitiva y globalmente), proletarios son quienes están obligados a vender su fuerza de trabajo para no morir (pues tal como expresaban Los Jorobados en su canción “Estado de tensión”: ¡de algo hay que vivir!, y como decían los camaradas situacionistas, la alternativa para la mayoría de la humanidad hoy es morir de hambre, o de aburrimiento)

Dado que el proletariado vive en función del trabajo, incluso su “tiempo libre” es parte de la esclavitud moderna, pues solo lo puede usar para reponer fuerzas y seguir trabajando. Tanto los que quedan fuera del mercado de trabajo (cesantes y presos) como los estudiantes de básica y media y las llamadas “duelas de cada” forman también sectores específicos del proletariado en la fabrica social que se extiende por toda la superficie terrestre.

Por mucho tiempo ha dominado la idea de que el proletariado se define en sentido positivo: persona que produce plusvalía (absoluta o relativa) para un capitalista. Pero cuando el proletariado se revoluciona se define mas bien por su negatividad: la clase que puede rechazar la dominación capitalista en bloque, y que al destruir la ultima sociedad de clases de la historia se destruye también a si mismo. Una vez más, Dauvé lo ha dicho antes y mejor: si se identifica proletariado y obrero, trabajador, entonces no se ve lo que hay de subversivo en la condición de proletariado. El proletariado es la negación de esta sociedad.

Nota: Agregamos en este punto una crítica a la idea de confundir proletariado con obrero. Sacado de cuadernos de negación Nº que su vez es sacado de www.ing-soc.blogspot.com

“El obrerismo es una forma de ideología capitalista, endémica entre los autodefinidos revolucionarios. Es una ideología que fomenta la aceptación de la relación labor-sueldo entre individuos que se han dado cuenta de la explotación que ésta conlleva. Es, por lo tanto, una de las más elevadas formas de alienación. La veneración por el obrero se encuentra en varias ideologías estatistas, como el estalinismo y el nazismo. Los trabajadores son honrados por su rol de constructores de la nación, el estado y el capital. El obrerismo venera el trabajo manual, el “trabajo con martillos”. Su visión del proletariado es el “hombre musculoso”. Mediante el rechazo del trabajo comercial y de oficinas, rechaza a una gran parte de trabajadoras asalariadas, revelándose a si mismo también como sexista. El obrerismo ha estado presente en el movimiento obrero desde el principio. Las primeras sociedades obreras, de inspiración cristiana, veneraban la honradez y el trabajo. Este moralismo linda con el obrerismo, el bastión remanente de la ideología cristiana en el movimiento obrero.

[...] El obrerismo lidia con el fracaso histórico de su teoría no mediante la corrección de su teoría sino mediante la falsificación histórica, en cada caso el rol jugado por los no-obreros es denegado o minimizado. La teoría revolucionaria en cambio analiza los eventos reales para luego entender los momentos de debilidad en el capitalismo. Los obreros productivos, según los obreristas, mantienen una posición crucial debido a que puede, dejando de trabajar, destruir al capitalismo. En realidad la importancia de éstos está sobrevaluada, debido a que la producción es solo una parte del ciclo acumulativo del valor. Los trabajadores de las ramas de la comunicación y distribución son también una fuerza poderosa. Una huelga de trabajadores bancarios puede tener un mayor efecto para el capital que una de obreros automotrices. A su vez, una ola de disturbios urbanos puede tener más efecto que ambas juntas. La búsqueda de facciones cruciales dentro del proletariado, cuya lucha se vea privilegiada, revela la perspectiva jerárquica que mantiene el obrerista. Surge de la visión de que el comunismo es un programa ya encuadrado que sólo necesita de tropas para ser llevado a cabo. Esto refleja la resaca del antiguo socialismo de la 2da y 3ra internacional en sus facetas socialdemócratas, leninistas o sindicalistas. Esta teoría ve a la lucha de clases como una guerra (burguesa) con soldados y generales. El revolucionario profesional determina el programa y los obreros lo ponen en práctica. El obrerismo y el intelectualismo son opuestos pero no se contraponen, se complementan el uno al otro, el pensamiento y la acción están separados, los trabajadores deben poner las ideas de los teóricos en práctica. Los obreristas a menudo tienen su propia crítica de los intelectuales y no para el mismo obrerista. El sujeto revolucionario no son los trabajadores productivos, ni siquiera los obreros: es el proletariado, aquellos sin poder social o capital económico, que no tienen nada excepto sus cadenas para perder. Además, los estratos no-proletarios pueden jugar un rol totalmente activo en un contexto revolucionario si el proletariado mismo está en actividad. La meta del movimiento comunista, entonces, no es la de lograr el Estado de los trabajadores: es la abolición de todas las clases sociales para lograr la comunidad humana, creada mediante la lucha anticapitalista.”

Además para ver:

¿Proletario yo? Contribución a la definición del proletariado

No somos ciudadan@s, somos proletari@s

Critica al obrerismo como ideología que requiere ser expulsada del proletariado

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Sabotaje:

Practica ofensiva directa contra la dictadura del capital en todas las áreas de nuestra vida, surgida desde la subjetividad individual o la conciliación espontánea de subjetividades que se rebelan como “tercera fuerza” (Vaneigem), en un lugar y momento, contra la mercantilización de la vida humana y la naturaleza y las falsas contestaciones de la política burocrática de partidos, sindicatos y su “democracia”. El nombre proviene de unos zapatos de madera llamados “Sabots”, que en Francia fueron usados por obreros para destruir maquinaria.

A diferencia del “terrorismo” (profesionalización del sabotaje con una carga militarista, jerárquica y centralizada), lo que referimos incluye todas las manifestaciones cotidianas (abuso de telefonía, impresoras, fotocopiadoras, consumo y expropiación de productos, robo hormiga, estropeo de maquinas de producción y sistemas de control, etc.) y no solo los ataques mas explícitos (quemas, saqueos y apedreos contra objetivos claros, destrucción de mobiliario urbano publico y privado, desperfectos en cerraduras de carnicerías y lugares de explotación, desvíos de publicidad, etc.) sino que todas las formas activas o pasivas, conscientes o inconcientes de RECHAZO. Una de las características más importantes del sabotaje disperso es la invisibilidad, flexibilidad y el riesgo mínimo, ya que la regeneración de los grupos es constante y muy difícil de identificar por la policía, debido a la inexistencia de un cabecilla y una organización en sentido típico.

El sabotaje no asegura la caída del sistema en su totalidad, pero permite la liberación de energía negativa de nuestro cuerpo/siquis, así como una ampliación de las posibilidades de contestación de manera directa e incluso lúdica.

Otras practicas históricas de sabotaje las encontramos en los Ludditas, las “rondas proletarias” del siglo XIX y acciones de los campesinos rusos contra la industrialización forzosa estalinista en el siglo pasado, pero basta mirar un poco por todas partes para encontrar muchas formas actuales no siempre tan evidentes.

Tambien para ver:

Algunas cuestiones sobre el concepto de espectáculo y su utilidad para una crítica practica efectiva al capital

 

*Gentileza: Comunismo Crítico para la inteligencia 

El articulo anterior El Legado de Darwin y el Darwinismo asi como este texto, del cual extraemos la parte 1 del clásico texto del comunista consejista Anton Pannekoek, sobre Marx y Darwin (Marx envió un ejemplar de El Capital a Darwin, autografiado cariñosamente), el marxismo y el darwinismo; son exposiciones de la deformacion ideologica de las teorias y un llamado de atencion (si es que puede decirse asi) para no caer en los “ismos” neutralizadores de las teorias vueltas ideologias. Asi como el “darwinismo” ha sido una cobertura ideológica muy apreciada por el Capital para justificar las diferencias que él mismo ha creado por la fuerza. Algo no demasiado diferente ocurrió con el “marxismo” oficial: de teoría revolucionaria para la autoemancipación proletaria, pasó a ser la ideología favorita de la izquierda del capital. ¿Por qué? No lo sé, o no viene al caso justo ahora, pero mejor leamos al camarada Pannekoek.

Nota :

Darwinismo y Marxismo

darwin

sacado de Violencia y Control Social

La ciencia hoy apenas nos permite ser conscientes de la incomensurabilidad de nuestra ignorancia, estamos en los albores del conocimiento acerca de nuestra naturaleza física y biológica por lo tanto cada vez que aventuramos explicaciones sobre la relación de nuestra sociedad y nuestra naturaleza estamos torciendo la escasa evidencia que disponemos.

De forma estridente, Sebastián Piñera, mediante su canal de TV Chilevisión, ha emprendido una campaña darwinista. Sobre la excusa de los 150 de la publicación del “Origen de las especies” se releva el pensamiento científico del gran biólogo británico pero utilizándolo de mascarada para promover la aceptación del sistema tal cual es, adjudicando la desigualdad de la civilización y en especial del capitalismo, a una cuestión científica que debemos aceptar como natural.

Hace más de cincuenta años el politólogo Erns Cassirer distinguía con claridad el pensamiento de Charles Darwin y el nefasto darwinismo social. A esto último por lo general se le denomina “evolucionismo”; de la crítica a esa lectura interesada, superficial y mecánica de la selección natural, que ve en la competencia descarnada el origen de la vida, se ha nutrido el nuevo romanticismo posmoderno, aquel que considera a la ciencia como un enemigo.

Abrir la caja de Pandora de Darwin, por lo tanto, exige una serie de explicaciones previas que las exposiciones itinerantes destinadas a la clase ejecutiva, ávida de conocer aquello que se supone que ya todo el mundo sabe, o la serie “La Travesía de Darwin”, se niegan a desarrollar. Humberto Maturana en el primer capítulo de dicha serie lo deslizó, no se puede hacer una lectura lineal de Darwín, es decir, no se puede en la era de la complejidad retroceder al vulgar pensamiento social de mediados del siglo XIX que desembocó en las nefastas teorías rascistas y europeocentristas de Spengler o Gobineau.

Esa cruzada darwinista más que ser un aporte a la “cultura” es una campaña destinada a la desinformación y a la aceptación de juicios pseudocientíficos vestidos de ciencia pura y dura. La selección natural es una interacción inconsciente, bastante lejana de la consciente organización que hemos forjado los humanos.

Conocer a Darwin poco sirve si sus juicios no son actualizados. Las complejas naturalezas humanas han sido irreductibles a la teorización más sofisticada y por lo tanto es insultante que algunos pretendan envenenar la mente de un pueblo carente de una educación de calidad promocionado una interpretación interesada, que además se encuentra distante en más de un siglo y medio del desarrollo de la ciencia.

La pléyade de economistas, de vulgares bufones del pseudoconocimiento fast food empresarial, transforma las complejas interpretaciones del biólogo forjadas durante su viaje en el Beagle, en ingeniería de aplicación inmediata para la venta de productos o la inversión de activos. El enigma de la selección sexual, por ejemplo, vislumbrado por el abuelo de Darwin, Erasmus, sólo fue mencionado por éste pero jamás fue desarrollado científicamente sino hasta hace cuatro décadas atrás. La elección racional no es una derivación de la selección sexual sino que precisamente el talón de Aquiles para la piedra basal de la economía académica capitalista. El egoísmo, por otro lado, ha pasado de ser un supuesto metafísico para convertirse en uno científico desde hace tres décadas, pero en ningún caso eso implica que las lecturas conformistas acerca de nuestra organización política y social tengan un asidero biológico y que nos sea imposible superarlo. El pensamiento de Darwin más que conducir a la aceptación de un mundo estático es la afirmación de que el cambio es la única constante conocida; de la compresión y el dominio de las fuerzas que producen dicho cambio depende en gran medida el proyecto de emancipación de la humanidad pues ello implica una superación, es decir, la transformación consciente de la humanidad .

El hombre comenzó su proceso de emancipación de la naturaleza biológica hace a lo menos siete millones de años; desde hace doscientos mil que su material genético no experimenta ninguna mutación por lo que exhibir a la sociedad actual consolidada recién hace doscientos años como el modo “natural” de organización es un descomunal atentado en contra de la ciencia que se pretende acercar al neófito. La primera civilización surge hace diez mil años, y el capitalismo comienza a construirse hace quinientos; durante siete millones de años no fue natural ni la civilización ni el capitalismo y el poco tiempo que lo hemos experimentado ha sido incapaz de producir en nosotros mutaciones genéticas de modo de adaptarnos biológicamente al sistema artificial que hemos creado y éste sea “natural”.

Muchas veces los críticos de las religiones son meros teólogos que pretenden la instalación de otras nuevas. Cuando en Chilevisión se promovía el seminario sobre Darwin se decía que hasta hoy mucha gente cree que el origen del hombre está en una manzana, me pregunto, ¿quienes son esos idiotas que aún defienden tan posición? Hasta el vaticano ha aceptado que la selección natural es compatible con el origen divino del hombre de acuerdo a su teología. El creacionismo vulgar defendido por fundamentalistas religiosos en los EEUU no posee un correlato en nuestro país por lo que tal mención publicitaria sólo habla de quienes están detrás de esta campaña de marketing pseudocientífico y a quienes apunta esa campaña: A personas con alto poder adquisitivo pero con un básico nivel de instrucción.

Cassirer explicaba que la génesis del nazismo y fascismo debían buscarse en el nacionalismo hegeliano y en el evolucionismo que traicionaba el pensamiento de Darwin, que en gran parte se nutrió de él. De ese modo era posible deducir que la mejora genética era producto de la competencia a muerte entre los individuos o entre colectividades y que no existía otra moral que la que imponía la naturaleza. Ese modo de razonar es errado pero es sumamente persuasivo para quienes no disponen de un andamiaje conceptual que les permita comprender los ruines intereses que están detrás de la promoción de dichos discursos.

En A Darwin Nightmare se critica esa moral “sálvese quién pueda” que nos pretenden vender como científica. La voluntad y la consciencia le permiten al ser humano darse la organización que se quiera, y si bien en ciertos contextos el egoísmo es más eficiente debe buscarse el modo que el altruismo también lo sea, es decir, no somos renacuajos obligados a prosperar en un charco o perecer sino que dioses que podemos recrear la humanidad para que esta se corresponda con nuestros sueños.

Notas:

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Cassirer, El mito del Estado, México, FCE, 1948. *

Sobre la selección sexual y el contexto de los juicios de Darwin, por ejemplo su desconocimiento de las investigaciones de Mendel en genética, ver, National Geographic edición chilena, espacial conmemorativo de Darwin Febrero de 2009. *

Sobre la investigación científica en selección sexual y el “gen egoísta” ver Birkhead, Tim. Promiscuidad : una historia evolucionista de la competencia entre espermatozoides Pamplona : Laetoli, Oceano, 2007.